Trabajos y Comunicaciones, 2da. Época, Nº64, e253, julio-diciembre 2026. ISSN 2346-8971Artículos
La Plata ilustrada. Imágenes sobre la ciudad en La Ilustración Argentina (1881-1888) y El Sudamericano (1888-1892)
Resumen: El artículo indaga los modos en que la ciudad de La Plata fue representada durante su década fundacional en dos de los periódicos ilustrados porteños más reconocidos: La Ilustración Argentina (1881-1888) y El Sud Americano (1888-1892). El objetivo es el de relevar las imágenes en las que aparece la novel capital provincial en la prensa gráfica porteña. Mediante la lectura intensiva del conjunto de los ejemplares, clasificamos las imágenes según sus respectivos contenidos, aunque sin dejar de prestar atención a los contextos de publicación, producción, edición y lectura, así como a los modos de la ilustración. La investigación encontró un total de 22 imágenes que aluden principalmente al desarrollo material platense: palacios públicos, planta urbana, edilicia doméstica y puerto. En torno a esas construcciones fue que los periódicos compusieron un “viaje” para los letrados porteños, quienes a través de sus páginas pudieron conocer los avances físicos de la nueva ciudad. Así, La Plata fue posicionada como referencia cultural de Argentina y Sudamérica por la significación tópica que adoptaba su perfil urbano: el de una prototípica ciudad moderna que anunciaba la forma que tendrían las ciudades en el futuro.
Palabras clave: Periódicos Ilustrados, Letrados Porteños, Ciudad de La Plata, Ciudad Moderna, Siglo XIX.
Illustrated La Plata. Images of the city in La Ilustración Argentina (1881-1888) and El Sud Americano (1888-1892)
Abstract: This article examines how the city of La Plata was portrayed during its formative decade in two of Buenos Aires’ most renowned illustrated newspapers: La Ilustración Argentina (1881-1888) and El Sud Americano (1888-1892). The aim is to compile images of the new provincial capital as they appear in the graphic Buenos Aires press. Through a close reading of the entire collection of issues, we classified the images according to their respective contents, while also paying attention to the contexts of publication, production, editing, and readership, as well as the styles of illustration. The research identified a total of 22 images alluding mainly to La Plata’s physical development: public buildings, urban layout, residential architecture and the port. It was around these structures that the newspapers crafted a “journey” for the readers of Buenos Aires, who, through their pages, could learn about the physical progress of the new city. Thereby, La Plata was positioned as a cultural reference point for Argentina and South America due to the topical significance of its urban profile: that of a prototypical modern city announcing the form that cities would take in the future.
Keywords: Illustrated Newspapers, Buenos Aires Readers, City of La Plata, Modern City, XIX Century.
La Plata ilustrada. Imagens da cidade em La Ilustración Argentina (1881-1888) e El Sudamericano (1888-1892)
Resumo: Este artigo examina como a cidade de La Plata foi representada durante sua década de fundação em dois dos mais renomados jornais ilustrados de Buenos Aires: La Ilustración Argentina (1881-1888) e El Sud Americano (1888-1892). O objetivo é identificar as imagens da nascente capital provincial que apareceram na imprensa ilustrada portenha. Por meio de uma análise detalhada das edições levantadas, classificamos as imagens de acordo com seu conteúdo, levando em consideração também os contextos de publicação, produção, edição e público-alvo, bem como os estilos de ilustração empregados. O estudo identificou um total de 22 imagens centradas principalmente no desenvolvimento físico de La Plata: edifícios públicos, traçado urbano, arquitetura residencial e o porto. Focando nessas estruturas, os jornais construíram uma "jornada" para o público instruído de Buenos Aires, permitindo-lhe descobrir o progresso físico da nova cidade através das páginas das publicações. Assim, La Plata foi posicionada como um marco cultural para a Argentina e a América do Sul, definida pelo significado emblemático de seu perfil urbano: o de uma cidade moderna prototípica que antecipava a forma que as cidades futuras assumiriam.
Palavras-chave: Jornais Ilustrados, Advogados de Buenos Aires, Cidade de La Plata, Cidade Moderna, Século XIX.
Introducción
La ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, fue fundada en noviembre de 1882 como resultado de la proyección política del gobernador Dardo Rocha y de la proyección urbana de un cuerpo de técnicos contratados a tal fin. El caso constituye una excepción no solo en Argentina sino también en Latinoamérica y, si no una excepción, una rareza a nivel global. Para el momento de la fundación no había referencias de otras capitales provinciales creadas ex nihilo —como diez años después lo sería Belo Horizonte en Brasil— y muy pocas de rango nacional, como lo eran los casos de San Petersburgo y Washington, fundadas al principio y al final del siglo XVIII, respectivamente.
Pero, además de su condición planificada, a La Plata también la caracterizó su participación en el proceso de reformas urbanas que estaban atravesando las grandes ciudades occidentales (fueran o no capitales). Al menos en el Río de la Plata, Buenos Aires había vivido ya una etapa de transformaciones durante la década de 1820, que incluyeron la regularización de su plano, la aplicación de medidas higienistas, la construcción de edificios públicos modernos y el acondicionamiento del puerto para intercambios ultramarinos. Solo que los avatares políticos de la época le dieron un final anticipado a la “feliz experiencia” rivadaviana y aquella utopía urbana de raíz liberal no terminó de consumar su programa en la vieja capital. Sesenta años después, La Plata sería un caso ideal para realizar aquel proyecto de manera integral dado que su carácter ex novo evitaría las disputas que otras ciudades preexistentes debían librar con los elementos que traían de su pasado (Aliata, 2006).
Teniendo esto en cuenta, el presente trabajo indaga en los modos en que esa ciudad levantada “de la nada” fue representada en dos exponentes de la prensa cultural porteña de fines del siglo XIX. Las ilustraciones representan una de las vías de entrada más atinadas para entender cómo aparece la ciudad en el conjunto visual porteño puesto que fueron, precisamente, la forma física y el aspecto material los aspectos que constituyeron la promesa del proyecto urbano. De hecho, sabemos que su principal soporte de propaganda fueron los álbumes fotográficos que Rocha encargó a Tomás Bradley para dejar registro de la ceremonia de fundación y del proceso de construcción de la ciudad, aunque su difusión estuvo destinada nada más que a la dirigencia política y actores diplomáticos y financieros del plano internacional (Vallejo, 2007; Pereira de Arruda, 2013).
El periódico ilustrado no fue un género muy difundido en la época, pero era consumido por el mismo público que leía la prensa diaria de carácter escrito. Su proporción era más reducida porque solo un selecto grupo podía afrontar su compra dado que eran emprendimientos muy costosos para la época. Pero, además, porque en un momento en que la palabra era considerada un medio superior que la imagen para el acceso a la información y la formación intelectual, dichos impresos se limitaban a cumplir una función de tipo complementario con la prensa regular, cuyo consumo lo explicaban razones de orden estético y cultural.
Los exponentes que seleccionamos para el análisis fueron, de aquellos emprendimientos, los que lograron sobrevivir durante una mayor cantidad de años en comparación con el promedio (y a excepción de El Mosquito, en el que primaba, además, contenido político). El éxito relativo de La Ilustración Argentina (1881-1888) y El Sud Americano (1888-1892) parece haber respondido a la calidad de sus ilustraciones: estas comprendían una serie muy amplia de temáticas; su despliegue visual era de gran número, alta gama técnica y muy variada puesta en página y su procedencia era tanto local como extranjera (Malosetti Costa, 2001; Szir, 2014, 2016). Dado que ambos periódicos comparten una misma estructura, época, lugar de publicación y forma de mirar, no organizamos el análisis de acuerdo a la fuente de origen sino como resultado de la lecturaintensivadel conjunto de los ejemplares. Las imágenes fueron clasificadas según sus respectivos contenidos, aunque sin dejar de prestar atención a los contextos de publicación, producción, edición y lectura (Louis, 2014) y a los modos de la ilustración (Barnhurst & Nerone, 2001).1
Bueno es aclarar antes de comenzar con el cuerpo de este trabajo que estuvo fuera de su alcance un análisis sobre la recepción efectiva que hacían los lectores de los contenidos que los periódicos ponían en circulación. No obstante, el corpus nos ha permitido averiguar algo más de lo que hasta entonces sabíamos respecto de la imagen que los porteños tenían respecto de La Plata. Los estudios de historia urbana indican que la burocracia técnica de la capital federal consideraba que las formas más acabadas y perfectibles de la ciudad moderna en Argentina se estaban desenvolviendo en la nueva capital provincial (Gorelik, 1998; Silvestri, 2004; Shmidt, 2012). En las páginas que siguen veremos sobre todo una contribución a la historia de la prensa gráfica decimonónica de la ciudad de Buenos Aires, pero, además, un indicador que señala que la modernidad platense fue también un tema que formó parte del panorama cultural más vasto que componía la opinión pública porteña.2
La Plata en imágenes
La primera aparición que se registra de una imagen alusiva a la ciudad de La Plata en alguno de nuestros periódicos está fechada el 20 de enero del año 1884 en La Ilustración Argentina (LIA), es decir, poco más de un año después de colocada la piedra fundacional en noviembre de 1882 y su motivo es una vista del acto de inauguración de la capilla de San Ponciano, la primera que tuvo la ciudad. La última imagen se registra el día 20 de abril de 1890 en el periódico El Sud Americano (ESA), donde se observan una serie de pinturas que retratan otro acto de inauguración: el del puerto de La Plata.
Nuestro arco temporal recorre entonces un lapso de seis años. Allí encontramos un total de 22 imágenes dedicadas a la novel capital de la provincia, de las cuales 18 fueron publicadas en LIA en 1884, 1885 y 1888, y 4 en ESA, entre 1888 y 1890. De manera que La Plata fue un objeto priorizado por el primero antes que por el segundo y, en especial, durante los primeros dos años, es decir, 1884 y 1885, cuando se publicaron 7 y 8 imágenes sobre la ciudad, respectivamente. El tomo del día 10 de septiembre de 1885 es el que concentra la mayor cantidad de ilustraciones platenses, con un total de 6 dibujos referentes a la edilicia pública provincial. En el resto de los ejemplares de ambos periódicos encontramos que la mayoría (7 sobre un total de 12) dedica una sola ilustración a temáticas platenses, pudiendo en otros casos dedicarle 2 o 3 imágenes.
El lugar privilegiado que encontró La Plata en LIA puede responder a dos razones. Por un lado, al hecho de que el periódico presentaba una predilección por objetos y temáticas nacionales, puesto que, como puede notarse en su título, buscaba educar el gusto y apuntalar un discurso de matriz ilustrados con modulaciones locales. En cambio, como también lo muestra su nombre, ESA concentraba su programa en la difusión porteña de noticias culturales continentales (Szir, 2014, 2016). Pero, por otro lado, la concentración de ilustraciones en los años 1884-1885 también puede responder al contexto social de producción: fue entonces cuando la ciudad se convirtió en una nueva realidad, alcanzando un desarrollo material de ritmo frenético difícil de comparar incluso con el de la propia Buenos Aires y que encontraba en los edificios públicos monumentales sus expresiones más acabadas.
En efecto, estos predominan en nuestro corpus, protagonizando 17 de las 22 imágenes que contamos en total. En menor medida, encontramos dos vistas urbanas y tres acontecimientos de orden público, siendo dos de ellos de actualidad. La Plata no fue entonces ilustrada de formas excepcionales, sino mediante los tipos de objetos más frecuentados por nuestros periódicos. De hecho, si prestamos atención al contexto de publicación encontramos que las novedades platenses convivían con otras provenientes de ciudades como Buenos Aires, Montevideo o incluso europeas, donde obras y vistas portuarias, urbanas y edilicias eran retratadas de la misma manera e incluso mediante las mismas técnicas de impresión como la litografía, la xilografía y el heliograbado. No obstante, la marcada presencia edilicia para el caso de La Plata nos conduce a sugerir algo más: la configuración de una suerte “tourarquitectónico” basado en la zona céntrica de la ciudad, más concretamente en su “eje cívico” —un corredor conformado por 5 manzanas ubicadas entre las avenidas 51, 53, 7 y 12— donde la urbanización se jerarquizó gracias a la concentración de los edificios estatales (de Paula, 2004).
Palacios sin reyes: un “tour” por la arquitectura pública platense
La forma específica del “tour” podría proponerse como una variedad compositiva y narrativa dentro del campo de la no-ficción al que pertenecía la prensa ilustrada, que fue asociada históricamente con la literatura de viajes (Barnhurst & Nerone, 2001). Para el público porteño, La Plata era, en efecto, un destino nuevo e insospechado, cuya circulación ilustrada se colocaba en plena sintonía con el modernismo de los periódicos, que encontraron en lo edilicio su expresión más acabada.
La majestuosidad y monumentalidad de esos edificios también volvía usual el hecho de que políticos y técnicos los identificaran como “palacios”. Esta figura evocaba distintos contenidos, como los de ilusión de poder, belleza y solidez, heredados de la edilicia eclesiástica y monárquica de Antiguo Régimen. Si para las monarquías del siglo XVIII lo palaciego ya había atravesado cierta secularización respecto del período medieval vinculado a la Iglesia, en las repúblicas modernas abandonaría también la función de vivienda, es decir, la dimensión privada que exigía la residencia de las familias reales. Un “palacio sin reyes” (Shmidt, 2012) podía estar entonces exclusivamente confinado a su función pública, manteniendo la jerarquía estética a la que aludía como lugar de poder y garantizando al mismo tiempo el espacio necesario para alojar a las distintas ramas o despachos administrativos.
Hubo 5 de esos palacios que aparecieron más de una vez, aunque la Casa de Policía estuvo sobrerrepresentada, puesto que lo hizo tres veces y en ambos periódicos. El caso es significativo porque en cada aparición el modo de la ilustración varía y, además, porque ha sido uno de los que mayor dedicación textual ha recibido. Sobre esto último, es conocido que en estos periódicos la puesta en página presenta discontinuidad física respecto del texto y que cuando se presenta de manera continua no es necesariamente semántica. Por ello, queda limitado a los epígrafes o se concentra en una sección particular —como la llamada “Vistas de La Plata” en LIA— donde se comentó, por ejemplo, hacia comienzos de 1884, que la Policía fue “la primera rama de la administración de la Provincia que se desprendió de su núcleo [cuya] instalación […] es más lujosa y cómoda que la que tenía en Buenos Aires”.3
En efecto, la repartición policial fue trasladada en 1883, antes de que su propio edificio fuera inaugurado, porque su primera función en La Plata estuvo vinculada con la vigilancia de las propias construcciones para prevenir riesgos como los incendios, dada la cantidad de madera que había en circulación. Luego, el cuerpo de bomberos tomaría también esa responsabilidad, por lo que el hecho de que ambas instituciones compartieran el mismo edificio seguramente haya tenido que ver con razones funcionales (Berardi, 2018). Quizás porque no estaba concluido para el momento en que aparece por primera vez en LIA,la forma en que lo hizo fue a través de un dibujo técnico, que el periódico declara haber obtenido de la dirección de obras de la ciudad. La imagen ocupa una página entera y lo que se observa son cortes horizontales de las partes superiores de las distintas fachadas, homogéneas y simétricas, con énfasis en los contornos, sin tonalidades, sombras, decoro u ornamento, y banderas argentinas flameando en las cimas (Figura 1).4 El diseño estuvo a cargo del arquitecto Pedro Benoit, quien le dio un estilo neorrenacentista de orden dórico (de Paula, 1987) y, según apunta en el mismo periódico, el ingeniero José Botet estuvo a cargo de la obra.

La próxima imagen que aparece de la Casa de Policía corresponde al año siguiente, cuando, en septiembre de 1885, LIApublicó una serie de dibujos de edificios públicos platenses recientemente terminados, reproducidos de “los que ha ejecutado a pluma el Sr. F. E. Thicke, distinguido arquitecto de esa localidad, y cuyas vistas fueron exhibidas últimamente, en casa de los Sres. Ruggiero Bossi.”5 Es, como señalamos, el ejemplar con mayores ilustraciones platenses de todo el corpus. Las 6 imágenes se encuentran distribuidas en tres páginas, sin continuidad física con el texto, que, nuevamente, aparece en la sección “Las Vistas de La Plata”. Allí es donde se hace referencia al autor, cuya biografía nos es desconocida, aunque no el espacio de socialización de sus obras. La casa Bossi era uno de los bazares más conocidos de la ciudad de Buenos Aires, donde usualmente exponían autores cuyas piezas luego eran reproducidas en LIA, por lo que Thicke, cuyo rol deberíamos concebir como el de un “colaborador”, participaba de la red de vínculos que compartían artistas, empresarios y consumidores de la década de 1880, en general de base porteña, con crecientes contactos con el exterior, para los que la casa Bossi y el periódico constituían plataformas enlazadas de exposición, publicación y circulación de sus trabajos (Malosetti Costa, 2001; Louis, 2014).
A diferencia del dibujo técnico, estos presentan perspectiva, sombras tonales y gran detalle formal (Figuras 2, 3 y 4). Pero, además, refuerzan la condición monumental de los edificios, cuyo contraste surge a través de la presencia de los hombres de a pie, animales y arboleda incipiente, de escala marcadamente menor que la arquitectura. Además, esas presencias, todas en movimiento, transmiten una relación de la edilicia con el espacio vivido, componiendo escenas típicamente urbanas. Finalmente, pueden verse las banderas nacionales flameando en las cimas y notarse los estilos de cada construcción, en las que, salvo por el Ministerio de Gobierno caracterizado por el Luis XIV, se impuso el neorrenacentista italiano, de orden dórico o jónico. Los arquitectos involucrados fueron nuevamente Benoit, Juan A. Buschiazzo y Luis Viglione para los bancos y Luis Baldi para el ministerio (Barnhurst & Nerone, 2001; Szir, 2014; de Paula, 1987).6



La tercera y última aparición de la Casa de Policía se produjo el 20 de noviembre de 1889 en ESA(Figura 5). Allí se sostuvo, en la sección “Nuestros Grabados”, que había que darla a conocer por la alta presencia de extranjeros en la ciudad y su posible amenaza a la seguridad.7 Precisamente, para fines de la década del 80 La Plata contaba con más de 65.000 habitantes, de los cuales menos de la mitad eran argentinos. La llegada de italianos, españoles y franceses se daba en el contexto de la propia construcción de la ciudad, necesitada de mano de obra. A medida que los edificios más significativos se iban terminando, las elites comenzaron a advertir sobre la permanencia de contingentes cuya incidencia en el delito no solamente venía creciendo en correlación con su mayor participación demográfica en el país, sino que también se consideraba que tornaban la vida urbana culturalmente caótica. La problemática afectaba también a la ciudad porteña, donde ESA ponía en circulación el dato platense (Vallejo, 2015; Canavessi & Krause, 2022).

Pero en ese mismo ejemplar, aunque en una página distinta, apareció también otra imagen del Ministerio de Gobierno, a la que igualmente se le dedicaron palabras en la sección “Nuestros Grabados” (Figura 6). Además de indicar la “esbeltez y buen gusto artístico” del edificio, se apuntó que con “el tiempo La Plata será una de las Provincias, tal vez la primera, más próspera y floreciente de la Confederación Argentina”.8 Si bien la frase presenta una formulación extraña (o errónea), nombrando a la ciudad como una provincia y a la república como una confederación, su significado resulta sintomático del horizonte de expectativas que anuncia: aunque La Plata y su provincia no constituyeran aún el espacio rector del país, se afirma que “con el tiempo” lo serán. El futuro está entonces anclado sin reparos sobre la utopía urbana que representaba la nueva capital en la década de 1880, cuyo esplendor cultural y económico no estaba en duda. Los palacios públicos serían, para el periódico, los indicadores más certeros de que sus auspicios pronto se volverían realidad.
Ahora bien, en cuanto a las imágenes en sí mismas, encontramos que tanto la de la Casa de Policía como la del Ministerio de Gobierno presentan continuidad física y semántica con el texto, puesto que, por un lado, se emplazan en medio de la página rodeadas simétricamente por la tipografía y, por el otro, ésta incluye la sección donde describe, pero, sobre todo, posiciona al periódico en relación con ciertos temas a los que aluden las imágenes, literal o metafóricamente. De manera que estamos frente a dos imágenes cuyo contexto inmediato de publicación es más bien atípico, tanto por la relación entre imagen y texto, como por el contenido de este último.

El mecanismo técnico de impresión también era relativamente peculiar puesto que era considerado el más moderno para ese entonces: el heliograbado (o fotogravure). Hasta que en 1894 se publicó por primera vez en Argentina un fotograbado de medio tono en el periódico La Ilustración Sud-Americana, la fototipia se llevó adelante mediante aquel procedimiento, que no era empleado únicamente por ESA, puesto que, como veremos, ya en 1884, LIAhacía uso de él. No obstante, la técnica exigía recursos industrialmente avanzados y costosos, además de que, en el caso de las piezas nacionales, al no poder importarse un cliché, implicaba la cobertura propia del periódico, enviando reporteros al lugar de los “hechos”, en calidad de ilustradores, o en este caso, fotógrafos (llamados special artists según la tradición inglesa).9 En este punto, lo que distinguía a ESA era que cumplía con ambos requisitos puesto que su casa editorial era la Compañía de Billetes de Banco, una de las más importantes de Buenos Aires, que le permitía producir sus propias imágenes, acercándose mucho más que otras publicaciones porteñas al tipo europeo de prensa ilustrada (Szir, 2014).
Si bien es el propio periódico el que aclara que se trata de reproducciones fotográficas, también podemos adivinar la técnica puesto que el heliograbado podía convivir con la tipografía en la misma página, además de que se advierte una calidad distinta a otros grabados, presentando una visual de relieves, texturas y sombras en distintos tonos del gris. Las imágenes arrojan mucho menos detalle formal que los dibujos y perspectivas más acentuadas tanto por la posición como por la altura de los ángulos. Además presentan elementos distintivos referidos al contenido: por un lado, el del Ministerio revela el estado rústico de la calle, con poco o nada de tránsito, habiendo tan solo dos personas paradas e inmóviles —quizás serenos o policías— e incorpora la presencia de un poste de luz eléctrica; la del Departamento de Policía deja ver el verde, muy caro al diseño urbano platense, pudiéndose observar no solamente la prolijidad del parquizado sino también la propia función que la plaza/parque/jardín ocupaba en relación con los palacios, dado que al alejar el punto de mira refuerzan la presencia monumental (de Paula, 2004). De esta forma podemos ver que las fotografías introducen efectos de realidad en la lectura, como en este caso puede ser la relativización de la vida social urbana en La Plata, que los dibujos, con su carga proyectiva, presentaban mucho más dinámica; o una rusticidad más marcada de los caminos, así como el símbolo de modernidad que representa el farol eléctrico, que si bien no posee bombilla ni cableado (seguramente pronto llegarían), sabemos por la comparación con otras imágenes (en de Paula, 1987) que se trata de ese tipo de alumbrado, que La Plata fue la primera ciudad sudamericana en incorporar en 1886 (lo que explica su ausencia en el dibujo de 1885). Finalmente, la fototipia permite representar de forma mucho más fiel a las escalas espaciales, como puede notarse sobre todo con el verde, que, si los dibujos incorporan en los jardines circundantes con los edificios, no alcanzan a “distanciarlos” de la misma manera.10
Los últimos palacios que componen nuestro “tour” se corresponden con el Museo de Ciencias Naturales y la capilla de San Ponciano.11 El primero es objeto de un dibujo publicado en ESA, en agosto de 1888 (Figura 7).12 Su puesta en página es céntrica y lo rodea una tipografía que no es alusiva. Es en otra parte del mismo ejemplar donde se formulan comentarios al respecto. Allí se vincula al museo con otro edificio caro al cientificismo platense, el Observatorio Astronómico (del que no hay ilustraciones en nuestros periódicos), subrayando su excepcionalidad y, en el caso del museo, su originalidad en el diseño. Además, se dedica una cita al director de la sección paleontológica del Museo de París, quien en 1885 habría expresado que el modelo ideal sería como el que habían aprobado en La Plata el año anterior.13 En efecto, eso había ocurrido en septiembre de 1884 con motivo de reemplazar al museo antecesor situado en la ciudad de Buenos Aires, que la provincia había cedido a la Nación. Los arquitectos a cargo fueron el alemán Carlos Heynemann y el sueco Enrique Aberg, quienes le otorgaron un predominante estilo neoclásico, como puede notarse en la fachada templaria alusiva de un lugar de saber (de Paula, 1987). Para el momento en que ESA lo muestra en sus páginas ya hacía más de un año de la primera habilitación y, como anunciaría en el mismo texto que citamos, el 19 de noviembre de 1888 se concretaría la inauguración total. De manera que el grabado parece ser fiel al estado del edificio para el momento del dibujo, en el que si bien hay algunos detalles ornamentales que no alcanzan a notarse, se encuentra logrado el efecto de escala, resaltando la monumentalidad, rasgo al que contribuye el verde circundante, perteneciente al Paseo del Bosque.
Ese emplazamiento se explicaba por el espacio disponible que otorgaba el parque para montar un edificio de semejantes proporciones, pero, además, porque al estar rodeado de naturaleza quería transmitir el contenido interno del museo, que no provenía de la ciudad, sino del desierto. Su concreción fue de suma importancia para la arquitectura pública argentina puesto que era la primera vez que un edificio se construía con el fin específico de convertirse en museo. Su impulsor había sido quien luego se convertiría en director, el naturalista Francisco Moreno, quien al no encontrar recepción a su propuesta en el Congreso de la Nación ni en el presidente Roca, se dirigió a las autoridades de la provincia, cuyo ánimo puesto en la competencia con la ciudad de Buenos Aires permitió otorgarle a La Plata una obra inédita, en sintonía con su premeditado perfil de ciudad moderna (Shmidt, 2012).

Finalmente, la capilla de San Ponciano, con la que concluimos el recorrido edilicio, fue el motivo de la representación que inauguró la presencia de La Plata en nuestros periódicos. La imagen con que lo hizo fue un heliograbado publicado en LIAemplazada en vertical, ocupando la totalidad de la página (Figura 8). A pesar de que el periódico no lo menciona, hemos podido identificar a su autor: el fotógrafo Tomás Bradley. Contratado por el gobernador Rocha para registrar la ceremonia de fundación y el proceso de construcción de la ciudad, Bradley publicó una litografía y tres álbumes fotográficos alusivos entre 1883 y 1885.14 Rocha lo había conocido en la Guerra del Paraguay, pero para los años 80 también poseía un estudio fotográfico instalado en la céntrica calle porteña de Florida, que se especializaba en vistas y retratos. La toma de la capilla pertenecería al segundo álbum, que fue terminado a mediados de 1884, por lo que el periódico obtuvo su reproducción meses antes de su publicación definitiva. LIA publicaba dibujos y cuadros de artistas principiantes expuestos en negocios de la calle Florida, por lo que su incorporación no resulta extraña (Malosetti Costa, 2001). Aunque no sepamos si el periódico buscó publicarla o si lo hizo por iniciativa o pedido de Rocha o Bradley —razón por la que no podríamos arriesgarnos a llamarlo un “colaborador”— lo cierto es que su incorporación indica que aquel participó de la estrategia de propaganda llevada adelante por el gobernador, basada en la divulgación de su ciudad a través de la fotografía. Durante ese año las tomas de Bradley también viajaron a la Exposición Continental de Bremen y el álbum fue distribuido entre la dirigencia política argentina, representantes diplomáticos en el exterior y algunas casas financieras de Europa (Pereira de Arruda, 2013).

Si bien el día de la toma coincidió con la fecha —más no el momento— de inauguración de la capilla (obsérvense los banderines), el texto de la sección “Vistas de La Plata” —nombre que también llevaron los álbumes de Bradley— no enfatiza el acontecimiento (razón por la que en nuestra clasificación inicial no lo incluimos como actualidad), sino que destaca los rasgos de la obra arquitectónica. La descripción es quizás de las más densas de nuestro corpus puesto que ocupa casi una página entera del ejemplar, donde se detallan tamaños, estilos, distribuciones internas del edificio, costos de la construcción y el nombre del director y diseñador de la obra, Pedro Benoit. Pero como la preocupación del periódico es mostrarlo, advierte que tanto el ángulo de la toma como el “gentío” (puede notarse, por ejemplo, un vendedor ambulante con su canasta) impiden armar un “concepto exacto” del esplendor de la obra, prometiendo en el próximo número la publicación de dibujos.15
En efecto, a los diez días saldría publicado en LIA, a página entera, un dibujo de la fachada de la capilla, basado en el diseño que proveyera la dirección de obras de La Plata, al igual que como vimos en la Figura 1 con la Casa de Policía y el Cuartel de Bomberos, incluidas de hecho en el mismo número. No obstante, si estos últimos fueron representados con dibujos técnicos, el de la capilla parece ser un dibujo a secas, en tanto identificamos algunas sombras, pero sobre todo la superficie acabada, gran detalle formal y el agregado del verde (Figura 9). De manera que es posible que los ilustradores del periódico —cuyos nombres nos resultan desconocidos— hayan producido su propia adaptación ilustrada de la fachada, en base al diseño adquirido.

Resulta indicativo de la vocación del periódico por registrar las novedades urbanas platenses el hecho de que en dos números sucesivos se pongan en circulación proyecciones edilicias que ni siquiera se encontraban acabadas. Según pudimos averiguar, la inauguración de la capilla fue la primera de toda la edilicia pública platense y se había producido el 19 de noviembre de 1883, día de San Ponciano —patrono de la ciudad— y primer aniversario de su fundación (de Paula, 1987). Fue en ese marco que se realizó un Te Deum en la novel capilla, aun sin terminarse. El periódico entonces la “completa” para sus lectores a través del dibujo y aclara en esa oportunidad que solo la iglesia de Santa Felicitas (ubicada en el barrio porteño de Barracas e inaugurada en 1876) se asemejaba a su estilo neogótico, pero que aun así San Ponciano resultaba más “meritoria”.16 La ponderación de la ciudad por la magnificencia de sus obras era entonces un anuncio que, como vimos, no dejaría de confirmarse en los próximos años.
Del plano al puerto: variedades platenses
Si hasta aquí hemos recorrido la novel capital al estilo de un “tour arquitectónico”, en adelante encontraremos otro tipo de imágenes que, aunque no tengan a los palacios como protagonistas, igualmente representan de distintas maneras algunas escenas de la vida urbana platense.
Quizás la más significativa haya sido la vista que publicó LIA en septiembre de 1885, elaborada “a pluma” nuevamente por el sr. Thicke, quien la tomó desde la cima del Palacio de Gobierno —del cual los periódicos no registraron ilustración alguna— es decir, a la altura del “eje cívico”, mirando hacia el norte,17 donde se destacan la capilla de San Ponciano con su torre ya concluida, la playa de maniobras de la estación ferroviaria y su edificio principal, el del Banco Hipotecario provincial y una gran diversidad de obras como casillas de madera y casas chorizo con frentes cuasi modulares. La vista constituye, por su tipo de elaboración, un aporte singular no solamente para las series de ilustraciones de los propios periódicos que analizamos, sino más particularmente para la producción general de vistas platenses puesto que, salvo por el relevamiento fotográfico de Bradley, el de Thicke constituye el otro aporte significativo de la década (Gandolfi, 2004). Eso es así, en buena medida, porque Thicke no realza tanto las fachadas palaciegas, de hecho, ni siquiera aparecen superficies acabadas, sino que incorpora la edificación de orden doméstico, deja ver lotes aún sin construir, pero, además y, especialmente, mapea parcialmente la forma urbana de la capital de acuerdo con una composición horizontal clásica de la tradición paisajística, que permite incluir múltiples elementos del escenario urbano, entre ellos los rasgos de la grilla y la presencia del verde (Figura 10).
El punto de vista elevado permite advertir el radio de acción del crecimiento urbano y demuestra que La Plata era hija de la concepción organicista del urbanismo decimonónico, cuya preocupación yacía en la creación de un sistema circulatorio compuesto por “venas, arterias y pulmones” para garantizar el movimiento de aire, personas y capitales. Fue en ese marco que el diseño de la ciudad —a cargo del arquitecto Juan Martín Burgos— combinó un cuadrado de matriz básica reticular con la superposición de un sistema de diagonales articuladas con avenidas y otro de plazas y parques dispuestos también regularmente (Vallejo, 2007). En la publicación de LIA pueden captarse cada uno de los elementos de ese paradigma, destacándose a su vez la condición planificada ex novo de La Plata. En ese sentido, el dibujo resalta el quiebre que se advierte entre lo rural y lo urbano, donde antes que una mancha fronteriza entre uno y otro, lo que impera es un límite abrupto y tajante del cuadrado, sugiriendo una lectura clásica de la díada ciudad-campo: el tándem civilización y desierto.

Regresando al asunto edilicio, mencionamos que el vuelo de pájaro de Thicke permite tomar registro del contraste entre los monumentales palacios públicos y la edilicia doméstica, que no supera las dos plantas, presenta un aspecto modular y construcción provisoria en madera. Justamente, esa vista es la que ocupa ya no una parte sino prácticamente la totalidad de otro dibujo publicado en LIA en septiembre de 1888, cuyo epígrafe dice que se corresponde con el aspecto platense 16 meses después de la colocación de la piedra fundacional, es decir hacia el mes de marzo de 1884 (Figura 11). En esta ocasión, la imagen se presenta nuevamente aislada de la tipografía y ocupando una página entera en posición vertical. Su autor es, nuevamente, Tomás Bradley y, al igual que la toma de la capilla, el periódico la publicó con anterioridad al lanzamiento del álbum fotográfico que su autor concluiría hacia mediados de aquel año. Si bien no se destaca ninguna construcción monumental, por lo que no podemos identificar cuál habría sido el punto de mira —aunque seguramente haya sido en alguna zona del centro dado el caserío tupido que se advierte— el periódico sostiene en la sección “Vistas de La Plata” que su crecimiento es “asombroso”, con “perfiles de coloso”.
La conclusión, más que una observación aislada, viene a cuento de la comparación de la vista con otra que incluye el mismo ejemplar (p. 7) que no hemos incluido en este artículo por razones de calidad, correspondiente a la ceremonia de colocación de la piedra fundacional, realizada antes de que comenzara la construcción, sin otro paisaje más que los pastizales abiertos de la pampa.18 Esa vista tenía como objetivo ilustrar que la intemperie de la fecha fundacional había sido superada y que La Plata ya tenía un aspecto urbano. El texto que la perfilaba colosal continuaba sosteniendo que de esa forma “ha venido desarrollándose la ciudad modelo, y así sigue su evolución prodijiosa para realizar el augurio que la ha anunciado ya como la primera ciudad Sud Americana”.19

Si ya habíamos apuntado que ESA esperaba para La Plata un rol preponderante en relación con su provincia dentro de Argentina, un año antes LIA había hecho lo propio, pero redoblando la apuesta al inscribirla con pretensiones modélicas en la vanguardia urbana de una región que ni siquiera era la rioplatense, sino la del subcontinente sudamericano. El carácter excepcional de la nueva capital, cuyo diseño y construcción se venían llevando adelante de manera planificada y por impulso del gobierno de la provincia bonaerense, no conocía antecedentes en Latinoamérica. La ambición original de Rocha de ver a su ciudad competir con otras como Buenos Aires o Montevideo para colocarla como eje urbano del Río de la Plata, permanecía resonante durante la década de 1880 puesto que parecía irse volviendo una realidad. Los periódicos ilustrados se mostraban receptivos frente a ese proceso y no escatimaban en sus apuestas cuyo grado de valoración no tenía diferencias con las del fundador.
Pero si regresamos al contenido de la ilustración, del que destacamos las construcciones no monumentales, podríamos conectarlo fácilmente con la imagen que también publicara LIA un mes después: un incendio en el taller mecánico de Godofredo Sthalberg. El ilustrador fue el Sr. Erharh (cuya firma podemos ver en la parte inferior derecha de la Figura 12) y solo sabemos de él lo que el periódico se limita a comentar: era un residente platense dedicado a la pintura, que inauguraba de esta forma su incursión en el dibujo (o croquis, como aparece en la publicación).20 La imagen ocupa una página completa en posición vertical y, como en otras ocasiones, la tipografía alusiva se encuentra en una sección aparte, en este caso llamada “Ilustraciones”.21

El incendio habría sido de los más importantes en La Plata, solo comparable con un antecedente de la misma magnitud en la Estación del Ferrocarril. El Cuerpo de Bomberos no pudo dar abasto de agua para apagarlo por lo que terminó afectando a un comercio lindante y a la imprenta del diario El Día, la publicación periódica más importante de ciudad.
La presencia de alumbrado eléctrico permite deducir la ubicación céntrica del taller. El dibujo también deja ver a los bomberos con sus mangueras, un agente policial en la esquina custodiando el mobiliario rescatado y, finalmente, la concentración del gentío. La magnitud del episodio parece haber capturado prácticamente toda la atención de los habitantes de la ciudad.
Más allá de que el carácter excepcional del acontecimiento justificó en parte su inclusión en las ilustraciones que LIA publicó sobre La Plata, la aparición de un hecho de actualidad se vuelve más comprensible si tenemos en cuenta que, para entonces, el periódico contaba con una sucursal propia en la capital bonaerense. La bibliografía disponible —citada más atrás— no menciona el hecho de que, durante sus últimos ocho meses de vida, coincidentes con el retorno de Pedro Bourel a la dirección del periódico —se había retirado en 1883 en favor de su hermano Francisco— funcionó un local en el centro de La Plata con imprenta y taller litográfico. La carrera política de Bourel lo había llevado a instalarse en la ciudad cuando el gobernador roquista Máximo Paz (1887-1890) lo nombró asesor del Banco Hipotecario provincial; más tarde, entre 1889 y 1893, ocupó bancas de diputado y senador en la Legislatura platense, desde donde promovió la radicación de funcionarios y empleados provinciales en la nueva capital y favoreció la constitución de su primer gobierno municipal autónomo.22
El día que el periódico informó sobre el cambio de dirección y su nueva radicación volvió a llamar a La Plata “la ciudad modelo en el mundo”. La idea se respaldaba en una conocida columna firmada por Sarmiento que había aparecido en el diario Debate en noviembre de 1885, donde había postulado que la capital encarnaba el “espíritu moderno argentino” en sustitución del viejo “modelo colonial”.23 Su caso es significativo porque enseña que la valoración del proyecto urbano trascendía posiciones políticas —no era afín al roquismo y en un principio tampoco había apoyado el proyecto de Rocha— por lo que si bien Bourel puede haber terminado comprometiéndose con el desarrollo platense por razones de su propia trayectoria, la ponderación que su diario hacía de la nueva ciudad no tendría por qué leerse como un reflejo anticipatorio de dicha deriva. Aunque pueda haberse sentido atraído personalmente por el proyecto urbano y deseado un desplazamiento de su carrera de la capital federal hacia la capital provincial —hecho que no hemos podido averiguar— la entronización de La Plata como modelo urbano global seguía respondiendo a una operación de tipo cultural. Ese era el registro que primaba en el contenido de los periódicos. La inclusión de un acontecimiento de actualidad podía transmitir en todo caso un cierto compromiso con la vida social de la ciudad en la que LIA ahora también se editaba.24
Ahora bien, si leyéramos de manera conjunta las últimas tres imágenes que expusimos aquí, además de sus respectivas particularidades, podríamos destacar un distintivo punto de contacto que tienen en particular: La Plata aparece representada en ellas en el estilo de una “ciudad efímera”. Concepto acuñado por Jorge Liernur (1993) para el caso de Buenos Aires, el historiador de la arquitectura sostuvo que la ciudad de la “belle époque” concentrada en la aburguesada Avenida de Mayo venía acompañada casi como reverso de una segunda ciudad de carácter transitorio, en plena reconstrucción y expansión, más ligada al modo de urbanización yankee en la que primaban los prefabricados modulares de madera para uniones en seco (balloom frame). Ese estilo, que por ejemplo era muy bien ponderado por Sarmiento, podía encontrarse en todas las ciudades argentinas de rápida expansión, porque, justamente, permitía acelerar su crecimiento. La Plata no solo no fue una excepción, sino que quizás haya sido su más cabal expresión a razón del origen ex novo de su planificación (Vallejo, 2015). En ese contexto material, acontecimientos como los incendios eran moneda corriente, rasgo que revelaba la fragilidad de la infraestructura urbana en pleno pasaje de las ciudades hacia la modernidad.25
No obstante, como también señala Liernur, aunque esa condición “efímera” puede registrarse en diversas fuentes, las representaciones más elaboradas sobre la ciudad moderna tendían a ocluir su aspecto far west para priorizar en cambio una imagen cristalizada que resumía a la ciudad en su centro consolidado. Nuestros periódicos abrevaron en ese mismo tipo de representación puesto que, por un lado, privilegiaron la monumentalidad platense por sobre otros tipos edilicios y, por el otro, su producción textual enfatizó no solamente ese patrimonio palaciego, sino que acentuó también la proyección nacional y continental de la ciudad por esos mismos rasgos modernos.
Sin embargo, los dibujos de Thicke y Ehrarh muestran que La Plata contaba en su mismo radio céntrico —que para entonces era todo lo que tenía de ciudad— con una segunda arquitectura, lindante e inmediata respecto de la monumental, pero mucho menos acabada y formalizada, que no solamente componía su paisaje urbano tanto como lo hacían los palacios, sino que dictaba el ritmo “colosal” de su crecimiento. Solo que la forma en que lo hacía no se parecía a la de Buenos Aires o a la de aquellas ciudades que ya poseían un centro consolidado, para las que la expansión era más bien un dato de sus periferias. La Plata creció aceleradamente durante la década de 1880, pero no podía hacerlo sino en torno a su radio céntrico, la zona cero de su urbanización ex nihilo. La verticalidad de los monumentos, que querían conformar y confirmar una urbe moderna y capitalina, lindaba con la horizontalidad de un inmediato caserío modular, que configuraba una espacialidad imposible de escindir entre central y periférica porque crecía de manera tan conjunta y compacta como fractal.
Finalmente, la última imagen que compone nuestro recorrido es la que aborda el tema quizás más constitutivo para la ciudad de La Plata. Publicada por ESA en abril de 1890, y pasados exactamente 20 días del acontecimiento que retrata, una composición de pinturas realizadas por distintos autores cuyos nombres específicos nos resulta imposible rescatar de sus firmas —y que el periódico tampoco traduce en el texto— tiene como motivo al acto de inauguración del puerto. La cobertura puede equipararse, dentro de nuestro corpus, a la que LIA dedicó a los palacios públicos en la serie de dibujos de Thicke publicados en 1885, en tanto es la ilustración —o el conjunto de ilustraciones, siendo 8 en total— que se lleva la mayor presencia en el ejemplar, ocupando la totalidad de dos páginas continuas.26 Allí advertimos algunas panorámicas de los muelles y sus depósitos (abajo), del Mercado de Frutos (arriba a la izquierda), del canal de acceso (arriba a la derecha), entre otras representaciones que incluyen la obra de extensión de la vía férrea hacia el puerto con sus trabajadores (abajo a la izquierda) y las grandes embarcaciones que podían ingresar (Figura 13). Pero éstas son las piezas que enmarcan una composición que en verdad lleva en su centro el motivo principal: el acto de inauguración del puerto. Si bien no sabemos cuánto de lo que la ilustración retrata fue especialmente preparado para la ceremonia, es posible que se hayan dispuesto estructuras a tal fin, como el montaje de tribunas con vista al canal, donde identificamos miembros de la elite seguramente vinculada a la provincia de Buenos Aires. En definitiva, el contenido que transmite la composición de ESA es la de su propio leit motiv: el movimiento material de una sociedad hacia el progreso.

En la sección “Nuestros Grabados” el periódico lo confirmaba sosteniendo que “como este magnífico puerto [hay] pocas obras en su género mejor concebidas y mejor ejecutadas.”27 El puerto platense había sido largamente concebido, incluso antes de la existencia de La Plata. Como es sabido, la zona en donde aquel se construyó era conocida como la Ensenada de Barragán y, ya en 1810, Mariano Moreno la había ponderado por ser una natural puerta de entrada y salida a ultramar. Más tarde, Rivadavia impulsaría con su ley de federalización de la ciudad de Buenos Aires de 1826 la construcción de obras hidráulicas en la Ensenada que harían realidad la aspiración de Moreno, pero quedaron truncas, como ocurrió con la mayoría de las reformas que había impulsado. En la segunda mitad del siglo XIX, el empresario de ferrocarriles Guillermo Wheelwright volvió a destacar las ventajas geoestratégicas de la Ensenada, pero no sería sino a partir de la elección que hizo Rocha de ese sito para ubicar a la nueva capital que se concretó un proyecto de infraestructura, diseñado por el ingeniero holandés Juan Abel Adrián Waldorp, que consistió fundamentalmente en el trazado de un canalado para facilitar el ingreso de las embarcaciones transatlánticas (Vitalone, 2020).
De manera que con la inauguración de 1890 se consumaba una idea de largo aliento. El propio emplazamiento de la nueva ciudad en la zona de la Ensenada había respondido a la definición inicial que Rocha y Juan Bautista Alberdi habían producido respecto de la capital: la condición sine qua non para que se desarrollara como una gran urbe capaz de irradiar bienes, poder y cultura sobre el resto del territorio provincial respondería a la posibilidad de que se convierta antes en un emporio comercial (Magi, 2025). Ese motivo es el que le daba entonces al tema del puerto un rango constitutivo para la existencia de la novel ciudad.
Conclusiones
El análisis de las ilustraciones desplegado a lo largo de este artículo arrojó un cuadro variopinto sobre las maneras en que dos de los periódicos más importantes de la prensa gráfica porteña de la década de 1880 representaron a la ciudad de La Plata. Las imágenes que encontramos aluden principalmente a su desarrollo material y, más especialmente, a su arquitectura pública de carácter palaciego. Junto con el plano, las construcciones domésticas y el puerto, configuraron la idea de que la nueva capital se perfilaba tal como su fundador la proyectaba: el modelo de la ciudad moderna en el Río de la Plata. En este sentido, puede decirse que los periódicos complementaron la estrategia de propaganda y difusión que había encarado el gobernador respecto del proyecto urbano que subyacía al proyecto de capitalización de la provincia de Buenos Aires luego de la federalización de 1880.
Las ilustraciones platenses se producían y circulaban a la manera en que lo hacían otras referidas a tópicos semejantes en el marco del régimen visual porteño. Nuestros periódicos inscribieron a la nueva capital en los modos establecidos y legitimados de producción de imágenes, utilizando, a su vez, las técnicas de impresión típicas de la época. Los colaboradores como Thicke o los special artists ilustradores o fotógrafos provenían del seno mismo de los periódicos, pero pertenecían también al circuito de artistas, empresarios y consumidores reconocidos e integrados a la sociedad porteña. Un solo caso, el del dibujante Erharh, residía en la ciudad retratada.
Así, hemos podido verificar que a lo largo del período que corre entre 1884 y 1890, el proyecto urbano platense apareció con un carácter vanguardista y competitivo. Ambos periódicos emplazaron a la nueva capital en la zona de las utopías urbanas modernas, asignándole un lugar de referencia cultural en Argentina y Sudamérica. El modernismo urbano había sido, para Rocha, un vehículo para disputar la hegemonía política de la capital federal; dicha competencia no apareció planteada abiertamente en la documentación que analizamos, pero sí es claro que La Plata circuló en Buenos Aires como un modelo urbano de referencia. La opinión pública porteña —y no solo su burocracia técnica— consumió dicha imagen (literal y metafórica) a través de este tipo de prensa.
De todos modos, para comprender qué tipo de recepción se producía en los lectores y qué relación puede haber tenido la difusión de las imágenes platenses con las tensiones políticas que atravesaba el vínculo entre el Estado nacional y la provincia de Buenos Aires, debería recurrirse a otro tipo de fuentes, entre ellas, los diarios de carácter escrito. Así podríamos terminar de precisar si la función de complemento que tenían los periódicos ilustrados era en efecto tal —y si ello se alineaba con algún objetivo más nítidamente político de algún sector de la dirigencia que no apareció expresado en las páginas que analizamos— o si, en este caso, La Plata formó parte de una cobertura exclusiva de los exponentes de ese género de publicaciones en las que primaba un abordaje netamente cultural.
Ese ha sido entonces el criterio que organizó a los propósitos de las imágenes que hemos encontrado. Incluso cuando los contenidos referían a cuestiones como la seguridad urbana como fue el caso de la Casa de Policía, o al comercio con el caso del puerto, su abordaje se realizó resaltando los logros materiales edilicios y constructivos, incluyendo además elementos sociales que buscaban indicar que La Plata era, por un lado, un proyecto que atraía a la elite del momento y, por el otro, una ciudad que adquiría un desarrollo activo y moderno.
La ciudad monumental pero también la efímera, la circulación de hombres, pero también la expansión edilicia, el plano organicista pero también su implantación civilizatoria en medio del desierto, el “eje cívico” pero también el puerto, contribuyeron agregativa y simultáneamente con la configuración de un “viaje”por lugares tan desconocidos por su novedad como familiares por su significación tópica. La Plata parece haber representado para la prensa gráfica y sus lectores porteños el perfil de la ciudad que solo como un hecho del futuro aún podían imaginar.
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Notas
Recepción: 18 mayo 2026
Aprobación: 27 junio 2026
Publicación: 01 julio 2026