TyC Trabajos y Comunicaciones, 2da. Época, Nº63, e240, enero-junio 2026. ISSN 2346-8971
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Departamento de Historia

Dosier

Una aproximación al tránsito de libros de historia a través del Atlántico en Buenos Aires, 1823-1852

Amílcar Alí Mauri

Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP-CONICET), Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, Argentina
Cita sugerida: Alí Mauri, A. (2026). Una aproximación al tránsito de libros de historia a través del Atlántico en Buenos Aires, 1823-1852. Trabajos y Comunicaciones, (63), e240. https://doi.org/10.24215/23468971e240

Resumen: Este1 trabajo trata sobre la circulación material de libros a través del Atlántico desde el siglo XVII hasta mediados del siglo XIX. Contextualmente, se enmarca en el período que se sitúa entre los acontecimientos posteriores a la Revolución de mayo de 1810 hasta la caída del gobernador Juan Manuel de Rosas en 1852. Durante el mismo, se llevó a cabo una intensa circulación comercial que implicó la salida de libros desde diferentes puertos del mundo atlántico y la comercialización del objeto libro en Buenos Aires mediante diversos mecanismos. A lo largo de una investigación que aún se encuentra en curso, se han podido establecer una serie de criterios para llevar a cabo una catalogación estadística precisa sobre más de mil libros, que es lo que se mostrará en esta ponencia. A su vez, se abordará la cuestión de la enseñanza de la Historia y la transmisión de su conocimiento tomando como referencia alguno de estos ejemplares. La fuente principal son los avisos comerciales publicados en La Gaceta Mercantil, sumado a la extensa bibliografía existente.

Palabras clave: Libros, Historia, Lectores, Buenos Aires.

An approach to the transit of historical books across the Atlantic in Buenos Aires, 1823-1852

Abstract: This work deals with the physical circulation of books across the Atlantic from the 17th century to the mid-19th century. Contextually, it is framed within the period between the events following the May Revolution of 1810 and the fall of Governor Juan Manuel de Rosas in 1852. During this period, intense commercial circulation took place, involving the departure of books from different ports throughout the Atlantic world and the marketing of books in Buenos Aires through various mechanisms. Through ongoing research, a series of criteria have been established for carrying out a precise statistical cataloging of more than a thousand books, which will be presented in this presentation. The issue of the teaching of history and the transmission of knowledge will also be addressed, using some of these copies as a reference. The main source is the commercial advertisements published in La Gaceta Mercantil, in addition to the extensive existing bibliography.

Keywords: Books, History, Readers, Buenos Aires.

Uma abordagem ao trânsito de livros de história através do Atlântico em Buenos Aires, 1823-1852

Resumo: Este trabalho examina a circulação física de livros através do Atlântico, do século XVII até meados do século XIX. Contextualmente, concentra-se no período entre os eventos que se seguiram à Revolução de Maio de 1810 e a queda do governador Juan Manuel de Rosas em 1852. Durante esse período, houve intensa atividade comercial, envolvendo a exportação de livros de diversos portos ao redor do Atlântico e sua venda em Buenos Aires por meio de diversos canais. Através de pesquisa contínua, uma série de critérios foi estabelecida para a catalogação estatística precisa de mais de mil livros, que será apresentada neste artigo. Além disso, a questão do ensino de história e da transmissão do conhecimento será abordada, utilizando alguns desses livros como referência. A principal fonte são os anúncios comerciais publicados em La Gaceta Mercantil, complementados por extensa bibliografia existente.

Palavras-chave: Livros, História, Leitores, Buenos Aires.

Introducción

Son muchas las investigaciones que se han realizado sobre el mundo de los libros y los lectores en la Buenos Aires de fines del período colonial, pasando por la etapa de la Independencia y la Confederación Argentina, hasta las últimas décadas del siglo XIX, tiempo de afianzamiento de los Estados Nacionales a nivel continental. Dichas obras, que se extienden aproximadamente desde la última década del siglo XX hasta hoy día, se han orientado en diferentes direcciones; ya sea la investigación sobre los tópicos seleccionados para la formación en primeras letras (Costa, 2009), una mirada más técnica sobre las cuestiones meramente editoriales –impresión, encuadernación, métodos de distribución, etcétera– (Torné, 2001), explorar las diferentes categorías de impresos existentes (cartografías, novelas, cuentos, libros en idioma extranjero, ediciones primarias), la labor de los censores del estado (Darnton, 2014), entre otros.

Este trabajo se enmarca dentro de un proyecto de investigación más amplio, del cual por cierto ya se han publicado escritos, que tiene como objeto de estudio a los libros y los lectores, principalmente del período rosista (1829-1832)-(1835-1852), y profundiza en el mismo llevando a cabo una serie de estudios estadísticos que servirán para categorizar al amplio abanico de posibilidades para el consumo de libros impresos que había en el Río de La Plata de este tiempo; al mismo tiempo que se dejan las bases para continuar y complementar esta temática a trabajos posteriores (Lamas, A. et al., 2024).

La estadística

En primer lugar, ha de mencionarse que el total de libros que se han contabilizado tomando como fuente La Gaceta Mercantil desde 1823 hasta 1852, hasta el momento de la redacción de este trabajo, un total de 1779 libros publicados. Ya sea mediante avisos de particulares, publicidades de las librerías e imprentas o un aviso del puerto sobre los arribos en forma de granel. Dentro del total, se ha realizado una división por categorías, dentro de las cuales encontramos: Religión, Biografías, Política, Filosofía, Derecho, Historia y Geografía, Interés General, Novelas/Literatura, Poesías/Relatos, Ciencia/Medicina, Economía, Infantiles, Gramáticas, Diccionarios, Manuales/Educación, Libros en idioma extranjero, Cocina, Milicias, Viajes y Cuentos.

Gráfico 1
Cantidad de títulos según categorías
Cantidad de títulos según categorías
Fuente: Elaboración propia sobre la base de la información obtenida de La Gaceta Mercantil, 1823-1852.

En una primera aproximación, podríamos destacar la primacía tanto del apartado religión, como de novelas, infantiles, economía y política. Lo cual nos transmite un definido aire de época, signado sobre todo por la moral religiosa de fines del período colonial, por un lado, y la llegada de los escritos de los pensadores del racionalismo europeo, por otro.

Hablando específicamente de la actividad editorial porteña, hay que mencionar que se ha ido modificando con el pasar del tiempo (Pastomerlo, 2005). El análisis de las modalidades de inscripción y circulación de los discursos escritos durante el siglo XIX (Ramírez, 2012), necesita considerar diferentes etapas dentro de un complejo proceso colaborativo, donde intervienen distintos agentes sociales: autores, tipógrafos, fundidores, cajistas, impresores, correctores, ilustradores, fotógrafos, encuadernadores, libreros, distribuidores, “editores”, hasta llegar a los lectores. Es un proceso colaborativo que se retroalimenta, material e intelectualmente (Costa, 2009).

El número de imprentas existentes en una ciudad indica el grado de actividad ligada a los campos cultural, periodístico y comercial. Con relación a los talleres de impresión porteños de principios del siglo XIX, se deben tener en cuenta tanto los establecimientos estatales como los privados (Blondel, 1834). Entre los primeros se encontraba la Imprenta de Niños Expósitos, utilizada por los primeros gobiernos revolucionarios para la publicación de bandos, proclamas, resoluciones y otros impresos de distintos tamaños (Costa, 2008). Su equipamiento fue la base de la Imprenta del Estado establecida en 1824 por Rivadavia (Parada, 1998). Cabe mencionar asimismo a las prensas de “Bacle y Cía.”, quien fundó el “Taller de Litografía” (1828) y luego “Imprenta Litográfica del Estado” (1830-1838). En ella se imprimieron retratos, mapas, planos, hojas de música, álbumes de imágenes costumbristas, etc. En 1855, las imprentas habían ascendido a diez, las librerías a once, pero las litografías eran sólo dos. En el siglo XIX, las casas impresoras estaban provistas, junto al material tipográfico, de gran cantidad de viñetas ornamentales con pequeñas ilustraciones.

Siguiendo a Costa (2009), la difusión de las obras dependía de su capacidad de venta y de ganancia. En la primera mitad del siglo XIX, gran parte de los libros que circulaban en Buenos Aires tenían un significativo sobreprecio porque eran traídos por barco principalmente de Francia y, en menor medida, de Inglaterra y Norteamérica (sin contar otras vías, legales e ilegales). Los importadores, negociantes y consignatarios atendían a un público con intereses heterogéneos (de ahí la gran variedad de títulos), pero se guiaban por las “novedades” editadas en Europa.

Los agentes que registraban los pedidos, distribuían y ubicaban los libros y algunos periódicos extranjeros entre varios sitios de venta, formales e informales (Parada, 2007, pp. 89-90). El circuito de comercialización estaba conformado por una serie de incipientes “librerías” localizadas en torno a la “Manzana de las Luces” o en las inmediaciones de la “Plaza de la Victoria”. Esta concentración geográfica en la zona cívico-céntrica no se modificó a lo largo del siglo XIX. Quienes regentaban estas librerías eran en su mayoría extranjeros llegados al país a mediados de siglo, sobre todo españoles y franceses y, en menor medida, criollos, ingleses, italianos, alemanes, daneses y portugueses (Vázquez, 2015).

El comercio librero porteño se desarrolló recién a mediados de la década de 1820, si bien no es posible determinar la magnitud de las ventas de estas librerías (Gómez Álvarez, 2011). A su vez, existían lugares ocasionales de compra-venta de libros: almacenes, fondas, pulperías, tiendas, mercerías, litografías, imprentas, viviendas particulares, entre otros.2 Algunas personas ponían avisos publicitarios en los periódicos, como hemos podido constatar en La Gaceta Mercantil, para comerciar en sus casas u ofrecían los libros en un remate, así como también se anunciaban los libros que arribaban al puerto a granel. Los referidos anuncios de libros e impresos a la venta incluían obras contemporáneas sobre historia, filosofía, derecho, cartografía, estrategia naval, memorias sobre acontecimientos recientes (como la Revolución Francesa y el jacobinismo) novelas románticas o política (Myers, 1998). Las librerías publicaban, asimismo, catálogos con la finalidad de dar a conocer sus existencias a los clientes. Los establecimientos particulares editaban libros en tiradas muy reducidas (en promedio no superaban a los quinientos ejemplares) y por lo general recurrían al patrimonio de los autores y a la suscripción de los lectores. De esta manera lo encontramos evidenciado en La Gaceta, al momento en que se anunciaba la publicación de un nuevo periódico mensual en Buenos Aires. De nombre “El Instructor”, o “Repertorio de Historia, Bellas Letras y Artes”. “Suscripciones en la Librería N° 30, calle de la Catedral, frente a dicha iglesia. 30 pesos el año” (L.G.M., 6 de octubre, 1834, N.° 3403). El subsidio del Estado era otra forma de financiación de las publicaciones. El sistema de venta por suscripción o pago por adelantado, no sólo de libros sino también de periódicos y revistas, seguiría vigente hasta principios del siglo XX, ya que aseguraba un mercado estable (Eujanian, 1999). Una de las tantas novelas que se encuentran en el amplio repertorio de La Gaceta Mercantil es Carolina de Lichtfield (1786) de Isabelle De Montolieu.3 La misma cuenta, en sus últimas páginas, con una amplia lista de subscriptores, que de antemano habían pagado uno o varios ejemplares. Se muestra una parte de la precitada lista modo de ejemplo.

LISTA ALFABETICA DE SUBSCRIPTORES. SEÑORES Y SEÑORAS

  1. Conde de Adanero, Marques de Castroserna.

  2. Marquesa de Aranda.

  3. Condesa de Argillo

  4. D. Manuel Joseph Abello y Valdés.

  5. D. Domingo Abrial.

  6. D. Ramon de Acuña.

  7. D. Antonio Adan.

  8. D. Ignacio Agudo y Andrade.

  9. Doña Luisa Aguilar.

  10. D. Gregorio Aguilera.

  11. D. Antonio Gil de Albornoz.

  12. D. Joseph Alegría. (por 10 exemplares)

  13. D. Vicente Alfonso.

  14. D. Félix Alvarez.

  15. D. Juan Alvarez.

  16. D. Joseph Alvarez Acevedo.

  17. D. Buenaventura Argelich. (por 2 ex.)

  18. Fr. Miguel de Arratia.

  19. D. Agustin de Arrieta.

  20. D. Vicente Arreu.

  21. D. Nicolas Arroyo y Losada.

  22. D. Francisco de Paula Ayesta.

  23. Doña Teresa de Azanza.

  24. D. Pedro Baquis.

  25. Doña Vicenta Barona de Vargas.

  26. D. Pedro Barreda.

  27. D. Juan Genaro Batanero.

  28. D. Simon de Bartolomé y Alvarez.

  29. D. Joseph Ramon de Bartsch.

  30. D. Manuel Joseph Beauvillers.

  31. Excma. Condesa viuda de Benavente.

  32. D. Antonio Berdeger.

  33. D. Joseph Bermudez Avellano.

  34. Doña María Antonia Bernaldo de Quirós.

  35. D. Juan Bernofa Laurec.

  36. ....Berard Blanchard y Compañía. (por 8

    exemplares.)

  37. D. Joseph Blanco.

  38. D. Luis de Bocchi.

  39. D. Domingo Bordon.

  40. D. Manuel Bravo.

  41. D. Cárlos Bru..

  42. D. Ignacio Brun Monterey.

  43. D. Santiago Bueno Villalobos.

  44. D. Joseph Chacon.

  45. D. Dionisio Caiña y Mendez.

  46. D. Antonio Natalio Calvo.

  47. D. Agustin de la Camara. (por 6 exemp.)

  48. D. Francisco del Campo.

  49. D. Joseph Maria Cano.

  50. D. Antonio Carrasco.

  51. D. Domingo Carrua. (por 2 exemp.).

  52. D. Diego Carta.

  53. D. Antonio Casanova.

  54. D. Francisco Antonio Cascos y Arango.

  55. Doña María Castañedo Herrera.

  56. D. Ignacio Cirujano.

  57. Fr. Antonio Justo Chamizo.

  58. D. Felipe Santiago Charost.

  59. D. Juan Bautista Chonet y Ludeña.

  60. D. Cárlos Chornet.

  61. D. Pedro Churruvilla.

  62. D. Juan Codina.

  63. D. Timoteo Collado.

  64. D. Antonio Colomer de Prades.

  65. Conde de Contamina.

  66. D. Manuel del Corral Suarez.

  67. D. Alfonso Martin Covo.

  68. D. Martin Cruz y Rivas.

  69. D. Felix de la Cuesta (...).

  70. D. R. M. D. C. y V” (David y Otero, 1796).

En el decenio de 1810 prevalecieron las impresiones de obras orientadas a la filosofía, la política, la historia y la pedagogía, en detrimento de aquellos escritos que tenían el objetivo de construir una moralidad de tipo religiosa, que por cierto habían sido predominantes durante los siglos XVII y XVIII.

Gráfico 2
Primeras ediciones de libros de Historia y geografía, publicados en La Gaceta 1600-1850
Primeras ediciones de libros de Historia y geografía, publicados en La Gaceta 1600-1850
Fuente: Elaboración propia sobre la base de la información obtenida de La Gaceta Mercantil, 1823-1852. Eje vertical. Valores numéricos expresados en unidades de simple dígito y doble dígito.

El Gráfico N° 2 muestra la cantidad de libros de historia y geografía que eran publicitados en las páginas de La Gaceta Mercantil y los siglos y décadas cuando fueron publicadas sus primeras ediciones. De este modo se puede apreciar que durante el siglo XVIII las ediciones de libros de historia y geografía fueron muy importantes en cantidad, al menos eso indica su vigencia en las librerías de los años 1820-50 en la ciudad de Buenos Aires. Igualmente, las primeras décadas del siglo XIX fueron muy fructíferas en cuanto a las ediciones sobre estas temáticas, siempre considerando la oferta en las librerías porteñas, que decae en la década de 1830 y muy notablemente en la del 40. Esto pudo obedecer a los bloqueos Francés y Anglo Francés, que impedían el normal arribo de los barcos. La llegada del libro editado sobre todo en Europa continuó durante todo el período considerado, pero, al mismo tiempo, el comercio de ultramar estuvo fuertemente condicionado, por ejemplo, por los bloqueos al puerto de Buenos Aires (1838-1840 y 1845-1850). Esta es una de las razones por las cuales los cajones o baúles de libros llegados a Buenos Aires disminuyen o desaparecen de los avisos sobre los despachos de Aduana. Esta situación se vincula con la fuerte caída de los avisos publicitarios de las librerías y el notable cambio en la cantidad y en las temáticas de las obras que se deseaba vender (Ternavasio, 2009).

La expansión de las publicaciones periódicas, luego de la ley de libertad de imprenta de 1822, fue notable. Pero el relativo florecimiento de la prensa durante el período rivadaviano se vio limitado durante la etapa rosista, si bien se editaron periódicos de ideas federales –con una difusión oficialista de decretos, anuncios ejecutivos y las resoluciones de la Cámara de Representantes– y algunos opositores, estos últimos estuvieron sujetos a una fuerte censura gubernativa y a una política persecutoria –desde la “ley mordaza” de 1828, hasta los decretos de 1829 y 1832– (Prado y Rojas, 1877). Igualmente es de destacar que, en la década de 1830, los diarios incorporan la publicación por entregas y el folletín (Pas, 2018b), que se desarrolló décadas más tarde. No obstante, la política llevada a cabo, sobre todo durante el segundo mandato de Rosas, no favoreció tampoco la expansión del mercado libresco.

Las preferencias de los lectores se desenvuelven en medio de la tensión cultural sostenida entre el pasado colonial y el nuevo período independiente (Burke, 2000), un momento de inflexión y de progresiva mutación de los gustos estéticos de los miembros de la elite porteña (Pas, 2018a). Luego de la década de 1820, se producirá un proceso de diversificación social de la cultura impresa que se diferenciará claramente de las prácticas de lectura del período colonial, signada por los textos religiosos. El proceso acontecido fue el gradual abandono de los títulos teológicos y jurídicos (ya fueran en latín o en español) y su reemplazo por libros de política, historia, educación, ciencias puras y aplicadas, artes u oficios y literatura (novelas epistolares, relatos de viajeros, obras de gramática y retórica). Es de destacar que la difusión de determinados géneros literarios novelescos se debió a la influencia del movimiento romántico. En la década de 1820 se difundió la literatura, en particular la novela. La variedad temática de las obras ofrecidas hacia el final del decenio y su actualidad respecto a las ediciones europeas da cuenta de la apertura comercial de Buenos Aires y el peso de la importación de libros anglosajones y franceses.

Gráfico 3
Cantidad de títulos según categorías, 1820-1852
Cantidad de títulos según categorías, 1820-1852
Fuente: Elaboración propia sobre la base de la información obtenida de La Gaceta Mercantil, 1823-1852. El máximo cuantitativo, perteneciente a la categoría “Novelas, literatura”, es de 168.

A su vez, fueron traducidos y publicados diversos pensadores del iluminismo. A partir de 1823, se comprueba la preferencia de bibliografía “napoleónica”, la publicidad de las obras referidas a él y las controversias que generaba. Junto con las publicaciones de los denominados “publicistas de la Revolución de Mayo” (Gelman, 2015), ejercieron una gran influencia entre los círculos letrados. De esta manera, los vemos expresado en las páginas de La Gaceta Mercantil a lo largo de los años.

A partir de lo dicho anteriormente, concentramos la atención en los libros de historia y geografía y, sobre todo, en la figura de Napoleón como personaje histórico predominante.4 Los avisos publicitarios así lo demuestran:

“LIBROS. Hay de venta en casa de de Dana y Carman, N° 64 calle de Venezuela, los libros siguientes, en pasta rica, a precios rebajados, a saber: … Diario de Santa Elena, 8 tomos- Compendio de la Historia Griega – Romana – España – Inglaterra – Francia;… Historia de Napoleón del Grande Ejército” (L.G.M., 22 de junio, 1825, N.° 497).
“Fortification et ataque et Défense militaire. Hay de venta en casa de Laboissiere y Ca., la obra titulada ídem, en cuatro volúmenes, con un gran tomo de láminas. Esta obra ilustra el sistema que usó Napoleón en sus ataques y defensas, y el arte militar en general. No hay obra que pueda ser más útil a un oficial superior” (L.G.M., 16 de enero, 1827. N.° 955).
“Libros Franceses. En casa de DANA y CARMAN N° 64 calle de Venezuela, se hallan de venta los libros siguientes en francés-Memoires de Napoleón par Montholon, 3 vols” (L.G.M., 22 de diciembre, 1825, N.° 642).
“Acreditada Fonda de la Estrella, calle de la Paz N° 44
Se halla en venta la imprenta de Jones y Cia, calle del Perú 17
“Aviso. Los pensamientos de NAPOLEÓN obra en francés y castellano se vende en las librerías de los Sres gomez calle del Potosí 38; Larrea hermanos calle del Perú, librerías de la Independencia, en la casa del Sr Breton calle de la Plata 33 y en casa de los editores en la misma calle 100, el precio 20 rs” (L.G.M., 29 de agosto, 1827, N.° 1143).
“Aviso. Creemos que nuestros lectores nos agradecerán el recordarles que los Pensamientos de Napoleón, obra en castellano y francés, de la cual tuvimos el honor de dar cuenta en nuestro número del 29 de Agosto, se halla de venta en la librería del Sr. Gómez de Castro, calle de Potosí n° 38, en la de la Independencia, calle del Perú y en la relogería de Bretón calle de la Plata N° 33” (L.G.M., 3 de octubre 1827, N.° 1161).
“Se venden. En la calle de la Paz N° 40 los libros siguiente: … Historia de Napoleón y del Ejército Grande en español, en 4 tomos;” (L.G.M., 13 de septiembre, 1828, N.° 1432).
IMPORTANTE, NAPOLEÓN Y SU ÉPOCA, Publicación de Obra sobre Napoleón por la Litografía del Estado en calle de la Florida No. 94” (L.G.M., 20 de diciembre, 1832, N.° 2655).
“En la Librería, calle de Cangallo Núm 89 y medio, se venden las obras siguientes: … Historia de Napoleón 3 t; … Código de Napoleón;…” (L.G.M., 14 de enero, 1848, N.° 7257).
“En la Librería de D. Jaime Marcet, … se vende El Diario de la Isla de Santa Elena, que contiene cuanto dijo e hizo Napoleón en el espacio de 18 meses; por el Conde de las Casas: traducida al Español por D J C Pagés” (L.G.M., 16 de abril, 1825, N.° 445).
“Aviso. En casa de Guerín hijo, Seris y Buhot hay el surtido de libros siguientes, a precios muy equitativo (); Máximas militares de Napoleón; () Napoleón en España; Vida de Napoleón; (…)” (L.G.M., 12 de diciembre, 1829, N.° 1782).
“Cartas de Napoleón a Josefina, 3 t” (L.G.M., 10 de octubre, 1844, N.° 6.291).

Los grupos urbanos poco alfabetizados o analfabetos (la mayoría de la población) accedían al contenido de los textos en circulación a través de intermediarios que recitaban versos y relaciones gauchescas. A través de la lectura pública conocían el contenido de los “documentos” gubernamentales, las famosas circulares. La heterogénea variedad de textos influyó en la mayoría de los grupos sociales. Estos desempeñaron un papel fundamental para acceder al mundo de la cultura impresa por parte de aquellos que carecían de libros. Se crearon de esta manera mecanismos particulares de circulación y de apropiación de los impresos, fundamentalmente en las tiendas o “esquinas” (Parada, 2007).

En búsqueda de un valor cualitativo

Siguiendo el trabajo de Parada (2005), la primera mitad del siglo XIX y la explosión cuantitativa de libros y novelas, está pautado por la monótona enumeración de autores y títulos, donde las diversas representaciones de la lectura se convierten en simples y difusas evocaciones. No obstante, una vez que se ha tomado conciencia de estas limitaciones, es preciso reparar en algunas de las ventajas, aunque mínimas, de los estudios estadísticos (Chartier, 1993, pp. 14-15). En primer término, constituyen la necesaria base técnica y matemática que ha hecho posible el fructífero desarrollo de los estudios cualitativos. En segunda instancia, permiten reconstruir ciertas "tendencias provisionales" cuantitativas que se presentan en la difusión del universo impreso. Finalmente, gracias a su presencia y a su propia limitación historiográfica, han precipitado e impulsado el advenimiento de una historia de la lectura de índole más interpretativa y social (Parada, 2005).

En su estudio, el autor trabaja sobre un catálogo novedoso, propiedad de la “Librería Duportail Hermanos” (Buenos Aires, 1829). Allí se destaca la significativa presencia de la literatura de ficción, principalmente de la novela francesa (25 %), que en ese entonces ya alcanzaba porcentajes superlativos en Europa. Tanto en Francia como en España, la novela sentimental y de aventuras fue un éxito sin precedentes en la industria editorial. Esta situación se había plasmado especialmente con el advenimiento del Romanticismo, el cual, en muy poco tiempo, tal como lo atestigua el Catálogo de Duportail, desembarcó en el Río de la Plata, inundando de novelas los comercios porteños. Una situación similar, aunque de mayor magnitud, aconteció en España, donde la producción y la traducción de las novelas extranjeras al español tuvo grandes y complejas proporciones (Ferreras, 1979; Montesinos, 1980). A esto debe agregarse el desarrollo, en particular en Madrid y Barcelona, de una incipiente y activa industria editorial (Botrel, 1993), y la presencia de numerosos catálogos de librerías y de bibliotecas particulares (Rodríguez Moñino, 1966).

A raíz de nuestra propia investigación, podemos complementar la postura de Parada sobre el boom de las novelas en este período a través del siguiente gráfico. Cabe aclarar que, para su realización, se han tomado en cuenta los años de primera edición de los libros y novelas que han ingresado al puerto de Buenos Aires desde 1823 hasta 1852 (los años entre los que se extiende la fuente con la que trabajamos, La Gaceta Mercantil). Lo que nos interesa destacar es el hecho de cómo la edición, impresión y comercialización de las novelas tuvo un importante auge desde la década de 1820 en adelante, identificando que, si tomamos en cuenta sólo la primera mitad del siglo XIX, se sobrepasa el número total de novelas circulantes en Buenos Aires de los dos siglos anteriores. Además, siguiendo a Lamas et al. (2024), no debemos dejar de tener en cuenta que:

“La llegada del libro editado sobre todo en Europa continuó durante todo el período considerado, pero, al mismo tiempo, el comercio de ultramar estuvo fuertemente condicionado, por ejemplo, por los bloqueos al puerto de Buenos Aires (1838-1840 y 1845-1850). Esta es una de las razones por las cuales los cajones o baúles de libros llegados a Buenos Aires disminuyen o desaparecen de los avisos sobre los despachos de Aduana. Esta situación se vincula con la fuerte caída de los avisos publicitarios de las librerías y el notable cambio en la cantidad y en las temáticas de las obras que se deseaba vender”.

De manera tal que posiblemente la circulación de los libros pudo haber sido mayor, de no haber ocurrido los acontecimientos señalados, pues en definitiva el régimen de Rosas no incluyó la censura lisa y llana de libros extranjeros.

Gráfico 4
Primeras ediciones de novelas y literatura varia, publicados en La Gaceta 1600-1850
Primeras ediciones de novelas y literatura varia, publicados en La Gaceta 1600-1850
Fuente: Elaboración propia sobre la base de la información obtenida de La Gaceta Mercantil, 1823-1852. Eje vertical. Valores numéricos expresados en unidades de simple dígito y doble dígito.

El Gráfico 4 muestra el aumento de las ediciones de las novelas y la enorme vitalidad que cobraron las mismas en la primera mitad del siglo XIX. Cabe recordar que el mercado de libros de Buenos Aires era una muestra del total de las ediciones ofrecidas en el ámbito europeo, número que no se posee. Nuevamente en este gráfico, se detecta que para las décadas del 40 a 50 el número de títulos existentes en el mercado decayó.

Retomando el catálogo de Du Portail trabajado por Parada, su gran aporte radica en que dicho ejemplar ––existente de la Biblioteca Nacional— posee una peculiaridad de real interés: varios de sus títulos se encuentran tildados por un lector furtivo. El catálogo sólo posee ciertas marcas uniformes y rutinarias, "tildes" que evocan la "intencionalidad" de las eventuales lecturas, de ahí su denominación de "lector furtivo". Lo que constituye un rico registro, pues existió un lector, probablemente el dueño primitivo del Catálogo, que pautó sus intereses lectores y sus inclinaciones en materia de gustos frente al mundo del libro en una época determinada.

Dentro de esa realidad se presenta una pregunta impostergable: ¿se trataba de un individuo o eran muchos, sin definir grupos sociales, los que estaban involucrados en estas búsquedas? Una respuesta posible la brinda una obra de teatro de Claudio Mamerto Cuenca. Este afán por la nueva literatura que inauguró el Romanticismo ya fue señalado por Rafael Alberto Arrieta al comentar la comedia Don Tadeo, cuya peripecia se desarrolla en el Buenos Aires de 1832 a 1838. En esta pieza de Cuenca, Don Diego, un viejo librero dedicado a la venta de impresos religiosos, se lamenta de su irreversible desastre comercial ante la falta de clientes, pues los nuevos usuarios sólo compran las obras de «Sue, Ducange, Beranger, Scott, L'Herminier, Víctor Hugo, Blaire, Dumas, Chateaubriand», y una pléyade de títulos en francés, inglés, alemán e italiano. (Arrieta, 1955, pp. 68-69; Cuenca, 1926, pp. 466-467).

La formación en Historia de la primera mitad del siglo XIX

Desde nuestra perspectiva, consideramos central la difusión tanto de la lectura como de la escritura y su función social. Principalmente, los mecanismos de transmisión de la enseñanza y la extensión de los conocimientos básicos, por el hecho de que los impresos tienen posibilidades de acceso para un público mucho más amplio (Eujanian, 1999). Aunque también se debe observar la posesión del saber leer-escribir como factor de movilidad e indicador de prestigio social. Ahora bien, nos situamos en un contexto donde la formación disciplinar en Historia y otras Ciencias Sociales, aún no se había constituido, por lo que debemos preguntarnos cómo, a través de qué fuente y de qué guía se podía llegar a adquirir un conocimiento acabado sobre la Historia, no sólo la que se había escrito sino también la que estaba siendo escrita (Lyons y Marquilhas, 2018). Veamos en qué contexto podría desarrollarse este ida y vuelta de ideas y saberes.

Entre los sectores más acomodados, los libros se apropiaban a través de la adquisición directa, pero también circulaban intercambiados y leídos en círculos de familiares, colegas y conocidos. Asimismo, las obras se canjeaban en librerías, se adquirían en liquidaciones o “baratillos” e incluso se apelaba a una solicitud a través de un aviso en la prensa.

“Aviso a los aficionados a la lectura. Se alquilan libros en la tienda librería de los sres Duportail hermanos, conocida por de Osandavaras calle de Potosí N° 46. Se acaba de recibir un gran surtido de libros en los dos idiomas, castellano y francés, todas obras escogidas, tanto por su moral, como por su utilidad a la instrucción pública, cuya colección esta destinada a sí, quitarse por suscripciones mensuales de cuatro pesos por cada persona y un depósito de cinco pesos: todo subscriptor pagará anticipadamente y será acreedor a un índice impreso que se dará gratis, por facilitar a cada suscriptor el poder de elegir las obras que más le gustase leer” (L.G.M., 13 de agosto, 1829, N.° 1682).

Algunos textos poseían firmas autógrafas, ex libris y anotaciones o “marginalias”, que denotaban la posesión (Parada, 2007). En las casas particulares se realizaba una forma de lectura, tanto íntima o silenciosa como colectiva y comentada, cuando se realizaban reuniones y tertulias hogareñas. Entre 1810 y 1830, surgieron en Buenos Aires —a imitación de Europa— Sociedades Literarias y Culturales. La ciudad de Buenos Aires contaba también con varios cafés donde se difundían diversos aspectos de la cultura impresa (Costa, 2009). Por ejemplo, en el Café de Marco se conformó la Sociedad Patriótica (1811); durante el Directorio se creó la Sociedad Filantrópica (1815) y se fundó la Sociedad del Buen Gusto del Teatro (1817) y, posteriormente, la Sociedad Literaria en 1837 (Weinberg, 1958).

Por otra parte, también se realizaban lecturas públicas (Buchbinder, 2018), en establecimientos, plazas o la vía pública, como lo expresan diversas líneas de La Gaceta.

“Lecciones públicas. Con arreglo a lo resuelto en una reunión que tuvo lugar en la noche del lunes 10 del que rige, en la casa N° 126, calle de la Biblioteca, se dará principio a la lectura en castellano e inglés de las lecciones de Brown, la noche del Viernes próximo, en el citado lugar. El Sr Armtrong empezará la lectura en inglés a las 7, y el Padre Muñoz en castellano a las 8. Se invita a todos los que se interesen en el progreso de la moral y las luces para que asistan a este espacio” (L.G.M., 13 de septiembre, 1827. N.° 1154).

Veamos ahora algunas de las obras más relevantes que podían leerse en estos círculos, como el “Ensayo sobre las costumbres y el Espíritu de las Naciones”, de Voltaire, y la "Historia de la Revolución de la República de Colombia", del historiador José Manuel Restrepo Vélez. En el primer caso (cuyo título completo es "Ensayo sobre la historia general y sobre las costumbres y el espíritu de las naciones y sobre los principales hechos desde Carlomagno hasta Luis XIII"), estamos ante una obra monumental de historia universal publicada en 1756. En lugar de centrarse únicamente en la historia europea o en interpretaciones religiosas, Voltaire amplía su perspectiva para incluir civilizaciones de Asia y el mundo islámico, buscando comprender cómo las costumbres, las leyes y las ideas han moldeado las sociedades, al mismo tiempo que desafía las concepciones filosóficas de su época, como no podía ser de otra manera, ya que era un racionalista ilustrado. La obra se distingue por su enfoque secular y racional. Voltaire descarta la idea de la intervención divina en la historia y, en cambio, analiza el progreso humano a través del desarrollo de la razón, el comercio, las artes y las ciencias. En este sentido, es una crítica mordaz al fanatismo religioso y a la intolerancia, abogando constantemente por la libertad de pensamiento y la tolerancia como pilares de una sociedad ilustrada. A lo largo del ensayo, se opone al abuso de poder, tanto eclesiástico como monárquico, defendiendo la importancia de un gobierno justo y razonable. De esta manera, es una obra que, sobre todo por sus concepciones de civilidad y pensamiento político, es de mucho interés su difusión dentro de una sociedad que está aún comenzando a transitar el camino de la independencia y debe terminar de conformarse como un Estado que abarque a más de una provincia, por más importante que Buenos Aires sea (Amaral, 2010).

Por otra parte, tenemos una de las piedras angulares de la historiografía colombiana y de la independencia hispanoamericana. Publicada por primera vez en París entre 1827 y 1829, esta obra monumental es el resultado de la vasta experiencia y el compromiso de su autor con los hechos que narra. Restrepo, figura clave en la política de la naciente república, fue testigo directo y participante activo de muchos de los sucesos, lo que le otorgó una perspectiva única y un acceso privilegiado a documentos y testimonios de la época. Su objetivo al escribir esta obra no fue solo relatar la cronología de los acontecimientos, sino también documentarlos de forma exhaustiva. Restrepo recopiló una inmensa cantidad de material: cartas, informes militares, decretos gubernamentales y testimonios de otros protagonistas, muchos de los cuales se anexan a los volúmenes principales. Esta rigurosidad documental convierte a su libro en una fuente primaria de gran valor para cualquier investigador o lector que desee sumergirse en el período de la independencia de la Nueva Granada, que abarcó lo que hoy conocemos como Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá. La narración abarca desde los antecedentes de la insurrección hasta la consolidación de la independencia y los primeros años de la república grancolombiana. Dentro de sus páginas se detallan los levantamientos iniciales, la compleja y a menudo caótica etapa de la "Patria Boba" con sus divisiones internas entre centralistas y federalistas, la brutal Reconquista española, y finalmente la victoriosa campaña libertadora liderada por Simón Bolívar que culminó con la creación de la Gran Colombia. Al escribirla, su autor no solo buscaba dejar un registro detallado para la posteridad, sino también contribuir a la construcción de la identidad nacional colombiana, justificando las acciones de los patriotas y legitimando el nuevo orden republicano que se estaba gestando; y es que la construcción de las identidades nacionales para territorios recientemente independizados, era un horizonte que debía construirse rápida y eficazmente, sobre unas bases que los habitantes de un mismo territorio reconocieran como comunes entre sí.

Finalmente, se debe destacar la presencia de una literatura histórica particular que fue la napoleónica. En todo el período estudiado se encuentran materiales referidos a las campañas de Napoleón Bonaparte, pero a juzgar por su presencia constante, dos obras se llevaron toda la atención, a saber: la Historia de Napoleón por Walter Scott (1839) y la de Jacques Marquet de Norvins (1829).

“Aviso. La historia de la República de Colombia por D J M, Restrepo, Ministro Secretario de aquel gobierno, cuya análisis salió a luz en nuestro número de ayer, está de venta en la Librería Argentina calle de Chacabuco N° 12. …. Se hallan también el viaje de Humboldt y Bomplaan, el Atlas histórico de Lesage, la vida de Napoleón por Walter Scott y muchas otras obras de Historia, Legislación, Literatura, Educación, etc” (L.G.M., 10 de febrero, 1829, N.° 1550).
“…Las páginas de oro de Napoleón con su retrato obrita entresacada de la historia de este hombre extraordinario escrita por el célebre escocés sir walter Scott un tomo” (L.G.M., 17 de febrero, 1830, N.° 1837).

Un pasaje publicitario de La Gaceta, escrito por un editor, resulta ilustrador en este aspecto.

“En este anuncio de la librería de la Independencia, Perú 60, se publicitan 4 obras sobre Napoleón. Una de ellas era: Historia política y militar de Napoleón desde su nacimiento hasta su muerte, cuyo autor es M. De Norvins. El editor decía: “La memoria de Napoleón ultrajada; sus tres desgracias perseguidas mas allá de la tumba; la dignidad de la Historia comprometida por viles falsedades, todo en fin reclamaba una pronta venganza de la novela histórica publicada por W Scott, bajo el título Vida de Napoleón. Era necesario, indispensable la refutación de una obra semejante. Acaba de satisfacer el deseo público, el Sr de Norvins, escritor muy distinguido. Al mismo tiempo que eleva un monumento a la memoria de un hombre que ha desaparecido tan pronto de la admiración de todos los pueblos. (El Editor)” (L.G.M., 5 de noviembre, 1834, N.° 3428).

A modo de cierre

En este avance de investigación se observan a grandes rasgos las tendencias en la comercialización de libros –sobre todo extranjeros- en la ciudad de Buenos Aires entre 1823 y 1852. Tomado el período en su conjunto, se puede observar que las obras literarias y las novelas en particular, predominan, seguidos por los libros de religión. Pero hay otros rubros que también son significativos como por ejemplo el de los libros de historia y geografía, más las biografías, que en su conjunto se acercan al 10 % (Gráfico 1). En esta categoría, se destacan la publicidad de las obras que generaban controversias, con el fin de atraer al lector a las librerías. Tal es el caso de W. Scott y J.M. de Norvins, que escribieron sendas biografías de Napoleón Bonaparte con miradas diferentes sobre el personaje.

Muy posiblemente, esta preferencia por la vida de Napoleón, es decir por el personaje histórico, vaya en concomitancia con la expansión de la novela y el movimiento romántico de la época. Las biografías y algunas historias, pueden ser leídas también como novelas, más allá de las consideraciones sobre su valor intrínseco. Hasta ahora no encontramos suscriptores para obras de carácter histórico, pero la existencia del sistema de suscripción alerta sobre el interés que pudieron tener algunas obras, incluso como para el caso de la historia, trascender en su enseñanza. Un indicio de esto es el aviso de la librería Argentina que, en 1829 anunciaba la venta de varias obras asociadas entre sí, como la vida de Napoleón, el Atlas de Lessage y otras de viajes, literatura y educación. Se considera que todas estas obras y sus contenidos serán la base y el bagaje histórico y geográfico de la época, con el que se formaban y confrontaban quienes localmente se interesaron en ese tipo de conocimiento, cuestión que será materia de indagación en la próxima etapa de esta investigación.

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Notas

1 Esta ponencia es un avance de investigación en el marco del proyecto "Viajan los hombres, viajan los bienes, viajan las noticias y las pestes. La circulación por tierra y por mar en el mundo latinoamericano, 1770 y 1870". Está radicado en el CHAyA (Centro de Historia Argentina y Americana -Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Humanas-).
2 Por ejemplo, la Botica situada en Bolívar y Alsina se convertiría en la “Librería del Colegio” (1830).
3 Tomo III, Imprenta Real. Madrid, 1796. Traducida al español por Don Felipe David y Otero.
4 Aunque también se mencionan obras de estrategia militar, ejemplares biográficos o recopilaciones de cartas.

Recepción: 04 octubre 2025

Aprobación: 11 octubre 2025

Publicación: 01 enero 2026



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