Trabajos y Comunicaciones, 2da. Época, Nº64, e248, julio-diciembre 2026. ISSN 2346-8971Artículos
Sensibilidades antiimperialistas y antiguerreras durante la Guerra del Chaco (1932-1935): comunistas, reformistas y socialistas en América Latina
Resumen: Este artículo analiza la emergencia de sensibilidades antiguerreras y antiimperialistas en las izquierdas latinoamericanas durante la Guerra del Chaco (1932-1935). Mediante el análisis de publicaciones periódicas (La Correspondencia Sudamericana, América Libre, Flecha, Contra, Izquierda y Cauce) y figuras clave como Aníbal Ponce y Ricardo Setaro, el trabajo examina cómo estas sensibilidades –entendidas como disposiciones afectivas, perceptivas e intelectuales– articulan solidaridades políticas transnacionales al interpretar el conflicto como parte de las disputas interimperialistas del período. Se privilegia Córdoba como centro de análisis por su papel como nodo estratégico donde convergen tradiciones del reformismo, comunismo y socialismo, generando márgenes de autonomía respecto a las direcciones partidarias centrales. El artículo sostiene que, mientras el Congreso Antiguerrero de Montevideo (1933) organizado por el Secretariado Sudamericano de la Comintern representa la cúspide institucional pero también el agotamiento de la unidad antiimperialista propuesta por la Comintern, Córdoba funciona como laboratorio periférico donde esta confluencia se materializa de forma más orgánica, expresando tempranamente la estrategia de Frentes Populares. La Guerra del Chaco opera, así, como acontecimiento formativo de una sensibilidad que se reconfigura posteriormente en clave antifascista, constituyendo parte del sustrato afectivo de las movilizaciones por la Guerra Civil Española.
Palabras clave: Sensibilidades políticas, Antiimperialismo, Guerra del Chaco, Izquierdas latinoamericanas, Córdoba.
Anti-imperialist and Anti-war Sensibilities during the Chaco War (1932-1935): Communists, Reformists and Socialists in Latin America
Abstract: This article analyzes the emergence of anti-war and anti-imperialist sensibilities in Latin American left-wing movements during the Chaco War (1932-1935). Through the analysis of periodical publications (La Correspondencia Sudamericana, América Libre, Flecha, Contra, Izquierda and Cauce) and key figures such as Aníbal Ponce and Ricardo Setaro, this study examines how these sensibilities –understood as affective, perceptive and intellectual dispositions– articulate transnational political solidarities by interpreting the conflict as part of the inter-imperialist disputes of the period. Córdoba is privileged as the center of analysis due to its role as a strategic node where reformist, communist and socialist traditions converge, generating margins of autonomy from central party leaderships. The article argues that while the Anti-War Congress of Montevideo (1933), organized by the South American Secretariat of the Comintern, represents the institutional peak but also the exhaustion of anti-imperialist unity proposed by the Comintern, Córdoba functions as a peripheral laboratory where this confluence materializes more organically, giving early expression to the Popular Front strategy. The Chaco War thus operates as a formative event for a sensibility that is later reconfigured in anti-fascist terms, constituting part of the affective substrate of mobilizations for the Spanish Civil War.
Keywords: Political sensibilities, Anti-imperialism, Chaco War, Latin American left-wing movements, Córdoba.
Sensibilidades anti-imperialistas e antiguerreiras durante a Guerra do Chaco (1932-1935): comunistas, reformistas e socialistas na América Latina
Resumo: Este artigo analisa a emergência de sensibilidades antiguerreiras e anti-imperialistas nas esquerdas latino-americanas durante a Guerra do Chaco (1932-1935). Mediante a análise de publicações periódicas (La Correspondencia Sudamericana, América Libre, Flecha, Contra, Izquierda e Cauce) e figuras-chave como Aníbal Ponce e Ricardo Setaro, o trabalho examina como estas sensibilidades —entendidas como disposições afetivas, perceptivas e intelectuais— articulam solidariedades políticas transnacionais ao interpretar o conflito como parte das disputas interimperiais do período. Privilegia-se Córdoba como centro de análise por seu papel como nodo estratégico onde convergem tradições do reformismo, comunismo e socialismo, gerando margens de autonomia em relação às direções partidárias centrais. O artigo sustenta que, enquanto o Congresso Antiguerreiro de Montevidéu (1933), organizado pelo Secretariado Sul-Americano da Comintern, representa o ápice institucional, mas também o esgotamento da unidade anti-imperialista proposta pela Comintern, Córdoba funciona como laboratório periférico onde esta confluência se materializa de forma mais orgânica, expressando precocemente a estratégia de Frentes Populares. A Guerra do Chaco opera, assim, como acontecimento formativo de uma sensibilidade que se reconfigura posteriormente em chave antifascista, constituindo parte do substrato afetivo das mobilizações pela Guerra Civil Espanhola.
Palavras-chave: Sensibilidades políticas, Anti-imperialismo, Guerra do Chaco, Esquerdas latino-americanas, Córdoba.
Introducción
En el presente trabajo analizamos la emergencia de sensibilidades antiguerreras y antiimperialistas en debates, iniciativas y redes militantes de las izquierdas latinoamericanas durante la Guerra del Chaco (1932-1935). Nuestra hipótesis sostiene que estas sensibilidades contribuyen a articular solidaridades políticas que trascienden los marcos nacionales, en la medida en que el conflicto es interpretado como un episodio de las disputas interimperialistas propias del escenario internacional abierto a comienzos de la década de 1930, en consonancia con los diagnósticos elaborados por la Internacional Comunista durante el llamado “Tercer Período” (Kersffeld, 2012).
Este proceso se inscribe en un contexto más amplio de crisis del orden liberal y de reconfiguración de los horizontes ideológicos, que Tulio Halperin Donghi ha caracterizado como la “tormenta del mundo”, marcada por el impacto de la Gran Depresión y la inminencia de una nueva conflagración global (Halperin Donghi, 2003). En este marco, los posicionamientos frente a la guerra y al imperialismo adquieren una centralidad renovada en los debates intelectuales y políticos del período, donde la defensa de la URSS emerge como una prioridad que no siempre se articula sin tensiones con la solidaridad latinoamericana.
Cabe subrayar que este antiimperialismo de matriz internacionalista convive —y entra en tensión— con otras lecturas contemporáneas elaboradas en el plano nacional, como las impulsadas por la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), cuyo análisis excede el alcance de este trabajo. Mientras el grupo forjista formula una crítica al conflicto centrada en la denuncia del imperialismo petrolero y en una clave de revisión nacional de la “década infame” (Giménez, 2013; Romero, 2017), los espacios aquí analizados privilegian una solidaridad transnacional que desplaza el foco hacia la lucha global contra el fascismo y la guerra imperialista.
El análisis de este proceso se apoya centralmente en la categoría de “sensibilidades”, retomada en el sentido que propone Bergel (2012; 2015; 2023) para designar conjuntos de disposiciones afectivas, perceptivas e intelectuales que articulan grupos políticos o generacionales sin reducirse a una ideología formalizada ni a un programa explícito. Más bien, con “sensibilidades” entendemos orientaciones compartidas que modelan la interpretación de la realidad y habilitan determinadas prácticas, aunque sus portadores no las perciban conscientemente o las sistematicen. Lo que distingue una sensibilidad de una mera posición ideológica no es su contenido —ambas pueden compartir diagnósticos sobre el imperialismo o la guerra— sino su registro y su densidad afectiva: mientras la posición ideológica se expresa preferentemente en argumentos, definiciones doctrinarias y tomas de partido programáticas, la sensibilidad se sedimenta y circula a través de formas discursivas y representacionales que movilizan la experiencia antes de sistematizarla. Metodológicamente, reconstruimos estas sensibilidades a partir de tres tipos de marcas observables en las fuentes: i) el uso de lenguajes emotivos y valoraciones moralmente intensas para representar la guerra (“crimen”, “tragedia”, “matanza”, “sacrificio”), que contrastan con el vocabulario técnico-político de los documentos partidarios; ii) la insistencia en imágenes del cuerpo sufriente y de la devastación material (“mutilaciones”, “sed”, “locura”, “destrucción”), que desplazan el conflicto desde el plano estrictamente político-militar y lo presentan como una experiencia sensible y concreta de la violencia; y iii) la construcción de solidaridades transnacionales que privilegian identificaciones políticas o de clase por encima de las pertenencias nacionales, revelando una disposición afectiva que excede el cálculo estratégico o la adhesión programática. En un sentido similar a la categoría de “estructuras de sentimiento” propuesta por Raymond Williams (2009, pp. 171-175), la noción de sensibilidades apunta a formas de experiencia colectiva que orientan prácticas y generan solidaridades antes de haberse cristalizado en sistemas doctrinarios cerrados.
La elección de la ciudad de Córdoba como centro de análisis responde a su papel como foco de irradiación y nodo estratégico en las redes intelectuales y políticas transnacionales de la década de 1930 (Bergel, 2012). La vigencia de la tradición reformista de 1918 genera un espacio de gravitación para importantes figuras de los dos países beligerantes que se refugian en la ciudad, como el boliviano Tristán Marof o el paraguayo Oscar Creydt. Estos intelectuales articulan en Córdoba una militancia con márgenes de autonomía respecto a las direcciones partidarias de Buenos Aires y de sus propios países, lo cual consolida un espacio de circulación y reapropiación creativa de ideas (Stefanoni, 2015), donde las tradiciones del socialismo, el comunismo y el reformismo convergen e hibridan sus lecturas sobre el conflicto chaqueño. Esta dinámica le otorga al antiimperialismo local un espesor regional y una densidad de vínculos personales excepcional en el mapa continental (Pita González y Marichal, 2012).
Para abordar este proceso, seleccionamos un corpus que incluye las principales publicaciones que abordan la temática de la Guerra del Chaco: La Correspondencia Sudamericana, órgano del Secretariado Sudamericano de la Comintern; América Libre y Flecha, centradas en la militancia cordobesa; la revista Contra y las revistas socialistas Izquierda y Cauce.1 Este recorte se justifica en tanto dichas publicaciones operan como nodos de una red intelectual que, si bien mantienen vínculos con las respectivas estructuras partidarias (comunistas y socialistas), permiten una circulación de ideas más fluida que la de las publicaciones orgánicas de los partidos. La elección de estas fuentes busca reconstruir una cartografía que conecta Buenos Aires y Córdoba con las tendencias principales del comunismo internacional, permitiendo observar el derrotero particular que adquiere en América Latina el abandono de las tesis del “Tercer Período” y la adopción de la táctica de los Frentes Populares. El trabajo también considera figuras claves como Aníbal Ponce y Ricardo Setaro, en quienes la dimensión de las sensibilidades se vuelve particularmente visible en sus textos e intervenciones, así como su rol como organizadores de congresos, publicaciones y en la práctica del periodismo en el frente. Si bien estas sensibilidades se expresan también en repertorios de acción directa —como los intentos de boicot a embarques de armas o las redes de exilio que articulan a intelectuales de distintos países— y alcanzan proyección en organizaciones sindicales y de mujeres, el presente trabajo se concentra fundamentalmente en los espacios intelectuales y las publicaciones periódicas donde dichas sensibilidades circulan, se elaboran y disputan.
Las Ligas Antiimperialistas y los congresos impulsados por la Comintern en América Latina
La formación de Ligas Antiimperialistas, en tanto política impulsada por la Internacional Comunista, encuentra rápidamente eco en América Latina, donde el antiimperialismo como posición política y cultural cuenta con desarrollos previos desde las posiciones integracionistas de Simón Bolívar hasta los escritores modernistas como José Martí o Rubén Darío, que a fines del siglo XIX reaccionan contra el expansionismo estadounidense. Asimismo, la Reforma Universitaria de 1918 también hace su aporte al constituirse desde un imaginario latinoamericanista, formulado de manera explícita desde el Manifiesto Liminar de los jóvenes de Córdoba. Este antiimperialismo previo constituye una sensibilidad cultural y política sedimentada que precede y desborda los esquemas teóricos de la Comintern, y sobre la cual sus iniciativas encuentran condiciones de recepción favorables.
Una de las primeras iniciativas de la Comintern en la región es la creación, en 1924, de la Liga Antiimperialista Panamericana en México, que al año siguiente de su fundación es rebautizada como Liga Antiimperialista de las Américas (LADLA). El caso de la LADLA es el primer antecedente de una iniciativa política y organizativa que, vinculada con la Comintern, fomenta la unidad de concepciones antiimperialistas y latinoamericanistas, trazando a su vez solidaridades globales que se extienden más allá del continente. De esta forma, la LADLA realiza campañas por la independencia de Filipinas, la libertad de Julio Antonio Mella, la solidaridad con Haití y el apoyo a Augusto César Sandino en Nicaragua (Kersffeld, 2007a; 2007b, 2010).
Algunos de los más reconocidos miembros de la LADLA, como el mismo Mella (entonces presidente de la Liga), el argentino Manuel Ugarte o el peruano Haya de la Torre participan del Congreso Mundial contra el Imperialismo y la Opresión Colonial, celebrado en Bruselas en 1927, que representa un intento de la Comintern por mundializar la resistencia, articulando las reivindicaciones latinoamericanas con los movimientos anticoloniales de Asia y África, y resuelve la creación de la Liga contra el Imperialismo y por la Independencia Nacional (LCI o LAI, por sus siglas en inglés; Petersson, 2005).
Sin embargo, el VI Congreso de la Comintern, realizado en 1928, modifica la estrategia del “Frente Único” por la de “Clase contra Clase”, inaugurando lo que se conoce como “Tercer Período” de la Internacional Comunista. Este viraje lleva a que el accionar de la LADLA y de los propios Partidos Comunistas latinoamericanos se vea afectado en la política de funcionamiento que, hasta ese momento, contemplaba la necesidad de promover acuerdos con el reformismo obrero o con las burguesías locales (Camarero, 2007). Bajo esta nueva directriz, la LADLA pierde su fisonomía de frente amplio; la exigencia de un liderazgo puramente obrero desplaza a los intelectuales y sectores reformistas —tildados ahora de pequeñoburgueses—, lo que explica la homogeneidad ideológica y el cierre de filas que caracteriza a las conferencias posteriores de la Liga. Durante este nuevo período, las fuerzas políticas que no adscriben a los lineamientos de la Comintern son caratuladas como reaccionarias o fascistas y rechazadas por la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, que se realiza en Buenos Aires en junio de 1929, con la idea de consolidar la hegemonía del PCUS sobre los PC del continente (Massholder, 2020, p. 53).
Como parte del trabajo de la Comintern y los sectores afines a la misma en América Latina previamente a la Guerra del Chaco, nos interesa mencionar lo que en La Correspondencia Sudamericana Paulino González Alberdi caracteriza como “tres importantes Congresos Antiimperialistas” celebrados en 1929.2 Nos referimos al Primer Congreso Sindical Latinoamericano, realizado en Montevideo en mayo; la Primera Conferencia Antiimperialista Nacional, organizada en Buenos Aires entre mayo y junio; y la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, realizada también en Buenos Aires a mediados de junio. En los tres eventos el tema de la guerra, y concretamente la posibilidad de una guerra entre Bolivia y Paraguay, ocupa un lugar central debido a que, en diciembre de 1928, se producen enfrentamientos fronterizos entre ambos países que ponen en alerta al movimiento comunista continental.
La Primera Conferencia Antiimperialista Nacional, convocada por la Liga Antiimperialista (Grupo de Izquierda), resulta un importante precedente de la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, y permite observar que las Ligas Antiimperialistas que formaban parte de la LAI consideran como su campo de acción principal tanto a los países de Asia y África, ocupados por el imperialismo, como también a aquellos —como los latinoamericanos— en los que se desarrolla una fuerte competencia por la influencia económica entre múltiples potencias. De esta manera, como menciona Kersffeld, los debates de la Conferencia Antiimperialista Nacional de 1929 tienen una proyección latinoamericana y global al dar cuenta de la lucha de otros pueblos (el nicaragüense, el venezolano, el chino, el marroquí), sometidos de distinta manera por las potencias capitalistas (Kersffeld, 2013, p. 177). De este modo, la Conferencia opera menos como instancia de transmisión de una línea política que como espacio de cristalización de sensibilidades antiimperialistas que, hasta ese momento, circulan de manera difusa en redes intelectuales, inmigrantes y militantes.
El tercer encuentro, y el más significativo, la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, se realiza en Buenos Aires en junio de 1929, y allí se reafirma la validez de las conclusiones del VI Congreso de la Comintern para la región. De esta manera, las principales conclusiones de la conferencia son: i) reafirmar el postulado de que el capitalismo se encuentra en un “Tercer Período”, donde se agudiza tanto la explotación de los trabajadores como las contradicciones interimperialistas y el peligro de guerra, profundizándose también la lucha de clases; ii) que los principales imperialismos que confrontan por el dominio del mundo y también de la región latinoamericana son el estadounidense y el inglés; y iii) los países coloniales y semicoloniales representan elementos fundamentales de la inestabilidad capitalista. En esta conferencia también ocupa un lugar central el tema de la guerra —en cualquiera de las tres categorías definidas por la Comintern: guerra contra la URSS, guerra de liberación nacional y guerra interimperialista—, además de la posibilidad de que estallen conflictos entre países latinoamericanos. En estas discusiones, el conflicto chaqueño aparece como el caso testigo de la rapiña imperialista, donde se identificaba a Bolivia como un peón de la Standard Oil estadounidense y a Paraguay como instrumento de la Royal Dutch Shell británica:
La Conferencia ha analizado como la lucha imperialista internacional repercute en forma directa sobre la vida de los países latinoamericanos, como el conflicto entre Paraguay y Bolivia era y es fomentado por el imperialismo inglés y americano, cómo la “solución” de la cuestión de Tacna y Arica pone en manos de América del Norte un arma poderosa —generadora de futuros conflictos—, como es la de ser árbitro absoluto en las divergencias que puedan surgir en el futuro entre esos países, cómo las amenazas de guerra entre Honduras y Guatemala son el resultado de rivalidades económicas entre empresas imperialistas; cómo, en fin, el imperialismo americano disputa al inglés los puntos estratégicos de las costas del Pacífico de la América Latina, con vistas a la futura guerra del Pacífico (La Correspondencia Sudamericana, 1929 (15), p. 6).
La Conferencia señala que en los PC latinoamericanos existe una subestimación general de los peligros de guerra, provocada por un cierto localismo o provincialismo de los partidos y por su aislamiento respecto de los problemas internacionales. Esto puede observarse, por ejemplo, en que “la experiencia de la guerra entre Paraguay y Bolivia, peligro real, no ha hecho reaccionar a los partidos latinoamericanos de una manera efectiva, lo que representa para el conjunto del movimiento latinoamericano un peligro muy grave” (La Correspondencia Sudamericana, 1929 (15) p. 7). La Conferencia concluye que, ante cualquier estallido bélico, la consigna de la Comintern debe ser la transformación de esa guerra en guerra civil, contra el imperialismo y la burguesía nacional, agente del mismo, y por el gobierno obrero y campesino, con lo cual se hace necesario combatir la deserción individual “ya que la experiencia internacional ha demostrado que la negativa al alistamiento en caso de guerra no representa una consigna de carácter revolucionario” (La Correspondencia Sudamericana, 1929 (15) p. 14).
El Congreso Antiguerrero Latinoamericano
La Guerra del Chaco comienza en septiembre de 1932, y rápidamente el Secretariado Sudamericano de la Comintern y organizaciones a él vinculadas, como la Confederación Sindical Latinoamericana (CSLA), comienzan a organizar acciones antiguerreras. En noviembre El trabajador latinoamericano, órgano de prensa de la CSLA, anuncia la convocatoria del Congreso Antiguerrero Latinoamericano, a realizarse en febrero de 1933, en la ciudad de Montevideo (El trabajador latinoamericano, 1932, pp. 51-52).
El Congreso Antiguerrero Latinoamericano comienza a sesionar el 11 de marzo de 1933, en la Casa de los Sindicatos de Montevideo. Según La Internacional, periódico del PCA, el evento reúne a cuatrocientos cuarenta y seis delegados y delegadas de toda América, de los cuales trescientos sesenta y dos son obreros industriales, doce campesinos y jornaleros, cuatro artistas, veintitrés intelectuales y cuarenta y cinco estudiantes (Stefanoni, 2014, p. 30). La comisión organizadora está a cargo del secretario de la CSLA, Miguel Contreras, la escritora Nydia Lamarque y el escritor uruguayo Bernabé Michelena, estos últimos respectivamente a cargo de los comités antiguerreros en Argentina y Uruguay. Del Congreso surge un Comité Latinoamericano contra la Guerra Imperialista, que edita el primer número de Frente Anti-Guerrero en septiembre de 1933 (Pittaluga et al, 2007, p. 13). Estas iniciativas no se limitan a la producción teórica o editorial: las sensibilidades antiguerreras se expresan también en repertorios de acción directa orientados a obstaculizar la logística del conflicto, como el intento de boicot en el puerto de Buenos Aires al barco Amberes, que transportaba armas a Paraguay, en diciembre de 1932, o la irrupción de mujeres comunistas en el Consulado de Paraguay en Rosario, que impiden la realización de un acto de recolección de fondos para la Cruz Roja paraguaya, en una confrontación que termina con varios detenidos y heridos (Hernández, 2016, pp. 118-119). De esta manera, la pregnancia de esta sensibilidad antiimperialista y antibélica se muestra capaz de movilizar prácticas concretas en el territorio.
En su concepción amplia de la unidad, que incluye a sectores intelectuales y la pequeña burguesía de posiciones antifascistas, el Congreso se inspira en el movimiento Ámsterdam-Pleyel,3 mediante el cual la Comintern comienza a revertir la política de “Clase contra Clase” propia del “Tercer Período”. No obstante, esta apertura es más formal que metodológica: si bien la Comintern promueve una imagen de unidad convocando a diferentes sectores intelectuales, políticos y sociales, las prácticas orgánicas siguen ancladas en la rigidez del período anterior, lo que genera un cortocircuito entre la convocatoria amplia y el sectarismo con el que se abordan las discusiones. El evento es presidido por el intelectual argentino Aníbal Ponce, quien en el discurso inaugural caracteriza a la Guerra del Chaco como resultado de la confrontación global interimperialista. Ponce afirma que, en todo el planeta, se respira la certeza de una nueva conflagración mundial, pero que “en el sistema social en el que vivimos, lo asombroso no es la guerra, lo asombroso es la paz”, ya que “una sociedad fundada en la concurrencia no puede vivir ni prosperar sino aplastando cada día a algún nuevo rival” (Ponce, 1974, pp. 199-200). Por eso, asevera:
En este momento de la civilización humana no hay conflictos circunscriptos y cerrados. La guerra en China,4 la guerra en el Chaco, la guerra en Leticia,5 son expresiones alejadas de un parejo proceso histórico que las vincula y explica, y que por lo mismo que las levanta a un plano idéntico exige para todas la misma solución (Ponce, 1974, p. 202).
De esta manera, el Congreso se asienta sobre una lectura general de la guerra como parte de las contradicciones interimperialistas propias del “Tercer Período” del capitalismo, como lo caracteriza la Comintern. Ponce agrega que, con la crisis económica de 1929, “una nueva guerra de rapiña fue para cada Estado imperialista la única manera de evitar por un tiempo su derrumbe” de forma tal que se propone “el reparto de China, que Japón ya comenzó” como una solución provisional. Sin embargo, sostiene el intelectual argentino, otro objetivo “menos confesable, disimulado, secreto” es “la última esperanza del capitalismo agonizante: asestar a Rusia una puñalada por la espalda, y destruir con ella, quién sabe por cuánto tiempo, la patria proletaria” (Ponce, 1974, p. 201). Esta premisa es fundamental para entender la ruptura interna del Congreso: para el bloque nucleado en la Comintern, la oposición a la Guerra del Chaco es inseparable de la salvaguarda de la URSS, mientras que, para las delegaciones anarquistas y sectores opositores, esta jerarquización de conflictos subordina la lucha antiguerrera local a los intereses geopolíticos de Moscú.
La competencia imperialista cumple entonces, para Ponce, la función de proveer, a las diferentes potencias capitalistas, de materias primas y zonas de influencia “en la nueva guerra mundial que se prepara”. En ese contexto, “dos de los imperialismos que se disputan hoy la hegemonía en el mundo han trasladado así, sobre el escenario de América, sus antagonismos irreconciliables”. De esta forma, Ponce concluye que “si las guerras actuales son la consecuencia necesaria del capital llegado a su fase imperialista, no hay otra manera de evitarlas sino destruyendo el sistema económico y social que las produce” debido a lo cual no es necesario ir a combatir a un enemigo fuera de las fronteras del propio país, sino más bien, apuntar hacia las burguesías nacionales “que secundan con su servilismo los designios imperialistas”. Mientras el capitalismo tenga en sus manos el control de las fuerzas productivas, piensa Ponce, podrá disponer de las masas para llevarlas a la guerra. Por esto, los pacifismos que depositan su esperanza en la Sociedad de Naciones o en los Tribunales de Arbitraje, distraen a las masas y las entregan maniatadas a la guerra. Ponce sostiene que “contra las guerras se lucha mediante acciones efectivas largamente preparadas: movilizando a las masas, deteniendo los trenes, paralizando los buques” (Ponce, 1974, p. 204; las bastardillas son nuestras).
El objetivo del Congreso es, entonces, “dar a las masas de América las líneas directrices de una conducta eficaz, para que las fuerzas magníficas que guardan en reserva no se agoten en la dispersión y la anarquía”. El discurso finaliza afirmando la necesidad de constituir un frente único antiguerrero y antiimperialista, y celebrando que “por vez primera en la historia de América, obreros y campesinos, estudiantes y empleados, indios y negros, escritores y artistas, afirmarán sobre un frente de escala continental la voluntad inquebrantable de disponer de sus destinos” (Ponce, 1974, p. 205).
Sin embargo, aunque las distintas corrientes presentes en el Congreso comparten la oposición a la Guerra del Chaco, la interpretan desde sensibilidades políticas profundamente divergentes. Para los sectores nucleados en torno a la Comintern, el conflicto chaqueño no parece ser un motivo de preocupación en sí mismo, sino en tanto es considerado como preludio de una agresión imperialista a la URSS: de ahí que la lucha antiguerrera sea para estos actores inseparable de la defensa de la “patria proletaria”. Para los sectores trotskistas, en cambio, la Guerra del Chaco se convierte principalmente en un escenario más de la confrontación con el estalinismo, lo cual —más allá de la incuestionable sensibilidad antiguerrera de los militantes trotskistas y su sincero compromiso antiimperialista— contribuye a que el Congreso se convierta en un campo de disputa antes que en un espacio de unidad. Por su parte, los anarquistas —que asisten al Congreso con delegaciones numerosas, destacados referentes como Simón Radowitzky, y una ponencia propia— interpretan la guerra como un crimen en sí misma, independientemente de quiénes sean sus contendientes. Los anarquistas sostienen la consigna de “Guerra a la guerra”, que no admite jerarquizaciones ni excepciones, y por ello promueven la deserción individual de los soldados como una forma legítima —y necesaria— de resistencia, contrariamente a lo que sostiene la Comintern. Estas divergencias no son únicamente político-ideológicas, sino que expresan diferentes modos de sentir y posicionarse con respecto al conflicto armado, que hacen imposible la unidad que el Congreso se propone.
Aunque el Congreso no logra constituir un frente único para coordinar acciones contra la guerra en el Chaco, el encuentro funciona, paradójicamente, como punto más alto de una concepción del antiimperialismo: logra la mayor movilización continental de la década, pero al ser incapaz de procesar la diversidad de la izquierda, agota la energía militante justo cuando el conflicto bélico entra en su fase más cruenta. Como sostiene Hernández (2004, 2020), más que un punto de partida para el relanzamiento de la lucha contra la guerra, el Congreso es la culminación del esfuerzo antibelicista impulsado desde las organizaciones comunistas, ya que de ahí en adelante se advierte una clara declinación de la agitación antibélica, el retorno a la clandestinidad del Secretariado Sudamericano de la Comintern, y el ocaso de las Ligas Antiimperialistas, que pronto son reemplazadas por las Ligas Antifascistas, más acordes a la táctica del Frente Popular.
Córdoba: un nodo de la militancia antiimperialista y antiguerrera
Como sostiene Stefanoni (2015), la ciudad de Córdoba reúne en esta época una serie de características particulares que la convierten en un terreno fértil para la sedimentación de una sensibilidad antiimperialista y antiguerrera compartida. Entre ellas, las más importantes a mencionar son: i) la existencia de un importante núcleo de antiguos reformistas universitarios como Deodoro Roca o Gregorio Bermann; ii) la presencia de un activo grupo de exiliados bolivianos y paraguayos de izquierda, como Tristán Marof y Oscar Creydt; iii) la existencia de militancia socialista y comunista que, como vimos anteriormente, da a la temática antiguerrera un lugar central en su política, y iv) el papel progresista que en ese momento adopta parte de la prensa local, como el diario local La Voz del Interior, al difundir posiciones obreristas y antiimperialistas. Esta convergencia de tradiciones político-intelectuales heterogéneas, aunque no cristaliza en un programa unificado, articula una sensibilidad antiguerrera que trasciende las fronteras partidarias y nacionales. En este contexto, dos revistas emergen en la ciudad como expresión material de estos afectos e interpretaciones compartidas: América Libre y Flecha, ésta última constituida como órgano del Comité Pro Paz y Libertad de América (CPPYLA).
Aunque ambas revistas aparecen en los momentos previos a la finalización del conflicto, tanto los sectores que las impulsan como gran parte de sus contemporáneos no sólo suponen que la guerra está lejos de terminar, sino que consideran probable que las confrontaciones se extiendan a todo el continente sudamericano, con la incorporación de nuevos países a los bandos en pugna. América Libre, en sus primeros números (junio-septiembre 1935), sostiene que las negociaciones de paz son ilusorias y que la confrontación imperialista continúa, aunque la revista comienza a prestar mayor atención a conflictos de otras regiones, como la invasión italiana de Etiopía.6 En su tercer número, la revista se concentra tanto en el panorama interno de Bolivia, donde los sectores políticos de exiliados han constituido el Partido Obrero Revolucionario (POR), de orientación trotskista, que cuenta a Marof entre sus fundadores. Este número también otorga un lugar central a los acontecimientos mundiales que revelan la continuación de la confrontación imperialista, especialmente la invasión italiana de Etiopía (América Libre, (3), pp. 21-24). En el cuarto número, hay un llamado del CPPYLA contra la guerra en África, que contempla los dos elementos claves de la política del Comité: la denuncia de la guerra imperialista y la convocatoria a un frente popular contra el fascismo y el imperialismo:
Frente al trágico instante que atraviesa el mundo a causa de la criminal aventura fascista de Mussolini en África, esta Entidad dará en el corriente mes un categórico manifiesto condenando esa guerra imperialista. Hará también un llamado a todas las organizaciones pacifistas y democráticas del país invitándolas a unirse en un frente común para contrarrestar los avances del fascismo y del imperialismo (América Libre, (4), p. 23).
Como podemos observar con la publicación de documentos del CPPYLA en América Libre, revista que además incluye en sus páginas publicidad para que sus lectores adquieran Flecha, los lazos entre ambas publicaciones, así como entre Marof, Creydt, Setaro, Roca y otros intelectuales de izquierda radicados en Córdoba son sumamente intensos, aun proviniendo de tradiciones políticas diferentes. Esta convivencia material evidencia la configuración de una sensibilidad antiguerrera compartida que no requiere de homogeneidad ideológica para operar como marco interpretativo común del conflicto chaqueño. Esta convivencia material en el espacio urbano cordobés permite la configuración de un espacio de relectura y reelaboración política de categorías internacionales (Stefanoni, 2015), donde los marcos de la Comintern se hibridan con la radicalización de los exiliados, permitiendo una libertad crítica que en los centros partidarios de Buenos Aires podría haber sido rápidamente sancionada como desviacionismo. Al mismo tiempo, esta sensibilidad antiguerrera se enriquece de otras tradiciones políticas —reformismo universitario, socialismo— y de experiencias sociales y organizativas diversas, como las organizaciones de mujeres (como ha trabajado Manzoni, 2023), y el sindicalismo, ampliando así su base social más allá de los círculos intelectuales.
En vinculación con este ambiente intelectual y político, Deodoro Roca, junto a otros antiguos reformistas universitarios, encarna y proyecta públicamente la sensibilidad antiguerrera frente a los debates generados por la Guerra del Chaco, a la que interpreta como un desafío directo a la política de hermandad latinoamericana postulada por la Reforma de 1918. En el primer número de América Libre, se reconoce que los líderes “más inteligentes y honrados” del movimiento reformista “se lanzan nuevamente a la pelea”, y que
el gesto de los intelectuales cordobeses, formando el ‘Comité Pro-Paz de América’ (América Libre, (1), p. 6) y dirigiéndose a todo el continente, ha sido respondido con entusiasmo y calor. En Montevideo, Buenos Aires y Santiago de Chile se han realizado actos públicos y mítines, acusando a las Compañías petroleras de haber fomentado el conflicto del Chaco (América Libre, (1), p. 6).7
El CPPYLA se constituye en abril de 1935. Su manifiesto fundacional, “¡Por la paz de América!”, afirma que entre sus objetivos centrales se encuentra responder ante el momento de peligro que vive la región y “buscar los medios para determinar la cesación de una guerra que amenaza con hacerse, a breve plazo, guerra continental” (Roca, 1956, p. 231). Este mismo documento sostiene la necesidad de realizar “una intensa campaña de agitación a fin de organizar un vasto frente popular americano: Por la paz del Chaco, por la defensa de las libertades democráticas en el continente y por su liberación del imperialismo”. Como indica Bergel (2012), el CPPYLA puede filiarse en una familia de agrupaciones de intelectuales que, en la década de 1930, da cauce a una sensibilidad política antifascista; entre esas agrupaciones se destacan la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores (AIAPE), de orientación comunista, y la Acción Argentina, liberal-socialista. Entre las actividades más significativas del CPPYLA durante el desarrollo de la Guerra del Chaco se encuentra el mitin antiguerrero multipartidario, realizado el 5 de mayo de 1935, en la Plaza General Paz de la ciudad de Córdoba donde, en el marco de la política de unidad impulsada, participan la Federación Universitaria y de Estudiantes Secundarios, la Juventud Radical, la Agrupación Femenina Antiguerrera, la Juventud Socialista y la Federación Juvenil Comunista (Stefanoni, 2015, p. 187). Tanto el manifiesto fundacional del CPPYLA como el acto del 5 de mayo materializan tempranamente, en el contexto latinoamericano, dinámicas de unidad antifascista y antiimperialista que la Comintern formalizará pocos meses después en la política de “Frentes Populares” aprobada durante su VII Congreso, celebrado entre julio y agosto de 1935. Los debates sobre unidad antifascista ya circulaban en el seno de la Internacional desde 1934, impulsados por el movimiento Ámsterdam-Pleyel y por las discusiones preparatorias del propio VII Congreso. La particularidad de la experiencia cordobesa es que da cuenta de una expresión periférica y temprana de esa tendencia en circulación, una capacidad de interpretarla creativamente, con relativa autonomía respecto a las direcciones partidarias centrales. Esto también se expresa en la pertenencia de sus referentes a otras organizaciones antifascistas y antiimperialistas, como la adhesión de Deodoro Roca a la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, de la cual es referente en Córdoba (Reboursin, 2008).8
Flecha publica su primer número, como órgano del CPPYLA, en noviembre de 1935. Allí incluye un artículo de Tristán Marof sobre la situación boliviana de la posguerra. Según el autor “el Chaco resultó una trampa magnífica y exterminadora de la mejor juventud boliviana”, aprovechada por “la feudal-burguesía” y el imperialismo para “evitar la revolución que en las entrañas del pueblo boliviano germina desde hace años” (Flecha, (1), p. 2). La lucha en Bolivia, afirma Marof, continúa y cuenta con un poderoso instrumento que es el POR. La revista también sigue atentamente las negociaciones de paz en el Chaco; en este primer número se publica una carta del revolucionario comunista paraguayo Oscar Creydt, exiliado en Argentina, acerca de las tensiones en las negociaciones de paz, situación que se actualiza en el cuarto número de la revista con otra carta del mismo autor. En ambos casos, Creydt refiere a las tensiones entre los intereses “angloargentinos” y estadounidenses, responsables tanto de los inicios del conflicto como de la posible ruptura de la mesa de negociaciones, lo cual amenaza con el regreso de las hostilidades.
Un capítulo central en la militancia antiguerrera de Deodoro Roca es el discurso “Los anglo-argentinos en el Chaco norteamericano”, que pronuncia en el acto del Partido Socialista realizado en el teatro Coliseo de Buenos Aires, en 1935.9 Es interesante abordar esta intervención a partir de “Paz y petróleo”, un trabajo previo que Roca escribe en 1929, donde afirma que la contienda más dramática de su tiempo “es la lucha de dos leviatanes; la Standard Oil Company y la Shell Company, bajo cuyas banderas, entre diferentes denominaciones, se agrupan los petroleros yanquis y los británicos; el grupo americano y el grupo europeo”. Roca analiza las disputas internacionales en torno al petróleo, anticipando que “la maratón del petróleo se correrá, muy pronto, en la América del Sur” (Roca, [1929] 1956, p. 258). Es notable cómo Roca, sin adscribir orgánicamente a la Comintern en ese momento, coincide plenamente en el diagnóstico de que la fase imperialista del capital convierte a la paz en un simple armisticio técnico para preparar la siguiente confrontación.
Consideramos que, en este breve escrito de 1929, se encuentran ya las bases conceptuales generales con las que Roca analiza la Guerra del Chaco, en 1935, como resultado de la confrontación interimperialista propia de las contradicciones del capitalismo internacional:
La guerra en el Chaco es el encuentro cauteloso en un campo semicolonial de los dos grandes imperialismos rivales lanzados a la conquista de un combustible que es vital para la subsistencia de ambos imperios. En el Chaco no se combate por otra cosa. Ni siquiera por la defensa nacional. Y mucho menos por la afirmación de los derechos históricos. El Chaco sólo puede ser visto con luz de petróleo (Roca, 1956, p. 245).
En el mismo discurso, con notables similitudes con Ponce, Roca afirma traer desde Córdoba un mensaje pacifista “pero no del pacifismo recalentado de protocolo y de ‘Tedeum’, para uso de diplomáticos, de congresales y de periodistas”, ni tampoco un pacifismo “inefable y dulzón para colgar de los balcones y las banderas […] para el cual el más vasto y auténtico dolor humano nada cuenta”. “Para provocar la paz, yo traigo un mensaje de guerra”, enfatiza. Para esto, Roca diferencia la guerra “como estado”, la cual puede terminar y encenderse nuevamente en las mesas de los diplomáticos, de la guerra “como proceso”, la cual “solo puede terminar con el régimen social, económico y político que la produce, como el árbol al fruto”. De estos dos tipos de guerra, el intelectual cordobés deriva dos tipos de pacifismo, uno que fabrica “conferencias, discursos, banquetes, ejércitos, armadas, armas. A la postre, guerras”, y otro que “encienden la guerra interior: contra la mentira, contra la opresión”. Este segundo tipo es el que propugna el CPPYLA, ya que es “el único pacifismo que puede conducir a la paz”, porque “se propone herir en sus raíces a la guerra” (Roca, 1956, p. 237).
Este segundo tipo de pacifismo que Roca propugna no es sólo resultado de afinidades político-partidarias, sino la expresión de una sensibilidad humanista (el rechazo al sacrificio de vidas trabajadoras y la denuncia de los crímenes de la guerra) que se combina con una capacidad de análisis que identifica la disputa interimperialista por el petróleo como la causa estructural del conflicto y denuncia las justificaciones de los países beligerantes que invocan “el honor nacional”. Este modo de sentir y pensar la guerra tiene muchos puntos de contacto con la consigna de la Comintern de “transformar la guerra interimperialista en guerra civil”, en tanto ambas formulaciones consideran la etapa actual del capitalismo y la confrontación interimperialista como las causas de la política guerrerista, de forma tal que “sólo la desintegración del orden capitalista puede poner fin a la estructura social que provoca la guerra” (Roca, 1956, p. 238).
En este mismo sentido se posiciona el periodista y militante comunista cordobés Ricardo Setaro, quien escribe una serie de crónicas sobre la guerra, tanto en la revista Contra como en el diario Crítica, y publica dos libros, Imágenes secretas de la Guerra del Chaco (1935) y Secretos de Estado Mayor (1936).10 En este último libro, en el mismo sentido que el contenido en el discurso de Roca de 1935, Setaro manifiesta que “la vida es lucha. Todos cuantos viven deben luchar. La paz permite la expectancia. Pero estamos en guerra. No la guerra de los Estados Mayores. Estamos en la guerra decisiva. La guerra para la destrucción de la guerra” (Setaro, 1936, p. 108).
En ambos libros, la principal característica —común con las fuentes previamente abordadas— es la identificación de la Guerra del Chaco como un conflicto motivado por la confrontación interimperialista que se disputa los recursos petroleros:
En el Chaco se ha cometido un crimen. Cien mil hombres, en su mayoría obreros, campesinos y estudiantes, han sido asesinados para satisfacer el afán de lucro de las burguesías nacionales de Paraguay y Bolivia, entregadas sin control en brazos de los imperialismos petroleros que luchan por la repartija de los mercados del mundo (Setaro, 1936, p. 23).
En Imágenes secretas de la Guerra del Chaco, Setaro utiliza la fotografía para denunciar la “tragedia muda” de las trincheras. Sus imágenes no retratan héroes, sino cuerpos extenuados, mutilados y sedientos, construyendo una narrativa visual que despoja al conflicto de cualquier mística nacionalista para exhibirlo como un sacrificio humano en función de intereses ajenos. Al comienzo del trabajo, el autor realiza una declaración de principios:
No somos partidarios de Bolivia ni del Paraguay. Lo advertimos por si ello no surge del texto. Es posible que, por consignar más información de origen paraguayo, aparezcamos como defendiendo a Bolivia, Confesamos que en Bolivia hemos permanecido muy poco tiempo y que allí más difícil la tarea documental. Pero insistimos en que no nos interesa ninguno de los dos países, como naciones. Tanto Paraguay como Bolivia, para nosotros, sólo tienen valor de existencia en cuanto masas laboriosas explotadas por cuya independencia es necesario luchar (Setaro, 1935, p. 4).
En la mayoría de las fotografías que incluye en su libro, Setaro registra la tragedia humana y el sufrimiento de los soldados, médicos y civiles de ambos países, reforzando de esta manera un discurso visual antiguerrero que se expresa, por ejemplo, en las mutilaciones provocadas por el armamento defectuoso y la insuficiente instrucción con la que son enviados al frente los soldados (Imagen 1).

Setaro también hace énfasis en la hostilidad del territorio donde se libra la lucha. Una geografía carente de carreteras, ciudades y fundamentalmente de agua, lo que provoca que la sed sea una de las principales causas de muerte para los soldados (Imagen 2).

El autor cordobés no toma en cuenta únicamente las mutilaciones físicas, sino también el grave daño psicológico que afrontan los sobrevivientes de las batallas (Imagen 3). En este sentido, sostiene que
Hay otras mutilaciones que no se reemplazan llevando muletas. Muchos hombres enloquecidos. La herida fue interna. Algo se quebró y una carcajada incongruente señaló el punto de partida de la locura. Cientos de locos ocultan su drama en algún rincón de los hogares de Paraguay y Bolivia. Ellos también están mutilados. La guerra les amputó la razón. Una esquirla de granada, sin tocarlos, les seccionó el conocimiento. Hay hombres que no oyen nada más que ruido de motores (Setaro, 1935, p. 17).

De la misma manera que Imágenes secretas de la Guerra del Chaco se centra en demostrar el accionar de los sectores dominantes paraguayos y sus responsabilidades en la guerra, Secretos de Estado Mayor es una denuncia del accionar de los jefes políticos y militares de Bolivia, y del destrato a los soldados, así como de los intereses que motivan la preparación y el estallido de la guerra. Setaro sostiene que, en Bolivia, existe una casta militar que
Siguiendo las inspiraciones de sucesivos gobiernos sometidos a los intereses de la Standard Oil, en particular, y del imperialismo yanqui, en general, había venido preparando una campaña guerrera, destinada a apoderarse violentamente del Chaco en litigio, para buscar una salida al petróleo por el río Paraguay, y creando para la misma un ambiente popular necesario, haciéndola aparecer como una empresa de reivindicación nacional, lucha por el honor de la patria, etc. (Setaro, 1936, pp. 60-61).
En las anteriores citas también podemos observar cómo el enfoque de Setaro traza una frontera borrosa entre el imperialismo extranjero, las burguesías “nacionales” de los países beligerantes, y las castas militares de los mismos, lo cual lo hace advertir el peligro de que la guerra y la crisis económica creen las condiciones para un avance del fascismo en la región.11 Especialmente considera que, con el golpe de Estado en Bolivia que derroca a Salamanca, en 1934, ese país ha entrado en una situación en la cual, ante la existencia de un “deseo hondo de cambiar las cosas” en el pueblo, la burguesía prepara una respuesta represiva con características fascistas. Concluye así que “la lucha está planteada. Las líneas están tendidas. De un lado la burguesía con sus Saavedra, sus Zalles, sus Patiño, del otro el proletariado, los trabajadores, los estudiantes, los intelectuales, la masa campesina más apta” (Setaro, 1936, p. 99).
Las crónicas de Setaro testimonian el fuerte arraigo de la sensibilidad antiimperialista y antiguerrera que se cultiva entre los intelectuales de Córdoba, para quienes la guerra no es un emergente del honor nacional o de las “justas reivindicaciones patrióticas” paraguayas o bolivianas, sino una dinámica estructural que sacrifica al sujeto trabajador de ambos pueblos en favor de los intereses de las burguesías y sus aliados imperialistas. Esta sensibilidad antiguerrera compartida —que conecta a Roca, Setaro, Marof y Creydt más allá de sus diferencias ideológicas— no reduce la paz al cese de hostilidades, sino que la concibe como un horizonte inseparable de la transformación de las condiciones sociales que producen la guerra: la eliminación del capitalismo y el imperialismo.
El antiguerrerismo en las revistas Contra, Cauce e Izquierda
La Revista Contra,12 dirigida por el escritor y poeta Raúl González Tuñón, se ocupa en varias ocasiones del problema del imperialismo en relación con el petróleo, incluyendo la Guerra del Chaco, considerada como un acontecimiento derivado de estas disputas entre el imperialismo estadounidense y el británico. En el segundo número de la revista (publicado en mayo de 1933), encontramos un brevísimo apartado titulado “El petróleo”, que introduce el problema de la pugna interimperialista: “Mientras huele a petróleo la provincia de Salta —baluarte del uriburismo— sigue la discusión. Detrás de Salta está el imperialismo yanqui. Por desgracia, creemos que detrás de quienes defienden el petróleo salteño denodadamente está el imperialismo inglés […] Vamos bien” (Contra, 1933a, (2), p. 2).
Es importante mencionar que, en el caso de Contra, el perfil de los intelectuales que participan en sus páginas, muy cercano al Partido Comunista y a la línea oficial de la Comintern, cultivar una sensibilidad antiimperialista, antifascista y antiguerrera no solo desde las notas de análisis político o ideológico, sino también desde sus intervenciones en los campos del arte y de la literatura (característica que comparte con América Libre y Flecha), ocupando la poesía un lugar central. Esta sensibilidad compartida articula, a su vez, solidaridades internacionales concretas que trascienden los marcos nacionales. De esta manera, también en el segundo número de la revista, encontramos “El poema internacional” firmado por el propio González Tuñón, el cual traza un panorama de oscuridad ante los peligros de guerra en el mundo: “Están reunidos los miembros de la conferencia de desarme / El humo de todas las usinas prepara las banderas de la guerra / Japón envía un ultimátum a la China / […] no queremos que Gandhi muera por nosotros” (Contra, 1933b, (2), p. 13).
En su tercer número, Contra incluye, en su sección inicial, un amplio apartado titulado “Comité Latinoamericano contra la guerra imperialista”, en el cual se reproduce un documento elaborado por el Secretariado de dicho Comité, con sede en Buenos Aires, que “acuerda en dar cumplimiento a la resolución del Congreso Antiguerrero de Montevideo sobre la celebración de una Jornada Continental Contra la Guerra, fijando para tal acto el próximo 1° de agosto, aniversario del estallido de la última guerra mundial”, y afirma que la jornada debe ser expresión de “la lucha contra las contiendas imperialistas, contra la inminencia de nuevas guerras y contra el hoy más que nunca grave peligro de una intervención imperialista contra la URSS”. Sobre la situación específica de Sudamérica agrega que
Frente a la repentina agudización y extensión del conflicto del Chaco, a raíz de la declaración de guerra del Paraguay, impuesta por la alianza argentino-chilena y de la declaración argentina sobre Puerto Casado, frente a la ruptura anglo-soviética, ante las oleadas de sangre que inunda Alemania y ante la consolidación del pacto de las cuatro potencias, preludios de la agresión al proletariado ruso, frente a esta alarmante y general ofensiva del imperialismo contra las naciones oprimidas de la América Latina y su aliado, la Unión Soviética, esta JORNADA CONTINENTAL CONTRA LA GUERRA ha de servir para congregar a las masas laboriosas […] en un grande y combativo movimiento contra la dominación extranjera y sus sostenedores, las clases opresoras nativas (Contra, 1933c, (3), p. 2).13
En Contra —y también en algunos artículos de América Libre y Flecha— se expresa una sensibilidad antiimperialista anclada en una lectura de clase que articula solidaridades concretas que ubican la defensa de la URSS como una tarea primordial, por considerar a este país un aliado de las naciones coloniales o semicoloniales, pero que, a su vez, contemplan la necesidad de que la lucha antiguerrera se lleve adelante de forma conjunta con los trabajadores de las metrópolis imperialistas. En este sentido, podemos observar cómo para los sectores ligados a la Comintern la solidaridad antiimperialista es, muchas veces, la forma en la que se traduce una sensibilidad cuya tarea más urgente es la defensa de la URSS. Consideramos que en numerosas ocasiones estos sectores no están cultivando la solidaridad de la URSS con los países agredidos por las guerras o el saqueo imperialista, sino precisamente la actitud inversa: pretenden forjar en las clases obreras de los países coloniales o semicoloniales una sensibilidad que las lleve a sentir a la URSS como su propia patria, por encima de sus países de origen.
Por otro lado, la fractura interna del socialismo argentino expresa la coexistencia de sensibilidades políticas divergentes, Mientras la dirección oficial adopta una postura pretendidamente neutral o legalista —que percibe el conflicto en clave diplomática y de derecho internacional—, los sectores de izquierda representados por Giudici o Aráoz Alfaro expresan una sensibilidad antiguerrera que identifica el Chaco como crimen imperialista y utilizan la revista Izquierda para denunciar la complicidad de las burguesías nacionales con el capital petrolero. Entre las revistas ligadas a los sectores de izquierda del socialismo, nos interesa repasar brevemente Cauce e Izquierda. La primera de estas revistas, Cauce, tribuna del pensamiento marxista, publica nueve números entre septiembre de 1933 y agosto de 1934, y es dirigida por el escritor y militante socialista (posteriormente comunista) Ernesto Giudici (1934). En su cuarto número se presenta un artículo titulado “El imperialismo. La VII Conferencia Panamericana”, en el que se caracteriza a Latinoamérica como un continente en disputa entre los diversos imperialismos, principalmente entre Inglaterra y Estados Unidos, donde “ya se han visto los primeros efectos bélicos: la guerra boliviano-paraguaya y el conflicto latente de Colombia y Perú por la posesión de Leticia. Ambos ocultan con reivindicaciones ‘patrióticas’ el verdadero móvil de la matanza imperialista” (Cauce, 1934, (4), p. 5).
En este mismo número de la revista, se agrega un apartado titulado “Contraconferencia Panamericana”, en donde se reproduce el manifiesto originario de la comisión organizadora del Comité Provisional contra el Imperialismo, que se propone “la formación en el menor tiempo posible de una asamblea de unidad contra el imperialismo”. En este documento se hace referencia a la lucha del pueblo cubano “contra la presión del imperialismo que pretende romper sus propósitos de independencia nacional y de liberación de los trabajadores”, y al mismo tiempo sostiene que “continúa implacablemente la guerra en el Chaco. Millares de hombres (obreros y campesinos en su mayor parte) son muertos todos los días” pero “no es imposible la detención de este drama. Una intensa campaña de opinión en escala continental puede hacer que los trabajadores unidos pongan fin a la interminable contienda que los imperialistas libran en el Chaco con la sangre de obreros bolivianos y paraguayos” (Cauce, 1934, (4), p. 6).
Por su parte, Izquierda, critica y acción socialista, cuyo consejo de redacción lo integran Carlos Sánchez Viamonte, Benito Marianetti, Bartolomé A. Fiorini y Urbano Eyras, edita nueve números entre octubre de 1934 y diciembre de 1935. En su quinto número, la revista incluye el artículo “La realidad del Chaco”, escrito “por un hombre joven de origen burgués y de nacionalidad boliviana, cuya relación y la de su apellido con los círculos gobernantes de Bolivia hacen que oculte su identidad bajo el seudónimo de Túpac Amaru” (Izquierda, 1935, (5), p. 25). En este apartado, el autor caracteriza el Chaco como un inhóspito “infierno verde”, donde “apiñados como bestias, enloquecidos por el hambre y la sed, la juventud tanto paraguaya como boliviana se han sacrificado en aras de intereses que no son suyos y sin otro objetivo que el hambre insaciable de los Casado, la Standard Oil y la Royal Duch (sic)”. Frente a los numerosos encuentros y posicionamientos intelectuales en favor de la paz, el autor afirma que “el espíritu de solidaridad americana debe materializarse en los hechos y no en las palabras” (Izquierda, 1935, (5), p. 26).
También en la quinta edición de Izquierda se incluye un artículo titulado “El Partido Socialista y la Guerra del Chaco”, firmado por Rodolfo Aráoz Alfaro, en el cual podemos apreciar la disputa al interior del Partido Socialista, que es uno de los objetivos de la revista. Allí, valora que La Vanguardia, el periódico oficial del socialismo, publique el Manifiesto fundacional de CPPYLA en el que “un destacado núcleo de intelectuales cordobeses —iniciadores casi todos ellos del movimiento universitario del año 18— lanza a la consideración pública, sobre los antecedentes y el estado actual de la Guerra del Chaco”, y considera “reconfortante ver al pie de un documento tan sólido en el planteamiento de sus ideas básicas la firma de los más conocidos dirigentes del Partido Socialista local, y su llamado puede ser la piedra de toque para un vasto movimiento de agitación continental”. De esta manera, el Manifiesto, que “trasciende, con mucho, el limitado problema del conflicto armado para remontarse a la causa primera de todas las rivalidades de los países latinoamericanos: el imperialismo”, y la presencia entre los firmantes de dirigentes socialistas, se contraponen en la revista a la actitud oficial del propio Partido Socialista, que “ha sido prácticamente nula”, llegando incluso a que una importante figura del socialismo afirmara en una acto público que el Paraguay es “país agredido”, opinión que “implica una solidaridad no por inconciente (sic) menos imperdonable con el punto de vista del señor Saavedra Lamas”.
Para Aráoz Alfaro y el grupo de Izquierda, el antiguerrerismo no es solo una posición humanitaria, sino la expresión de una sensibilidad generacional y política que los diferencia de la vieja guardia socialista y que funciona, simultáneamente, como herramienta de lucha para denunciar el aburguesamiento de la dirección oficial. Esta sensibilidad contrapone el legalismo de la diplomacia argentina con la acción directa propugnada por los intelectuales de Córdoba, quienes perciben la guerra como un crimen de clase que exige intervención militante. La revista considera entonces que la organización de un “Congreso Continental Antiimperialista” puede “aclarar a la masa trabajadora toda la verdad oculta en los casilleros reservados de los ministerios”, para lo cual será de gran ayuda “la presencia en nuestro país de intelectuales antiguerreros de los dos países beligerantes —entre los cuales destacamos a Oscar Creydt y a Tristán Marof” (Izquierda, no. 5, abril-mayo de 1935, pp. 27-28).
Izquierda continúa vinculando la Guerra del Chaco con la invasión italiana de Etiopía, caracterizando ambos conflictos como expresiones de la pugna interimperialista y anticipando enfoques que adoptará posteriormente durante la Guerra Civil Española. La invasión italiana de Etiopía, en continuidad a la Guerra del Chaco como centro de las disputas que advierten del peligro de una nueva guerra interimperialista en el mundo, es abordada en los siguientes números de Izquierda, al igual que en Flecha y América Libre. Así, en el séptimo número de Izquierda se incluye un artículo firmado por Enrique G. Broquen (1935) titulado “¿Qué busca Italia en Abisinia?”, en donde se analizan las causas económicas de la invasión italiana a Etiopía, y sus consecuencias a escala internacional, al acelerar la competencia interimperialista, al mismo tiempo que “se ha hablado ya en el cercano oriente de un vasto movimiento reivindicador de las nacionalidades oprimidas de Asia y de África, que pondría en grave peligro todo el imperio colonial de la Europa” (Izquierda, 1935, (7), pp. 17-19).
Este desplazamiento del interés en la Guerra del Chaco hacia otros conflictos internacionales de la época permite entrever la reconfiguración de una sensibilidad antifascista y antiguerrera en el campo intelectual de la izquierda argentina y sudamericana. La invasión italiana de Etiopía, leída en continuidad con el Chaco, permite que estas sensibilidades antiimperialistas articulen un conflicto regional con la lucha internacional contra el fascismo. El Chaco, en esta transición, opera como acontecimiento en el que se robustece una sensibilidad que se expresa como el punto más alto de solidaridad regional que alcanza la izquierda latinoamericana en la primera mitad del siglo XX y que se reactiva poco después en la solidaridad con la República Española.
Consideraciones finales
Para las izquierdas latinoamericanas, la Guerra del Chaco (1932-1935) no es solo un objeto de denuncia política, sino un acontecimiento formativo que robustece y reconfigura sensibilidades preexistentes —herederas del reformismo del ‘18, del antiimperialismo de la LADLA, y de la matriz internacionalista de la Comintern— en una clave que articula lo regional con lo global, prefigurando las movilizaciones antifascistas posteriores.
Un enfoque como el propuesto, centrado en la categoría de “sensibilidades” —entendidas como disposiciones afectivas, perceptivas e intelectuales que articulan grupos sin reducirse a programas explícitos— permite capturar dinámicas que exceden el estudio de las posiciones partidarias formales. Las revistas, la poesía, la fotografía documental de Setaro o la militancia en el frente de combate son registros que muestran cómo la oposición a la guerra se expresa tanto en el análisis político (la tesis de la disputa por el petróleo) como en el rechazo visceral al sufrimiento (las imágenes de soldados mutilados), configurando un modo de sentir, pensar y vivir el conflicto que trasciende las fronteras nacionales y las diferencias orgánicas.
Hemos privilegiado el análisis de la experiencia cordobesa por novedad con respecto a otras iniciativas de la época. Mientras el Congreso Antiguerrero de Montevideo representa la cúspide institucional pero también el agotamiento de la unidad antiimperialista promovida por la Comintern, que se muestra incapaz de procesar la diversidad de sensibilidades presentes, Córdoba funciona como laboratorio periférico donde se produce una particular convergencia entre figuras del reformismo, el trotskismo y el comunismo. El CPPYLA, las revistas Flecha y América Libre, y figuras como Roca, Marof, Setaro y Creydt configuran un espacio de hibridación política que materializa tempranamente la estrategia de Frentes Populares que la Comintern adopta formalmente en agosto de 1935. Esta convergencia resulta de condiciones particulares que se articulan en Córdoba de manera excepcional: la convivencia material de exiliados bolivianos y paraguayos, reformistas y comunistas en un mismo espacio urbano; la existencia de redes intelectuales y militantes atentas a los debates que atravesaban a las izquierdas internacionales; y la distancia respecto a las direcciones político-partidarias asentadas en Buenos Aires, que generaba márgenes de autonomía para adoptar posicionamientos políticos que en la capital o en el seno de los propios partidos habrían podido ser rechazados por apartarse de las líneas oficiales.
La Guerra del Chaco opera, en este sentido, como acontecimiento bisagra. Por un lado, representa el momento de mayor movilización regional de la izquierda latinoamericana en la primera mitad del siglo XX; por otro, funciona como sustrato afectivo e interpretativo que hace inteligibles y movilizables los conflictos posteriores. La invasión italiana de Etiopía y, sobre todo, la Guerra Civil Española encuentran en la sensibilidad forjada durante la Guerra del Chaco un marco previo de solidaridad internacionalista. De este modo, la sensibilidad antiguerrera construida en torno al conflicto sudamericano se reconfigura y amplía hacia una lucha antifascista de escala global al desatarse la Guerra Civil Española.
A su vez, el análisis de este período evidencia las tensiones y límites de estas sensibilidades compartidas. Para los sectores ligados a la Comintern, la solidaridad antiimperialista funciona frecuentemente como traducción de una prioridad geopolítica: la defensa de la URSS. No se trata tanto de construir la solidaridad de la Unión Soviética con los pueblos agredidos por el imperialismo, sino de cultivar en las clases trabajadoras de América Latina una sensibilidad que las haga sentir a la URSS como su propia “patria proletaria”, por encima de sus países de origen. Esta jerarquización de lealtades explica, en parte, las fracturas del Congreso de Montevideo y prefigura las crisis que el movimiento comunista enfrenta con el Pacto Ribbentrop-Molotov en 1939, cuando la defensa de la URSS entra en contradicción flagrante con la lucha antifascista desarrollada hasta ese momento.
Finalmente, este trabajo abre interrogantes que exceden su alcance. ¿Cómo se articulan estas sensibilidades antiguerreras con las experiencias organizativas de base, más allá de los círculos intelectuales analizados aquí —incluyendo, por ejemplo, las redes sindicales que intentaron boicotear los embarques de armas o las organizaciones de mujeres como la Agrupación Femenina Antiguerrera, cuya trayectoria en el marco del movimiento antiguerrero cordobés merece una indagación más sistemática? ¿Qué lugar ocupa la experiencia de figuras como Tristán Marof u Oscar Creydt en la historia de las izquierdas boliviana y paraguaya de posguerra, y en qué medida las sensibilidades forjadas en el exilio cordobés incidieron en los procesos políticos de sus países de origen? Y, sobre todo, ¿qué continuidades y rupturas se advierten entre las sensibilidades antiguerreras forjadas en torno al Chaco y las reacciones de estos mismos actores y espacios ante el Pacto Ribbentrop-Molotov de 1939, cuando la defensa de la URSS entró en contradicción flagrante con el antifascismo internacionalista que habían cultivado? Estas preguntas señalan caminos posibles para futuras investigaciones que profundicen en las genealogías de las izquierdas latinoamericanas y sus modos de pensar, sentir y articular lo nacional con lo internacional.
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Notas
Recepción: 20 febrero 2026
Aprobación: 26 mayo 2026
Publicación: 01 julio 2026