Trabajos y Comunicaciones, 2da. Época, Nº64, e258, julio-diciembre 2026. ISSN 2346-8971Obituario
Obituario Silvia Mallo (1942-2026)
El 7 de marzo pasado, a través de un correo electrónico del Dr. Fernando Devoto, presidente de la Academia Nacional de la Historia, muchos de nosotros nos enteramos de la muerte de la querida Silvia Mallo. Me parece que lejos de cumplir con una formalidad al comunicar la noticia, dado que la profesora Mallo era académica de número de esa institución y correspondía, de algun modo, dar aviso de su deceso, el sentido mensaje del Dr. Devoto abrió el camino a lo que sucedió inmediatamente. Con una gran tristeza como transfondo, numerosos fueron los mensajes de colegas argentinos y extranjeros que se sucedieron. En todos ellos se rendía sincero y espontáneo homenaje a esta querida colega.
Enseguida pensé que este afecto hacia quien nos dejaba, no era improvisado. Investigadores, profesores, discipulos, alumnos, impactados por la noticia, desplegaban un abanico de cualidades profesionales y humanas encarnadas en la persona de Silvia. Cada quien destacaba algún aspecto significativo y de impacto en sus vidas: sobre su labor, su rigurosidad profesional, su rol docente, su cercanía como persona, su legado.
Una palabra, quizás, resume y justifica tan emotiva despedida: trayectoria. Silvia Mallo fue una profesora cuyo recorrido profesional se construyó sobre la base de un trabajo sólido. Investigadora independiente del Conicet, también fue profesora titular de Historia Americana Colonial en la Universidad Nacional de La Plata hasta su jubilación. A su incorporación a la Academia Nacional de la Historia, como académica correspondiente primero, y de número posteriormente, respondió manteniéndose activa en ese espacio hasta poco antes de su partida. Todo ello ocurrió a lo largo de las décadas en las cuales se dedicó a formar sucesivas camadas de historiadores, sea para la enseñanza de esta disciplina como para actuar en diversos proyectos de investigación, varios de los cuales propició y sostuvo.
Otra cualidad de Silvia, presente en los mensajes de referencia, fue la de destacar su capacidad de trabajar con otros, de iniciar y consolidar redes nacionales e internacionales en las que los temas que a ella más le interesaron, vinculados a la historia social del periodo tardocolonial rioplatense, se ponían en diálogo y se abrían al trabajo conjunto con investigadores de las más variadas procedencias. Esto es particularmente destacable en sus tempranos vínculos con universidades de todo el país. En una época en que el acceso a la producción historiográfica internacional era más dificil a medida que nos alejabamos de las instituciones académicas capitalinas, su generosidad a la hora de compartir los más recientes artículos y libros que llegaban a sus manos, fue siempre muy apreciada.
Entre tantas de esas redes, proyectos y eventos académicos que Silvia ayudó a iniciar y promover, pienso que las Jornadas de Historia Social ocupan un lugar destacado. Nacidas a partir de un proyecto cuya dirección compartió con su querida colega y amiga Beatríz Moreyra del Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos S. A. Segreti” de Córdoba, estas jornadas representaron una renovación temática y generacional en la disciplina histórica. Desde su primera edición en 2007, estos eventos en La Falda congregaron a investigadores, doctorandos, docentes y alumnos de todo el país, despertando el interés y manteniendo viva una tradición historiográfica en el campo de la historia social, que por entonces parecía estar menguando. La continuidad de este espacio y el genuino interés de la comunidad académica por participar en las sucesivas diez ediciones ocurridas hasta ahora, forman parte del legado que Silvia nos ha dejado.
Toda la vida profesional de Silvia está íntimamente ligada a la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Allí dio sus primeros pasos como historiadora, de la mano del Dr. Enrique Barba. Fue por muchos años profesora adjunta de Historia Americana Colonial junto al titular de esa cátedra, Carlos Mayo. Posteriormente, ocupó su lugar. Ella transcurrió la mayoría de esos años en el antiguo edificio de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, contiguo al rectorado de la UNLP y a una cuadra del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, en pleno centro de la capital bonaerense. La referencia no es menor pues era una “marca registrada” de sus clases, iniciarlas en las aulas de la Facultad y, al poco tiempo, continuarlas en el Archivo, en particular, en la colección de expedientes judiciales de la Real Audiencia y Cámara de Apelaciones. Varias generaciones de historiadores formados en los claustros platenses descubrimos, bajo su guía, la riqueza y centralidad del archivo en nuestro trabajo profesional, aprendiendo a ponerle rostro, vida, gestos, conductas, pasiones, a un sinnumero de “olvidados”, marginales, exlcuídos y excluídas de tantas historias.
En 2012 me sentí muy honrado y conmovido por los colegas que me invitaron a formar parte de un volumen colectivo que se organizó con motivo de su jubilación. Con gran sensibilidad y poder de síntesis, los compiladores acertaron en el título de este libro: Raíces y Alas (https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/libros/pm.372/pm.372.pdf). Silvia nos dio ambas cosas a lo largo de los años. Fue una gran alegría para mi ser parte de ese agradecimiento a su trayectoria. Así comprobé realmente la pertinencia del dicho tantas veces escuchado y no siempre logrado: esto de que los homenajes se hacen en vida. Ella lo tuvo. Y muy merecido que lo fue. Hasta siempre, Silvia.