Trabajos y Comunicaciones, 2da. Época, Nº 41, marzo 2015. ISSN 2346-8971
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Departamento de Historia

 

ARTÍCULO/ARTICLE

 

Una experiencia informativa del sindicalismo combativo: El Semanario CGT

 

Valeria A. Caruso

Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires
Argentina
caruso.valeria@gmail.com

 

Resumen
En este trabajo analizaremos el Semanario CGT en relación a su proyección como nexo comunicativo y organizacional de las propuestas sindicales y políticas que elaboró la conducción de la CGT de los Argentinos durante 1968 y 1969. Examinaremos las tensiones expresadas en la publicación entre el proyecto político que desde allí se buscó articular y las limitaciones que existieron para su realización, atendiendo a las expectativas políticas su conducción estructuradas en torno a las tradiciones y los postulados del sindicalismo combativo, como a los conflictos existentes entre las distintas tendencias del sindicalismo local por la conducción del movimiento obrero organizado.

Palabras claves: Semanario CGT, Sindicalismo Combativo, CGT de los Argentinos, Peronismo, Movimiento Obrero.

 

An Informative Experience of Combative Unionism: The Semanario CGT

 

Abstract
This work will analyzethe weekly publication Semanario CGT in relation to its projection as a communicative and organizational nexus between the workplace and political proposals put forth by the leadership of the CGT de los Argentinosduring 1968 and 1969. We will examine the tensions expressed in the publication between its political program and the existing limitations for its implementation, considering the political expectations of the leadership structured around the traditions and tenets of combative unionism, as well as the existing conflicts between the different tendencies of local trade unions competing for the leadership of the central.

Key words: Semanario CGT, Combative Unionism, CGT de los Argentinos, Labor Movement

 

Vi a traidores que ayer gritaban la vida por el presidente que quería el pueblo y hoy se
venden al dictador que oprime al pueblo. Después de dos mil años el capitalismo sigue
oprimiendo y hay nacimientos de primera, de segunda y tercera ¿por qué no racionalizan los
tanques de guerra y mandan un pedazo de pan a Tucumán? El pueblo quiere pelear. Pero
no por migajas, cuentos o cuenteros. El pueblo quiere pelear pos su libertad.”
1

 

En la bibliografía referida al análisis de la experiencia de la Confederación General del Trabajo de los Argentinos (CGTA), es habitual encontrar referencias respecto a la particularidad de su órgano de prensa. Por ejemplo, Juan Alberto Bozza ha planteado que el Semanario CGT “aportó a la difusión y al esclarecimiento de dimensiones estratégicas de las estructuras de dominación capitalista en nuestro país”, a través de la publicación de rigurosas investigaciones en dónde fue denunciada tanto la complicidad de los funcionarios del Onganiato con el capital monopólico, como su penetración en los medios de comunicación masiva y en el sindicalismo local (Bozza, 2010:83-94). Luciana Sotelo (Sotelo, 2012:168) ha sostenido recientemente que “el discurso central del Semanario se dirigía al movimiento obrero y pretendía conformarse como una herramienta de formación política y difusión de conflictos, en él se destacaban las luchas de los universitarios y de otros sectores sociales”. Ese aspecto ha sido destacado por María Cristina Viano al analizar su incidencia en la ciudad de Rosario señalando que “constituyó una instancia de cruce y encuentro entre los sectores combativos de la clase obrera rosarina y sectores sociales que desde los orígenes del peronismo habían estado enfrentados, como fue el caso de los estudiantes o ciertos grupos de profesionales, intelectuales y del campo del arte. La CGTA se mostró plenamente capaz de actuar junto a ellos y de protagonizar un accionar antidictatorial conjunto” (Viano, 1994:139 CITA 1994). Autores como Dario Dawyd (2008) y Julieta Bartoletti (2011) han subrayado el carácter político del Semanario al analizar las características de la articulación de los discursos y proclamas elaboradas por la conducción “CGT Paseo Colón” con las demandas de distintos actores políticos y sociales.2

El carácter diferencial de la publicación es enfatizado cada vez que se menciona que su director periodístico fue Rodolfo Walsh, quien junto con un equipo de reconocidos periodistas y escritores, llevó adelante a esa empresa informativa. Eduardo Jozami, en sus estudios sobre Walsh, ha dicho que el períodico de la CGTA “introducía tonos que no eran habituales en el discurso de los sindicalistas ni en el de la militancia de izquierda” (Jozami, 2006:197), mientras que Enrique Arrosagaray ha destacado que “la profundidad” y “claridad” de sus contenidos se dirigían a “construir argumentos, posturas y consignas que sirvieran a la clase obrera para vencer en sus conflictos, desde los más pequeños y cotidianos, hasta los que tenían que ver con el poder político” (Arrosagaray, 2006: 60).

Si bien el trabajo de Mestman ha funcionado como una primera aproximación al caso del Semanario CGT, en el que sugirió que “la caracterización de CGT como periódico ‘político’ lo distancia de las revistas o publicaciones sindicales limitadas a los problemas gremiales específicos o a difundir sus servicios a los afiliados” (Mestman, 1997a: 196), Luchetti y Camelli han propuesto que esa característica respondió a las búsquedas políticas de los periodistas que lo llevaron adelante. Las autoras concluyen que “el proyecto político desarrollado [en la CGTA] fue antes resultado de la ‘convicción’ de un grupo de intelectuales (sartreanos) que la necesidad ‘orgánica’ surgida del propio campo popular” (Luchetti & Camelli, 2011).

Sin embargo, dichas conclusiones, omiten considerar acabadamente una serie de factores. En primer lugar, situar esta experiencia informativa en relación a las intencionalidades de la conducción gremial de la CGTA, y no exclusivamente a las del equipo de colaboradores que participaron en su elaboración, dado que el Semanario tenía por objeto reforzar los planteos políticos y sindicales que el secretariado electo en marzo de 1968 se propuso llevar adelante. Estos planteos, estructurados en torno a las tradiciones del sindicalismo combativo, intentaron propulsar la oposición política y sindical a los planes de racionalización económica puestos en vigencia por la “Revolución Argentina” a partir de 1966. A través de dicho programa, los funcionarios de la dictadura comandada por Juan Carlos Onganía buscaron fomentar la consolidación de la industria dinámica financiada con capitales extranjeros, que precisaba de la implementación de una serie de medidas que impactaban sobre los salarios y las condiciones de trabajo de aquellas actividades consideradas “ineficientes” de la economía local. En ese contexto, la suspensión de todo activismo y organización política tenía por objeto disciplinar a la sociedad en beneficio de la creación del “tiempo político”, que solo emergería del aquietamiento del “tiempo social” que el gobierno de facto intentó imponer con un conjunto de prohibiciones que recayeron sobre la sociedad civil (O´Donell, 1996: 95-98).

Esta última cuestión se puso de manifiesto tras el fracaso de los planes de lucha impulsados por la CGT entre 1966 y 1967, poniendo en evidencia la caducidad de las prácticas sindicales vigentes hasta el momento para resolver con el Estado las reivindicaciones obreras (Gordillo, 1996: 102-110; James, 1990: 291). Lo cual intervino en el proceso de reelaboración de las estrategias de acción que las dirigencias sindicales sostuvieron durante el período en lo referido a su vinculación con el Estado en relación con las demandas de sus representados (Dawyd, 2011: 31-34). En esa coyuntura se estructuraron tres tendencias sindicales: la “participacionista”, también denominada Nueva Corriente de Opinión -liderada por José Alonso (Sindicato Obreros de la Industria del Vestido y Afines), Rogelio Coria (Unión de Obreros de la Construcción de la República Argentina) y Juan José Taccone (Sindicato de Luz y Fuerza)-, predispuesta a cooperar con el gobierno en tanto éste reconociera y colaborase con sus sindicatos; y el vandorismo, dispuesto a dialogar con el Estado pero manteniendo una posición crítica respecto a la política económica implementada por la dictadura. Ambos lineamientos se dirimían entre la tensión que anidaba su proceder con el gobierno de facto, junto con las reivindicaciones que reclamaban para sus representados. La decisión de no enfrentar abiertamente los planes de racionalización económica implementados por la dictadura ponía en tensión su capacidad de liderazgo y de representación de las bases gremiales sobre las cuales sustentaban su poder. Esta cuestión incidió en el fortalecimiento de la tendencia combativa que promovía la oposición frontal al gobierno dictatorial. En ella convergían sindicalistas identificados con el peronismo ortodoxo, así como diversas tendencias de izquierda y, en un primer momento, los sindicatos intervenidos. La impotencia de la estrategia sindical imperante hasta entonces, junto con el aumento de la represión estatal, generó las condiciones para reactualizar el bagaje presente en el sindicalismo combativo en la conformación de la identidad política que se expresó en torno al proyecto político y sindical articulado en la CGT de los Argentinos.3

En dicho contexto, la “combatividad” que se proclamaba desde la central “Paseo Colón” precisaba ser difundida, reproducida y ampliada en el marco de una lucha política contra la dictadura y los liderazgos sindicales rivales. Más aún si tenemos en cuenta las tensiones existentes entre las distintas tendencias del sindicalismo local por la conducción del movimiento obrero organizado, y los posicionamientos políticos que sostenían.

Por lo cual entendemos que al momento de analizar el periódico de la CGTA, es preciso tener en cuenta las expectativas políticas de la conducción de la central, estructuradas en torno a las tradiciones y los postulados del sindicalismo combativo. Ésta tendencia sindical proyectaba la transformación de las estructuras políticas y economías de la sociedad argentina, junto con la defensa del patrimonio nacional a través de la activa participación del movimiento obrero organizado, tal como se había formulado en los programas de La Falda (1957) y Huerta Grande(1962).

La cuestión a examinar requiere de un análisis que contemple los siguientes aspectos: la incidencia de los intelectuales que participaron en la elaboración del periódico en los planteos que se realizaron en la publicación, las expectativas del secretariado general de la CGTA de representar a los trabajadores con el programa político y sindical difundido el 1o de Mayo de 1968. A su vez, estas dos cuestiones deben ser puestas en relación con las proyecciones y potencialidades de ese programa respecto a la coyuntura política y sindical existente durante el periodo, esto es, en el contexto de sus posibilidades de concreción.

En esa dirección se inscribe este artículo, en el que exploraremos las intencionalidades enunciativas subyacentes en el Semanario CGT, y su proyección como nexo comunicativo y organizacional de las propuestas sindicales y políticas elaboradas por la conducción de la CGTA. Por otro lado, examinaremos las tensiones latentes en la publicación entre el proyecto político que desde allí se buscaba articular, y las limitaciones que existieron para su realización, atendiendo a las tres variables antes mencionadas.

Para ello, reconstruiremos el proceso de conformación del equipo de redacción del Semanario, así como sus intencionalidades políticas en relación al carácter de la publicación. Luego revisaremos los contenidos que se difundieron a través del periódico, y las acciones que desde allí se convocaron para fortalecer los posicionamientos políticos de la CGTA. Asimismo, analizaremos el tratamiento que recibieron las luchas obreras y estudiantiles que se desarrollaron durante el mes de mayo de 1969, y las características que adquirió la publicación en el período en que fue prohibida por la dictadura.

La redacción

Rodolfo Walsh se vinculó con el proyecto de la central “Paseo Colón” a través de Raimundo Ongaro, a quien conoció en Madrid, meses antes de la realización del Congreso Normalizador, celebrado en marzo de 1968. Una vez elegida la nueva dirección de la CGT, su recientemente electo secretario general convocó al periodista para la organización del órgano de prensa de la central.4

Tras asumir la dirección periodística del Semanario de la CGT, Walsh requirió la colaboración de Horacio Verbitsky, a quien le fue encomendada la jefatura de redacción.5 Su designación se basaba en su experiencia en esa función en reconocidas publicaciones de la época como la revista Confirmado.Ambos -según el testimonio de Verbitsky-, trabajaron en el diseño del periódico (Arrosagaray, 2006: 68). Al equipo de redacción se sumaron Rogelio García Lupo –quien trabajo con el escritor de Operación masacre, en la creación y difusión de la agencia cubana Prensa Latina-, y Milton Robert -con quien, además de vínculos profesionales, Walsh tenía una amistad y un camino de militancia compartido durante los tempranos ’60 en el Movimiento de Liberación Nacional (MLN)-. En torno a este grupo inicial, se articuló un núcleo de colaboradores integrado por José María Pasquini Durán, Hugo Rapopport, Luis Guagnini, Susana Viau, Silvia Rudni, Miguel Briante, Ignacio Ikonicoff, Jorge Bernetti, Beto Borro, Carlos Aznáez, Victoria y Patricia Walsh (Ferreyra, 1997). Si bien estos periodistas continuaron trabajando en reconocidos medios gráficos de la época como Confirmado, Panorama, Primera Plana o Siete Días Ilustrados, hallaron en el periódico de la CGTA un ámbito desde el cual denunciar la complicidad de los propietarios de los medios de comunicación, que bajo la égida de la pretendida “libertad de prensa,” ocultaban su colaboración con la dictadura, y con las clases dominantes que la sustentaban.6 Además de condensar el cuestionamiento al régimen militar y a la burocracia sindical, a través del Semanario CGT se buscaban difundir los fines del proyecto político de ese espacio sindical. Verbitsky al referirse a la publicación, expresaba que:

“Este semanario era, o pretendíamos que sea la expresión de un proyecto revolucionario, que entendíamos encarnado en torno a la CGTA, y de todo lo que se iba nucleando a su alrededor; y queríamos que fuese con una calidad profesional que no tuviera nada que envidiarle a los mejores diarios comerciales. Ese era el criterio con el que nos manejábamos. Que sea expresión de los trabajadores, de la CGTA y que fuera un instrumento de la rebelión de las bases”.7

La intención de contribuir con la forja revolucionaria parecía encontrar en esta central sindical un espacio en donde canalizar esa expectativa alrededor de un programa que clamaba por la “rebelión de las bases”. En ese sentido, el periódico CGT fue concebido para cumplir con una doble función: la de actuar como “un medio de información y esclarecimiento, pero también y sobre todo [como] un factor de organización.”8 Es decir, constituirse en un canal de contra-información para comunicar lo excluido por los medios del sistema, e interpelar a los lectores respecto a esas omisiones.9 La propuesta informativa que desde allí se realizaba se orientaba a la articulación de un entramado político y sindical que respondía a las necesidades y planteos del Consejo Directivo de la publicación, integrado por Raimundo Ongaro y Ricardo De Luca, secretario de prensa de la central. A través del testimonio de Ismael Alí, dirigente gráfico, quien además colaboró en la elaboración del periódico, podemos aproximarnos a los pormenores de la preparación del Semanario:

“Lo veníamos preparando en mi casa. Ahí hacíamos los retoques, los ajustes necesarios. Nunca hacían falta demasiados cambios porque Rodolfo pescaba perfectamente cuál era el pensamiento de Raimundo Ongaro. (…) Él se iba a la casa de Raimundo y se quedaba horas conversando con él, y lo grababa (…) pese a su ideología, que era totalmente antiperonista, sabemos que era marxista él. Lo quería mucho y lo interpretaba mucho a Raimundo. Eran dos socialismos totalmente distintos. Raimundo decía no bajar un milico porque al otro día tienen otro milico, y no perdamos un militante porque no tenemos otro inmediatamente”.10

Retomando las palabras de Alí, la información contenida en el Semanariorespondía a los designios y demandas realizas por la conducción gremial de la CGT “Paseo Colón” que Walsh se ocupaba de reflejar en las páginas del periódico. Es decir, la intención de ampliar el marco comunicacional respecto a los posicionamientos gremiales y políticos del secretariado “combativo” en un contexto de confrontación abierta con el sindicalismo encolumnado tras la “Nueva Corriente de Opinión” y el vandorismo, en la disputa por la dirección del movimiento obrero organizado. Por ello, desde el órgano de prensa de la CGTA se cuestionaba “la moral de la camarilla refugiada en Azopardo,” en donde operaban “dirigentes ricos incapaces de unirse a los trabajadores pobres.”11 Asimismo, era impugnada la estrategia sindical de la “Nueva Corriente de Opinión,” en tanto consideraban que “el colaboracionismo es incapaz de sostenerse frente a la voluntad de los trabajadores”,12 y esta cuestión se evidenciaba en la pasividad de sus dirigentes ante el avasallamiento del Estado sobre las condiciones laborales de sus representados. “Los frutos de la colaboración” entonces, no eran para los obreros, sino para facilitar el programa económico proyectado por la “Revolución Argentina.13

Los gremialistas de la CGTA entendían que la complicidad del sindicalismo colaboracionista y participacionista, era uno de los requerimientos necesarios para el despliegue de la política económica planificada por la dictadura. Por ello resultaba necesario señalar sus intencionalidades, no de manera aislada, sino como una de las condiciones para la consolidación del capital monopólico en la Argentina, en tanto planteaban que “el problema del salario es inseparable del problema de los monopolios en el poder”.14 En ese sentido, las investigaciones publicadas en el Semanario, además de estar en dialogo con las percepciones de la conducción gremial de la central combativa, intentaban demostrar los perjuicios que conllevaba el traspaso del patrimonio nacional al capital extranjero facilitado por la dictadura,15 consideraba como “un gobierno patronal, pero sobre todo de patrones que están en el extranjero.”16 Estas acusaciones, reforzadas por las evidencias que suministraban las investigaciones periodísticas de Rogelio García Lupo, tenían por objeto probar que la economía argentina estaba “a cargo de prestanombres y testaferros de monopolios, maestros de la ganancia rápida y la exportación fulminante de beneficios.”17 Además, la participación de los funcionarios de la dictadura en esos negociados, ponía en manifiesto que quienes comandaban el poder del estado respondían a intereses lejanos a los de la voluntad del pueblo argentino.18

La omisión de esos entramados económicos-gubernamentales en los medios masivos de comunicación, parecía señalar la asociación de sus dueños con la dictadura en detrimento de los intereses nacionales.19 En esas alianzas se encontraban las razones por las cuales no eran difundidas las luchas populares, como tampoco las perniciosas consecuencias que generaba la aplicación de las políticas de gobierno al conjunto de la ciudadanía.20 Por ello, el objetivo comunicacional del periódico de la CGTA se dirigía a dilucidar las cuestiones que en los “medios del sistema” no recibían tratamiento, como parte de una estrategia de concientización política destinada a desentrañar las tramas que sostenían en el poder del Estado a la “Revolución Argentina.”

Por otro lado, las notas publicadas en el Semanario sobre la pauperización de la situación de los trabajadores azucareros tras la puesta en vigencia del “Operativo Tucumán,” reforzaban los posicionamientos políticos de la central respecto a los perjuicios que encerraba para la sociedad argentina el plan de reestructuración económica emprendido por la dictadura.21 Asimismo, las iniciativas impulsadas desde la CGTA para colaborar con la población de esa provincia a través de la Comisión Nacional de Solidaridad con el Pueblo de Tucumán y la FOTIA también fueron difundidas en el Semanario. Además de las donaciones de víveres realizadas por distintas organizaciones sindicales, se intentó realizar un “Festival Solidario con Tucumán” que se desarrollaría el 19 de agosto de 1968 en el estadio Luna Park de la ciudad de Buenos Aires. En el evento se anunciaba la participación de Eduardo Falú, Leo Dan, Hugo del Carril, Mercedes Sosa y Los Fronterizos. Sin embargo, a pocas horas de comenzar, la dictadura prohibió su realización, tal como sucedería en el mes de noviembre con la exposición Tucumán Arde que se desarrolló en la sede de la CGT “Paseo Colón” de la ciudad de Buenos Aires.22 Los impedimentos impuestos por el Onganiato para la realización de acciones concretas en apoyo a los sectores de la sociedad golpeados por sus medidas de gobierno,23 como la represión estatal desatada sobre los actos y movilizaciones convocadas desde esta central obrera para expresar el rechazo popular al gobierno de facto,24 fueron permanentemente denunciados en la prensa de la CGT.

Estos ejes informativos, además de estar en concordancia con los postulados políticos y sindicales contenidos en “1ro de Mayo: mensaje a los trabajadores y al pueblo argentino,” expresaban las expectativas de la conducción gremial de la central combativa, tal como se puede observar en las declaraciones de Ongaro que transcribimos a continuación:

“Vivimos en un momento crucial en el cual, a raíz de la dictadura militar imperante, han sido prohibidas las expresiones, manifestaciones y formas de organización tradicionales. Además no solamente están en juego las reivindicaciones sindicales, los ajustes salariales, sino la defensa del patrimonio nacional, la soberanía popular, la libertad de los argentinos. (…)

Hemos levantado un programa común a todos los hombres que luchan por la liberación. Además, si nunca una organización sindical debió ser puramente profesional y limitarse a las necesidades del oficio o de las obras sociales, en momentos como estos, se hace más imperativo romper con la vieja estructura en que la quisieron encadenar los sindicalistas reformistas y conformistas y darle a la organización sindical su verdadero sentido: luchar por todos los problemas que afectan al hombre y al país y no simplemente por aquéllos que satisfacen a una parte del país”.25

Las expectativas políticas de Ongaro, respecto a las potencialidades del proyecto sindical que comandaba, pueden ser puestas en relación con las consideraciones de Amado Olmos -miembro de la Mesa Coordinadora de las “62 Organizaciones Peronistas”, Secretario de la Federación Argentina de Trabajadores de la Sanidad y referente histórico del “sindicalismo combativo”- 26, respecto al rol que debían desempeñar las instituciones destinadas a la defensa de los trabajadores. Éste último, meses antes de morir, planteaba que “el trabajador quiere el sindicato de la época peronista, es decir, que asegura en función de tal el bienestar del pueblo todo. Lo otro es un sindicalismo amarillo, imperialista, que quiere que nos preocupemos de los convenios”, por ello, Olmos planteaba que “el obrero advierte que ese sindicato no le interesa, le interesa el otro, el sindicato de grandes proyectos, el del futuro, que llega al poder, que amplía su ley, inclusive sindicatos que puedan superar los gobiernos que a medias quieren ayudarnos legislando.”27

Como podemos apreciar a través de estos testimonios, el proyecto sindical de la tendencia combativa durante este período se proponía trascender la órbita de representación sectorial. Sus dirigentes entendían que sólo bajo la gestión de un gobierno representativo de los intereses de los trabajadores, sus derechos y los del conjunto de la sociedad serían resguardados de las consecuencias negativas de la penetración del capital monopólico en la economía local. Por lo cual, la dirigencia sindical debía abandonar la pelea por las reivindicaciones sectoriales, y abrazar la causa por la transformación política.

En 1968, los “combativos” tuvieron la posibilidad de poner en actos estas premisas luego de años de marginalidad en la conducción del movimiento obrero organizado. El Congreso Normalizador de la CGT, se desarrolló durante los últimos días del mes de marzo de 1968. Los líderes adherentes a las tendencias vinculadas con el vandorismo y con la Nueva Corriente de Opinión no se presentaron. Especularon con la falta de quórum y la inhabilitación de los gremios intervenidos por la dictadura para participar en los comicios. Los 239 delegados asistentes resultaron suficientes para la realización de la votación, en la que resultó ganadora la única lista que se presentó en la elección, integrada por los sindicalistas vinculados con el ala combativa. 28 Las tendencias participacionistas y dialoguistas se negaron a reconocer al nuevo secretariado, y un mes después celebraron su propio congreso en el cual se eligió un secretariado encabezado por Vicente Roqué (molineros, 62 leales).29 A partir de entonces, la fractura de la CGT marcaría el inició de una nueva etapa en la cual se profundizaron las diferencias entre las tres tendencias sindicales que impedirá la unidad del sindicalismo argentino hasta 1970.

La recientemente electa conducción del movimiento obrero organizado buscó diferentes medios para expandir su esfera de influencia por fuera de la órbita gremial. En ese sentido, el Semanario CGT fue el instrumento del que se valieron para difundir y fortalecer sus posicionamientos políticos y sindicales. No obstante, las voluntades a las que se pretendía estar representando, serían las que mayores cuestionamientos realizarían a sus iniciativas.

La disputa por el liderazgo del movimiento obrero organizado y el problema de la representatividad

En torno a las tensiones que enfrentaban la línea combativa con la tendencia liderada por Augusto Vandor, es posible inscribir las crónicas publicadas en el Semanario CGT sobre los asesinatos de Rosendo García, Domingo Blajaquis y Juan Zalazar, cometidos el 14 de mayo de 1966. La investigación fue difundida en siete notas publicadas entre el 16 de mayo y el 27 de junio de 1968 en el Semanario CGT.30

A través de esta investigación -estructurada en torno a estrategias narrativas que remiten a Operación masacre y Caso Satanowsky-, Walsh intentaba demostrar la responsabilidad del líder de la UOM en los crímenes de La Real. La trama oculta detrás del episodio, se hallaba en la disputa entre Perón y “El Lobo” por la dirección del peronismo local. Esta disputa, terminó por dirimirse en las elecciones legislativas que se llevaron a cabo en la provincia de Mendoza durante el mes de abril de 1966. En esa contienda electoral resultó vencedor el candidato de Perón, Corvalán Nanclares, quedando en evidencia la fragilidad del pretendido liderazgo político de Vandor. La osadía del líder de la UOM le valió la expulsión del movimiento peronista.31

Walsh buscaba probar con su investigación que el desencadenante fundamental de los crímenes de Avellaneda, se encontraban en las internas políticas del movimiento peronista que se expresaba en el sindicalismo local.32 La reactualización de los asesinatos de La Real tenía por objeto resaltar el carácter espurio del líder metalúrgico y de la tendencia sindical que éste comandaba. Walsh explicitaba esta cuestión en el prólogo del libro que contenía las crónicas originalmente publicadas en el Semanario:

“Este libro fue inicialmente una serie de notas publicadas en el semanario CGT a mediados de 1968. Desempeñó cierto papel, que no exagero, en la batalla entablada por la CGT rebelde contra el vandorismo. Su tema superficial es la muerte del simpático matón y capitalista de juego que se llamó Rosendo García, su tema profundo es el drama del sindicalismo peronista a partir de 1955, sus destinatarios naturales son los trabajadores de mi país”(Walsh, 1969: 7).

La motivación primigenia de la pesquisa se orientaba a interpelar a la clase obrera respecto a las características de sus representantes en una coyuntura de disputa por el liderazgo del sindicalismo local, en donde se procuraba enfatizar el carácter diferencial de la CGTA, respecto a sus contrincantes. Por otro lado, el escritor explicitaba el sujeto al que suponía receptor natural de su obra; al cual buscaba conmover con ella en sus posicionamientos políticos, y en sus elecciones gremiales.

En ese sentido, la iniciativa impulsada desde el periódico de conformar corresponsalías de obreras, puede ser puesta en relación con la expectativa del equipo de redacción de resaltar las distancias existentes entre el tipo de representación gremial que procuró llevar adelante la conducción de la CGTA, respecto a los liderazgos rivales. En tanto se intentaba crear un espacio de participación para los trabajadores, en el cual “las bases” pudieran plasmar sus propias experiencias laborales sin intermediaciones, para así reflejar sus problemas y “defender mejor sus conquistas.”33 Con esta propuesta se buscaba evidenciar la voluntad de generar alternativas de interacción entre las bases obreras, los dirigentes sindicales y los periodistas que participaban de la central Paseo Colón. La convocatoria finalizaba con un llamado:

“Una respuesta lo más amplia posible a este llamado, será la mejor recompensa a los trabajadores de prensa que iniciaron este períodico, pero que pertenece a la clase trabajadora y debe convertirse en una empresa de todos, hecha, defendida, difundida por todos”.34

Sin embargo, en las siguientes entregas se manifestaban los problemas que se presentaban para la distribución y difusión del Semanarioentre los trabajadores y los dirigentes sindicales. En la nota “Semanario: pro y contra”, se publicaba la opinión de un dirigente sindical de la industria del hielo -de quien no se especificaba el nombre-, en la que se comunicaban las razones por las cuáles él y su gremio no se comprometían en la difusión del periódico. La razón fundamental, se encontraba en que consideraban que el Semanario no era expresión de la clase obrera, sino un “diario de un grupo de intelectuales que no conoce un corno de lo que pasa en las bases del movimiento obrero”.35

La cuestión respecto a quiénes representaba el periódico, y más aún la CGTA, volvió a presentarse en ocasión de la reunión del Comité Central Confederal celebrado el 16 de agosto de 1968. Las acusaciones de las tendencias sindicales rivales sobre el carácter de la representación de la CGT “Paseo Colón”, a la que se le imputaba ser en realidad la “CGT de los estudiantes,” obligo a Ongaro a manifestarse al respecto:

“Quiere decir que han percibido que los estudiantes, por primera vez, están cerca de los trabajadores.

Y los profesionales también por primera vez están viviendo y actuando dentro de la CGT. Cuando la represión del 28 de junio, la CGT no tuvo uno o dos abogados: tuvo treinta. Están trabajando con nosotros en la central y en todas las regionales, centenares ya de economistas, de técnicos, de médicos y de abogados. (…) Por primera vez también hemos llamado a los hombres de las más diversas formas de pensamiento, y nadie ignora que por estar en contra de toda forma de proscripción de las ideas hemos cargado con el estigma de que se nos adjudiquen intenciones ajenas al sentimiento nacional. La CGT de los Argentinos es una de las pocas instituciones que dijo que no proscribe, y que efectivamente no proscribe. Porque hay otros sectores, incluso de aquellos que hoy están junto a nosotros que aun no habiendo querido proscribir, proscribieron. Nosotros acá, (…) aceptamos que cada uno venga con su idea y la ponga al servicio del país. Sí no la pone al servicio del país, no tendrá lugar acá”.36

Con esta declaración, el secretario general de la CGT “Paseo Colón” trataba de reforzar el carácter diferencial de la experiencia política y sindical que lideraba, al mismo tiempo que demostrar la importancia de la participación de distintos sectores de la sociedad en el fortalecimiento de los planteos de la central. Las palabras de Ongaro intentan resaltar la importancia de ampliar los márgenes de representación sindical, siendo esos mismos, los mojones desde los cuales se pretendía proyectar la estrategia obrera “al servicio del país”. Es decir, promover la convergencia de trabajadores, estudiantes, intelectuales, políticos y religiosos en la lucha por la causa nacional que la CGTA ansiaba vehiculizar, tal como se había explicitado en el Programa del 1o de Mayo.37

En esa misma reunión, por otro lado, el secretario de prensa de la central, Ricardo De Luca, planteaba los problemas existentes para extender la circulación del Semanario en las sedes sindicales. Allí comunicaba no haber logrado superar “la meta de cincuenta mil ejemplares semanales que nos habíamos fijado para el mes de julio.”38 Si bien la publicación era comercializada en los kioscos de diarios, se buscaba ampliar su difusión en los gremios y regionales adherentes a la CGTA. Para ello se precisaba del compromiso de los trabajadores con esa tarea. Sin embargo, hemos constatado en distintas fuentes las dificultades para aumentar la participación de los dirigentes sindicales en la de distribución del periódico.39

Meses más tarde, se publicaban en el Semanario las manifestaciones de apoyo expresadas en la revista gremial El Telefónico, en las que era se enfatizaba la contribución de la empresa informativa gestada desde la CGTA para los trabajadores, a quienes se dirigía con “un lenguaje adecuado para explicar los ‘temas prohibidos,’ de la manera más sencilla.” Además planteaban que:

“La publicación de una serie de notas, en las que con datos, cifras, nombres, fechas, se pone en descubierto la clave del manejo de la economía nacional. Y de esa manera quedan al desnudo, en acción e intención, quienes habían venido tratando de distorsionar las cosas, de oscurecerlas, de hacerlas incomprensibles. Ahora ellos, y sus culpas, han quedado expuestas al cabal conocimiento de todos”.40

El reconocimiento de los trabajadores telefónicos para quienes participaban en la elaboración del periódico, representaba una evidencia de que “el Semanario de la CGT es leído y discutido por sus destinatarios naturales. Unos están de acuerdo y otros no, pero todos lo tienen en cuenta. Pobre de nosotros cuando nadie tenga nada que criticar.”41 Uno de los fines de quienes llevaron adelante esta iniciativa periodística, parece haber estado en propiciar debates entre los trabajadores acerca de la información publicada en el periódico de la CGT, en tanto ponían de manifiesto el interés de los obreros por los problemas que acuciaban al país y a su clase. Otro de los objetivos de quienes participaron en la elaboración del Semanario parece haber sido el de interpelar a la clase obrera en relación a los postulados políticos y sindicales de la CGTA. Para ello, era preciso expresar y transmitir la información en sus propios términos, para así generar las condiciones de entendimiento necesarias sobre lo que se intentaba comunicar. En ese sentido, la sola existencia del debate parecía demostrar, que esos objetivos se estaban cumpliendo, aunque la demostración se restringiera a una sola organización gremial. Por otro lado, la denominación “destinatarios naturales,” para referirse a los trabajadores, señala la huella enunciativa de Walsh en su intención de enfatizar el carácter obrerista de la publicación, como su funcionalidad pedagógica respecto a la coyuntura política y sindical.

La necesidad de subrayar la importancia del Semanario, en el fortalecimiento de las reivindicaciones de los trabajadores a los que se buscaba representar, volvía a presentarse en el mes de diciembre de 1968:

“A lo largo de casi ocho meses, la opinión de los trabajadores y la crónica de sus luchas llegaron, siquiera modestamente, a casi todo el país. En un régimen como el nuestro, los medios masivos de comunicación forman parte inseparable de la estructura capitalista. Bajo formas de 'libertad' que ya no engañan a los chicos de la primaria, constituyen un circuito donde impera la censura más estricta. Ningún dirigente obrero, por brillante y honesto que sea, podrá ocupar en la televisión una ínfima parte del espacio reservado a las monsergas ministeriales, los argumentos empresarios o el relleno “cultural“ fabricado por los amanuenses y los cómicos.(..) Pueden revisarse las colecciones de los diarios sin encontrar un solo caso en que [el] interés obrero legítimo haya sido defendido por una empresa periodística. El aparato en su integridad pertenece al enemigo que manipula la información, soborna las conciencias, masifica la cultura. (…) La aparición del semanario CGT fue una brecha, limitada, abierta en ese sistema. (…) De ese modo pudimos convertirnos en el periódico político de mayor circulación en el país. Decimos políticos sin temor de equivocarnos: la lucha obrera es, a la larga, esencialmente política”. 42

El carácter político del Semanario, estuvo signado por la intencionalidad de constituirse en un órgano periodístico contra-informativo de un establishment constructor de una cultura escindida de las causas populares. La potencia de la denuncia lanzada desde el periódico, intentaba expresar una discursividad crítica del status quo, dirigida hacia la concientización de las restricciones políticas a las que se entendía era sometida la clase obrera. No obstante, su continuidad dependía del fortalecimiento de la CGTA, en tanto “vocero auténtico de la resistencia contra la oligarquía, los monopolios y el imperialismo”.43

Alzas y bajas en la rebelión de las bases

Uno de los temas centrales que ocupó las páginas del Semanario durante el último trimestre de 1968, estuvo relacionado con la huelga que llevaron adelante más de 7000 trabajadores petroleros de la destilería YPF de La Plata, Berisso y Ensenada.44 Desde el periódico, además de informar los pormenores que originaron el conflicto,45 se comunicaban las acciones que la central emprendería en adhesión a los reclamos de los obreros en lucha, a pesar de que el Sindicato Unidos Petroleros de Estado (SUPE) adhería a la CGT Azopardo, y la dirección del sindicato (Adolfo Cavalli), lideraba la “Nueva Corriente de Opinión”. Sin embargo, desde la CGTA se exhortaba a los militantes sindicales y a “los partidos populares, cuyas plataforma incluyen la defensa del petróleo,” a “comprender que ésta es una instancia decisiva de la supremacía nacional; movilizar todas sus fuerzas y lanzarlas en apoyo de los trabajadores en huelga.”46 En esta convocatoria, además, es posible observar la resignificación de la protesta de los trabajadores petroleros en función de una relectura del conflicto, que lo aunaba con la defensa del patrimonio nacional.

En la edición número 23 del Semanario, titulada “APOYO TOTAL A PETROLEROS EN HUELGA,” se publicaba un póster a página completa en donde, además de informar los motivos de la medida de fuerza, se llamaba a “trabajadores, estudiantes, partidos populares y todos los sectores de la Nación” a manifestar su solidaridad con la causa de los trabajadores en lucha; y a participar de la “Jornada nacional en defensa del petróleo,”47 a desarrollarse desde las 0 hs. del 15 de octubre de 1968.48 Además, se planteaba que “cada gremio y cada delegación regional debe desde ya manifestar por los más diversos medios orgánicos de acción a su alcance, incluso medidas de acción directa, su solidaridad con los trabajadores petroleros en conflicto”.49 Tal como había sucedido con los actos del 1ro de mayo y del 28 de junio, la movilización terminó siendo reprimida por las fuerzas de seguridad, resultando detenidas más de 360 personas.50

Las convocatorias antes mencionadas, fueron acompañadas de crónicas en donde era denunciada la pasividad de la dirección gremial del SUPE ante las medidas de fuerza tomadas por los trabajadores petroleros.51 Esas denuncias, a su vez, reforzaban la negativa del secretariado de la central “Paseo Colón” en acatar el llamado a la unidad de la CGT ordenado por Perón en septiembre de 1968, dado que la dirigencia combativa nucleada en al CGTA consideraba que:

“Jamás podrá haber unidad con elementos colaboracionistas que como Adolfo Cavalli abandonan a los trabajadores en huelga (…). Con ese núcleo de colaboracionistas nunca será posible ninguna clase de entendimiento, porque ellos se lavan las manos y olvidan sus deberes con la patria, hoy agraviada por la entrega del petróleo a los monopolios”.52

Por otro lado, comenzaban a explicitarse en el periódico, las tensiones emergentes entre los dirigentes gremiales que integraban la CGTA respecto al apoyo que darían sus gremios al conflicto de los trabajadores petroleros. En esas discusiones se filtraba, nuevamente, la cuestión del llamado a la unidad del movimiento obrero organizado. Las declaraciones de Melgarejo, representante de La Fraternidad, son representativas de esas tensiones:

“Valoramos en toda su intensidad la decisiones de los compañeros petroleros, porque han dado muestras de una virilidad que la clase obrera estaba necesitando, pero lamentamos que este detonante haya salido en tiempo inoportuno, porque recién la CGT de los Argentinos se está galvanizando y no está en condiciones de brindarle un apoyo total y efectivo.”(…)

Yo pienso, compañeros, que esto nos está indicando una vez más la necesidad de la unidad. Acá no se trata de hacer pactos con los dirigentes, acá se trata de que todos los dirigentes de una y otra central, declinando posiciones los dos, para dar lugar a promoción de nuevos dirigentes logremos la convocatoria de un congreso extraordinario y nos demos nuevas autoridades, que no puedan ser cuestionadas”.53

Si bien desde el título de la nota se subrayaba que la de Melgarejo era “una disidencia” ante la posición mayoritaria de los representantes gremiales que asistieron a la reunión, el ferroviario estaba realizando una lectura de la coyuntura sindical que durante los meses siguientes fue compartida por otras agrupaciones. Claro que en la publicación se enfatizaba la posición de intransigencia sostenida por la conducción de Ongaro:

“Nosotros estamos dispuestos a esas formas de lucha que son las movilizaciones populares, porque las creemos las más eficaces. Pero no descartamos ninguna otra. Todas son ortodoxas, cuando se lucha por la liberación. (...) La alternativa que surge desde el 28 de marzo es ésa. A nosotros nos toca hacer de montoneros, como dicen algunos, de guerrilleros como dicen otros y no hay otra salida. Y si no, nos vamos todos a Azopardo y se terminó”.54

Más allá de la virulencia de las palabras, en esta declaración se presentan algunas cuestiones referidas a la interpretación que la conducción de la CGTA realizaba del conflicto petrolero. Por un lado, la huelga era expresión de las luchas populares, y por lo tanto ameritaba la participación activa de los gremios nucleados en la central. Es decir, entendían que las reivindicaciones de los trabajadores petroleros excedían los reclamos estrictamente laborales, ya que en ellas subyacía una causa determinante para la defensa de la soberanía Argentina, al mismo tiempo que expresaba una instancia de la lucha por la liberación nacional. Esta última -impulso del programa político de la central-, es la que resignificaba el sentido de las prácticas y de los discursos que desde la central “Paseo Colón” se emitían, y que la diferenciaban de las posiciones sostenidas por los sindicalistas de la CGT Azopardo.

A pesar de estas consideraciones y de las adhesiones que la huelga recibió de otros trabajadores petroleros del país,55 el conflicto terminó con una derrota, que se plasmó en el despido de más de dos mil trabajadores, la intervención de los gremios que participaron en la protesta,56 y el fortalecimiento del llamado a la unidad de la CGT realizado por Perón.57 Aunque desde la CGTA se intentaron realizar movilizaciones en rechazo a la política salarial comunicada por la dictadura para 1969, la “rebelión de las bases” que parecía poder articularse tras la huelga petrolera, a fines de 1968, estaba lejos de poder concretarse.

En el último número del año, se publicaba en tapa la “Carta a los trabajadores al empezar un año nuevo.”58 En ella, el Consejo Directivo de la central realizaba una suerte de balance sobre las actividades realizadas y sus resultados. También se explicitaban los problemas que atravesaba la central combativa:

“En teoría el gobierno no intervino la CGT, pero en la práctica lo hizo. Nuestras organizaciones más numerosas están clausuradas: ferroviarios, portuarios, personal civil, petroleros de Ensenada y Comodoro, más de quinientos mil trabajadores carecen de sindicato. Otras se encuentran sometidas a un chantaje permanente, a la amenaza y la extorsión (…) En medio de estas circunstancias tan adversas, no pretendemos dirigirnos a los trabajadores para desearles felicidad en el año nuevo. Esa felicidad es imposible mientras el sistema explotador capitalista no sea destruido hasta sus cimientos”.59

A partir de enero de 1969, el Semanario comenzó a publicarse quincenalmente. Si bien en diciembre del año anterior se informaba que esa frecuencia se mantendría hasta marzo, lo cierto fue que continuó hasta el mes de julio, cuando fue publicado el último número “legal”. Inferimos que esta cuestión pudo haber estado determinada por la escasez de fondos para mantener el tiraje semanal de la publicación, si consideramos que los gremios adherentes a la CGTA con mayor cantidad de afiliados fueron intervenidos por la dictadura, junto con la defección de varias agrupaciones sindicales, que se plegaron a la CGT Azopardo durante los meses siguientes.60

La convocatoria realizada por la dirigencia gremial para conmemorar el “día del trabajador” daba cuenta de la merma de la participación popular a las propuestas de la central. A diferencia del año anterior, se señalaba que las calles estaban desiertas, y que salvo algunos actos aislados, la asistencia a la convocatoria había sido escasa.61 El mismo Ongaro reconocía el “tremendo desgaste” que había sufrido la dirigencia gremial que comandaba en su enfrentamiento con la dictadura.62 Según manifestaba en abril de 1969, la segunda etapa de la central, estaría signada por dos preocupaciones:

“[La de] crear cuadros militantes capaces de actuar con personería o sin personería. (…) Capaces de actuar, tanto públicamente, como en la resistencia porque ya lo hemos advertido, las formas de represión gradualmente van a ser intensificadas.

La segunda preocupación que tenemos y que forma parte de las tareas inmediatas de la CGT, es que localidad por localidad del país, pueblo por pueblo, fábrica por fábrica, universidad por universidad, existan hombres, agrupaciones, que sindicales o no, estén convencidos de que la prioridad del país -junto con los salarios, junto con las conquistas sociales- es liberarnos de todo un sistema que es la raíz y la fuente permanente de todos los males”.63

Cordobazo y después…

La emergencia de los conflictos estudiantiles en la provincia de Corrientes, y luego las acciones emprendidas por los trabajadores de la industria automotriz, conducidos por el SMATA y estudiantes cordobeses, señalaba el inicio de un nuevo ciclo de protestas, que pareció revitalizar los posicionamientos políticos y sindicales de la CGTA. En esa dirección es necesario inscribir las distintas notas publicadas en el Semanario, en las que además de informar la posición de la central obrera respecto a las movilizaciones que se desarrollaron en mayo del ‘6964, se llamaba a los lectores a plegarse e imitar los levantamientos sociales que se estaban desarrollando en la provincia de Córdoba:

“Este ejemplo, como los otros que se han desencadenado en los últimos días, debe servirnos de aliento y estímulo a todos los activistas sindicales del país. Discutirlo en cada taller, fábrica, empresa, para ir conformando un bloque auténticamente nacional, combativo, que con el programa del 1o de mayo, antidictatorial, antiimperialista, antiburocrático, nucleé a todos los sectores del pueblo hasta la liberación nacional y el Gobierno Popular”.65

La expectativa de contribuir al fortalecimiento y a la expansión del frente de masas emergente, reactualizó los contenidos de “1ro de Mayo: Mensaje a los trabajadores y al pueblo argentino.” En ese sentido, la extensión del estallido de las “bases”, parecía contener la promesa de la gesta por la “liberación nacional” que la CGTA buscaba impulsar desde sus inicios. En el periódico se exhortaba a los lectores a encolumnarse en la lucha iniciada por el movimiento estudiantil y la clase obrera, tras el programa y la conducción de la central comandada por Ongaro:

“A nuestros hermanos queremos dirigirnos.

A los compañeros estudiantes que pelearon y cayeron en Corrientes, Resistencia, Rosario, Córdoba, Tucumán y Salta, y los que aguardan su hora en el resto del país; sin ánimo de rozar su personalidad, menoscabar su tradición, inmiscuirnos en sus organizaciones, queremos recordarles lo que también es válido para las nuestras:

-Solamente en la lucha, con las bases y con el programa de liberación nacional, pueden darse la unidad; y donde los dirigentes no sepan ponerse de acuerdo para combatir, otros los reemplazarán, porque ésa es la ley del proceso que vivimos juntos y en el que esperamos juntos.

A los militantes de las organizaciones revolucionarias, los activistas de los movimientos políticos, los intelectuales y profesionales, sin interferir en sus ideas, respetando las leyes propias que rigen sus acciones, postergando incluso la réplica a las críticas que hayamos merecido o recibido sin merecerlas, nos atrevemos a señalarles:

Dentro de las masas populares y no fuera de ellas, junto a las organizaciones de trabajadores y no a la distancia, en los actos más que en las proposiciones, se realizaran los objetivos que tenemos en común”.66

El factor que pareció darle entidad a este llamamiento fue el convencimiento de actuar en representación de las “bases” en pos de la lucha por la liberación nacional expresado en el programa de la CGTA. En él, se enfatizaban las coincidencias en los objetivos políticos con los sectores convocados para enfrentar a la dictadura.

Para actuar conjuntamente con la CGT de Azopardo contra las políticas del Onganiato, desde el Semanario CGT se difundió la consigna de la “unidad en la lucha”. Es decir la coordinación de acciones conjuntas para enfrentar al Onganiato, tal como sucedió con el llamado al paro general que se desarrolló el 30 de mayo de 1969,67 aunque esas acciones, no implicaban la unificación formal de la CGT bajo una única conducción gremial como pretendía el líder exiliado.68

Prontamente, las dificultades para consensuar nuevas medidas de fuerza con el vandorismo y el participacionismo quedarían en evidencia.69 La negativa de esos liderazgos en adherir a la huelga general planteada por la CGTA para el 27 de junio, como la de participar en los actos a realizarse el 28 -en conmemoración del tercer aniversario del golpe de estado-, y el 29 de ese mes -en repudió a la llegada de Nelson Rockefeller al país-, plasmaban los límites de esa “unidad en la lucha”. Sin embargo, para las tendencias sindicales rivales, la “unidad” solo habría de plasmarse con la reorganización de la CGT bajo una única conducción gremial.70

Finalmente, el problema de la “unidad” de la CGT fue dirimido abruptamente tras el asesinato de Vandor en junio de 1969, cuando la dictadura intervino definitivamente la CGTA, y apresó a sus dirigentes, bajo la sospecha de estar involucrados en el deceso del líder de la UOM. No obstante, la CGTA continuó funcionando desde la clandestinidad, conducida por un “Consejo Directivo de emergencia” integrado por Ismael Alí, Antonio Scipione y Ricardo De Luca.71 Éstos intentaron “convocar a todas las organizaciones populares del país y a la Iglesia de los pobres a proseguir la lucha en todos los terrenos hasta obtener la derrota definitiva del régimen y sus personeros y lograr la patria liberada que el pueblo anhela y reclama”.72 En el Semanario se planteaba que “la clandestinidad de la CGT señala sin embargo una nueva etapa de enfrentamiento con la oligarquía y el imperialismo. (…) La CGT de los Argentinos ha dejado para siempre la legalidad que pueda conceder el régimen”.73

El lunes 4 de agosto de 1969, la dictadura prohibió el periódico de la central. Desde ese momento hasta febrero de 1970, la elaboración y distribución de la publicación fue realizada en la clandestinidad. Durante este período, el tiraje del Semanario tuvo una frecuencia mensual. Las entregas número 50 (23 de agosto de 1969) a la 55 (febrero de 1970) fueron elaboradas y distribuidas en la clandestinidad. Según el testimonio de Horacio Verbitsky, Rogelio García Lupo, a través de las gestiones de Jorge Abelardo Ramos, consiguió una imprenta para continuar con la publicación del periodico (Arrosagaray, 2006: 70,71).

En esta nueva etapa, la información contenida en el Semanario se dirigió a conservar la adhesión de los gremios que la conformaban -aún estando intervenidos-74, reclamar la libertad de los dirigentes detenidos75, y comunicar la vigencia de los objetivos políticos que integraban su programa.76 En ese sentido, la carta de Ongaro publicada en el periódico es ilustrativa de esa última cuestión. En ella expresaba que “El movimiento obrero decide sus alianzas, acepta opiniones y consejos, acuerda tácticas y estrategias comunes, pero no puede renunciar ni renunciará jamás a su papel: ir al frente de la liberación nacional y social de todo el pueblo.”77 Es decir, la voluntad de continuar sosteniendo un proyecto político más allá de las inhibiciones legales para actuar en el plano sindical. Esta cuestión, a nuestro entender, puso de manifiesto la primacía del contenido político del programa del sindicalismo combativo para la definitiva resolución de los conflictos de los trabajadores. Éstos últimos, desde los postulados que estructuraban las acciones y los discursos de esa tendencia, solo podrían ser resueltos -en última instancia-, a partir de la transformación de las condiciones políticas y económicas que los originaban.

Conclusiones

Tal como hemos planteado en la introducción de este trabajo, el análisis del Semanario CGT, como la participación de destacadas personalidades del periodismo argentino en su redacción, amerita una lectura atenta al contexto histórico en el cual se desarrolló esta empresa informativa. La misma, no puede ser desvinculada de las expectativas políticas y sindicales de quienes conformaron el secretariado de la CGTA. La victoria de los “combativos” en el Congreso Normalizador del 28 de marzo de 1968, pareció dar cuenta –en un primer momento- de la representatividad de esa tendencia en el conjunto del movimiento obrero. Las propuestas de acción que se comunicaron a través del periódico, buscaban representar la “voluntad de las bases”, a las que se intentaba orientar en la acción, para alcanzar los objetivos programáticos que elaboró la conducción de la CGT “Paseo Colón”.

Por otro lado, la exploración de esta publicación posibilita una aproximación a los pormenores de los conflictos políticos y sindicales que se desarrollaron entre 1968 y 1969. Las tensiones entre los distintos liderazgos sindicales resultaron de sus posicionamientos respecto al gobierno de facto y a sus representados en un contexto signado por la represión estatal y la racionalización económica. En esa coyuntura, el órgano de prensa de la CGTA intentó funcionar como un canal comunicacional no sólo de las expectativas sindicales de quienes la comandaban sino también de sus aspiraciones políticas, estructuradas en torno a los postulados del sindicalismo combativo.

La amplitud de esos lineamientos, y el carácter “combativo” de quienes los elaboraron, hicieron posible la identificación de los periodistas y escritores con los planteos políticos de la CGTA. Es probable que la aspiración de los intelectuales que participaron de esta experiencia haya estado signada por la expectativa de generar y difundir un discurso contra-hegemónico como plantean Luchetti y Camelli. Sin embargo, disentimos en su interpretación respecto a que el Semanario respondía exclusivamente a “la convicción de un grupo de intelectuales orgánicos”. En todo caso, las expectativas de esos intelectuales entraron en concordancia con la propuesta política de los sindicalistas que integraron la CGTA. Dicho de otro modo, la conducción gremial de la central creía estar representando a un sector mayoritario del movimiento obrero, no sólo en sus reivindicaciones gremiales, sino también en su voluntad política de transgredir las prohibiciones impuestas por la dictadura. En el devenir del proceso, el resultado fue distinto al esperado, y fue entonces cuando se evidenciaron las limitaciones de la propuesta política elaborada por la conducción de la central obrera combativa.

La especificidad de la iniciativa que coaguló en la CGTA se expresó en el intento de articular el descontento social generado por la dictadura más allá de la órbita gremial, e incluso -a nuestro entender-, del liderazgo de Perón. Esta última cuestión fue la que operó en el retiro del apoyo que el líder exiliado había depositado en la conducción combativa electa en marzo de 1968. A partir de entonces los frentes de lucha que la central comandada por Ongaro debió enfrentar se ampliaron. El gremial, fundamental para articular el accionar político, se fue diluyendo en los meses sucesivos a septiembre del ‘68 tras el acatamiento progresivo de los sindicatos a la propuesta de Madrid de unificar la CGT en torno al vandorismo. El paulatino desmembramiento de la base sindical de la CGTA, terminó por provocar el debilitamiento de su propuesta política. Esta última cuestión adquirió carácter dramático luego del asesinato de Vandor, un mes después del Cordobazo. El crimen del “Lobo” habilitó al gobierno de facto la razón definitiva para prohibir el funcionamiento legal de la CGTA.

Sin embargo, la resistencia de los sindicalistas combativos a las prohibiciones impuestas por la dictadura nutrió distintas experiencias políticas que se articularon durante la década del ´70, muchas de las cuales se nutrieron del bagaje político y discursivo que se habría articulado previamente en la CGTA.

 

Notas

1 Discurso de Raimundo Ongaro reproducido en La Razón, 14-8-1968.

2 La negativa, tanto de la tendencia participacionista como de la vandorista, a entregar el edificio de la CGT de la calle Azopardo al secretariado electo en el congreso normalizador del 28 de marzo de 1968, obligó a la nueva conducción a desarrollar sus actividades en la sede de la Federación Gráfica Bonaerense sita en la avenida Paseo Colón de la Ciudad de Buenos Aires. De allí la denominación “CGT Paseo Colón”.

3 Según Aboy Carlés “toda identidad política se constituye y transforma en el marco de la doble dimensión de una competencia entre las alteridades que componen el sistema de la tensión con la tradición de la propia unidad de referencia” (Aboy Carlés, 2001: 54).

4 La temprana narrativa de Rodolfo Walsh estuvo signada por preocupaciones políticas como las expresadas en Operación Masacre (1956) y Caso Satanowsky (1973) en donde buscó denunciar los crímenes cometidos por el Estado sobre la sociedad civil. En 1959 viajó a Cuba y junto a los periodistas Jorge Masetti, Rogelio García Lupo y el escritor Gabriel García Márquez fundó la agencia de noticias Prensa Latina, en la que se desempeñó como jefe del Departamento de Servicios Especiales hasta 1961. A su regreso a Buenos Aires, publicó distintas crónicas sociales en la revista Panorama.

5 El Semanario CGT contó con 55 números, publicados entre el 1o de mayo de 1968 y febrero de 1970. Los cinco últimos números fueron publicados en la clandestinidad.

6 “Sip: Amos de la prensa con anticonceptivos”, Semanario CGT, 26, 24-10- 1968, p. 3.

7 Entrevista a Horacio Verbitsky (Arrosagaray, 2006: 70-71).

8 Semanario CGT, 33, 12-12-1968.

9 Diferentes referentes de la cultura local se identificaron con los postulados políticos elaborados por la conducción de la gremial combativa, e impulsaron distintas iniciativas para difundir los lineamientos de la central. Tal es el caso de los artistas plásticos León Ferrari, Juan Pablo Renzi, Ricardo Carreira, Nicolás Rosa, Roberto Jacoby, Pablo Suárez, Margarita Paska, Graciela Carnevale, y los intelectuales María Teresa Gramuglio, Miguel Murmis, Silvia Sigal, Beba Balvé y Carlos Waisman, quienes organizaron la muestra Tucumán Arde, que se desarrolló el 25 de noviembre de 1968, en la sede de la Federación Gráfica Bonaerense. Asimismo, el grupo de cineastas Cine Liberación, integrado por Octavio Getino, Fernando “Pino” Solanas y Gerardo Vallejo, elaboraron los Cineinformes de la CGT de los Argentinos. A través de esos cortos los cineastas buscaban configurar una herramienta de contra-información que cubriera los principales eventos políticos y sindicales del país para ser difundidos en las sedes sindicales que conformaban la CGT “Paseo Colón” (Mestman: 1997).

10 Entrevista a Ismael Alí (Arrosagaray, 2006: 63).

11“Dirigentes limpios, bases combativas”, Semanario CGT, N°4, 23-5-1968, p. 4. Además, esa imputación era acompañada de la publicación de la declaración jurada de los miembros del secretariado electos el 28 de marzo, con el objeto de demostrar las distancias entre el tipo de gremialismo que se encolumnaba detrás del liderazgo de Ongaro respecto al de sus rivales. La Razón, 15-5-1968, p. 12.

12 “SUPE: ni con fraude”, Semanario CGT, N°2, 9-5-1968, p. 5.

13 “Los frutos de la colaboración”, Semanario CGT, N°4, 23-5-1968, p. 3; “Dialogan, participan, traicionan”, Semanario CGT, N°4, 20-6-1968, p. 3.

14 “El salario de los monopolios,” Semanario CGT, N°5, 20-6-1968, p. 3. Destacado en el original; “Electrocolor: el monopolio roba y también asesina”, Semanario CGT, N°27, 31-10-1968, p. 5.

15 “Los generales monopolistas”, Semanario CGT, N°5, 8 de agosto de1968, pp. 1, 6. “Radiografía de la familia Lanusse,” Semanario CGT, N°27, 31-10-1968, p. 6; “El monopolio eléctrico reconquista el controlador de SEGBA”, Semanario CGT, N°23, 3-10-1968, p. 6.

16 “Dos años de entrega”, Semanario CGT, N°9, 27-6-1968.

17 Ídem. Las colaboraciones de García Lupo, fueron publicadas en el Semanario desde el 1ro de mayo de (No 1), al 27 de junio de 1968 (No 9). Posteriormente, el periodista recopiló las notas en [(1968) 1972] Contra la ocupación extranjera, Buenos Aires: Editorial Centro.

18 “Los monopolios en el poder”, Semanario de la CGT, N°1, 1-5-1968, p. 6. De hecho, se denunciaba que el por entonces ministro de economía, Krieger Vasena, además de diseñar las directrices económicas del país, era el presidente de The National Lead Corporation, empresa perteneciente al grupo Rockefeller- Morgan, destinada a la extracción y exportación de minerales; “La conspiración de los monopolios,” Semanario CGT, N°10, 4-7-1968, p. 6.

19 “SIP: amos de la prensa con anticonceptivos”, Semanario CGT, N°26, 24-10-1968, p. 3.

20 “Por qué no Estamos en la Calle,” Semanario CGT, N°44, 8-5- 1969, p. 1.

21 “Tucumán: jardín de la miseria,”, Semanario CGT, N°5, 30-5-1968, p. 4; “Tucumán: La CGT dice ¡Presente!, Semanario CGT, N°8, 20-6-1968, p. 4.

22 Semanario CGT, N°10, 4-7- 1968, p. 3; Por qué arde Tucumán?”, Semanario CGT, Nº32, 12-12-1968, p. 6.

23 “Barrio por barrio: resistencia popular”, Semanario CGT, Nº14, 1-08-1968, p. 1; “Policía brava en las villas” Semanario CGT, Nº15, 8-8- 1968, p. 3; “Las villas saben pelear”, Semanario CGT, Nº16, 15-8-1968, p. 3.

24 Sobre la represión a los actos del 1ro de mayo de 1968 convocados por la CGTA véase La Razón, 2-5-1968; Semanario CGT, Nº2, 9-5-1968, p. 3-4.

25 “Reportaje a Ongaro”, Víspera, Año II, Montevideo, octubre de 1968.

26 Amando Olmos falleció el 27 de enero de 1968 en un accidente automovilístico en Villa María, provincia de Córdoba. En su homenaje, el Congreso Normalizador del ´68 llevó su nombre.

27 “Reportaje a Amado Olmos”, Primera Plana, Nº250, 19-12-1967.

28 Informes DIL, Nº97, marzo de 1968, p. 22. Consejo Directivo electo estuvo integrado por: secretario general, Raimundo Ongaro(gráficos); secretario general adjunto, Amancio Pafundi (UPCN); secretario de Hacienda, Patricio Datarmini (municipales de Capital Federal); pro secretario de Hacienda Enrique Coronel (LF), Secretario de Gremial e Interior, Julio Guillán (FOETRA); Prosecretario Gremial e Interior, Benito Romano (FOTIA); secretario de Prensa, Cultura, Propaganda y Actas, Ricardo de Luca (navales), secretario de Previsión Social, Antonio Scipione (UF).

29 Informes DIL, Nº 99, mayo de 1968, p. 49; “Tener y no tener,” Primera Plana, Nº276, 9-4-1968, pp. 13-14.

30 La primera entrega se difundió en Semanario CGT, N°3, 16-5-1968. En 1969 las crónicas fueron compiladas en el libro ¿Quién mato a Rosendo García?, publicado por la editorial Tiempo Contemporáneo. Las variaciones del libro respecto a las notas publicadas en el Semanario, han sido analizadas por Dawyd, D. (2012).

31 El triunfador de los comicios mendocinos fue el Partido Demócrata, que nucleaba a los conservadores de la provincia. Sin embargo, es importante destacar que el candidato oficial de Perón obtuvo más votos que el postulante vandorista Serú García (Mellado, 2010: 26).

32 El autor de Operación Masacre intentaba probar con su investigación que el asesinato de García, se vinculaba con el proceder de este personaje en el congreso peronista de Avellaneda realizado en 1965, quien no secundó la iniciativa de Vandor de reorganizar al peronismo con una conducción local.

33 “Un corresponsal en cada fábrica”, en Semanario CGT, N°12, 18-7-1968, p. 6.

34 Ídem. En “Los obreros escriben en su periódico” (Semanario CGT, Nº14, 1-8-1968, p. 4) fueron publicadas las primeras tres colaboraciones de los trabajadores. En la primera de ellas, se informaban de los conflictos de la seccional Morón de la Unión Obrera Metalúrgica respecto al vandorismo; la segunda refería a los reclamos salariales de los trabajadores papeleros de Schcolnik, Villa Tessei, y la tercera se ponía en conocimiento del incumplimiento del pago de los salarios de los obreros textiles de los establecimientos Gaby Salomón y La Bernalesa, ambos perecientes al mismo grupo patronal. Esta iniciativa, en la práctica concreta, fue limitada dada la persecución de la que fueron objeto aquellos obreros que llevaron adelante las corresponsalías. Ver, Semanario CGT, Nº19, 5-9-1968.

35 “Semanario: pro y contra,” Semanario CGT, Nº15, 8-8-1968, p. 4. Hemos rastreado que durante el periodo se presentaron varios conflictos dentro de esa rama productiva en torno a la intención de un sector del gremio de congregarse en la CGTA, mientras la dirección del mismo mantenía su adhesión a la CGT “Azopardo.” Ver al respecto “Hielo,” Semanario CGT, Nº16, 15-8-1968, p. 5.

36 “Aclara Ongaro,” Semanario CGT, Nº17, 22-8-1968, p. 2.

37 Esta declaración de Ongaro, como el contenido del Programa del 1ro de Mayo, puede ser puesto en relación con las consideraciones elaboradas por John William Cooke, respecto a las estrategias a emprender en pos de la emancipación nacional: “De la misma manera que declaro que no puede haber liberación sin el peronismo, reconozco que tampoco podrá hacerla exclusivamente el peronismo. La tarea requiere una movilización popular muy vasta, una gran política de masas orientada por un programa que sea, al mismo tiempo, inflexible en el mantenimiento de ciertos principios fundamentales, y suficientemente amplio como para superar los particularismos ideológicos de sectores que coinciden en el propósito común”(Cooke, 2007: 9-10).

38 Semanario CGT, Nº17, 22-8-1968, p. 1.

39 Walsh, (1968/2007. Hugo Rappoport, colaboró en el equipo de redacción del Semanario. Al preguntarle sobre la cuestión de la difusión y circulación del Semanario, nos decía: “Sabíamos que los periódicos se acumulaban en las sedes sindicales”. Entrevista realizada por la autora, noviembre de 2013. En ese mismo sentido, se presentan las declaraciones que realizará R. H., delegado de la Imprenta Oficial de la provincia de Mendoza al respecto del Semanario CGT, declaraba que la CGTA no era “militada en serio por los dirigentes peronistas, acumulaban los periódicos y no se los entregaban a nadie, por eso no alcanzó a formarse con fuerza, era muy tambaleante” (Emili, 2013:11).

40 “Semanario de la CGT: verdades para todos”, Semanario CGT, N°28, 7 -11-1968, p. 4.

41 Ídem. Las cursivas son nuestras.

42 “Un millón de ejemplares en 33 semanas junto al pueblo,” Semanario CGT, N°33, 12-12-1968, p. 1.

43 Ídem.

44 La medida de fuerza se inició el 25 de septiembre de 1968. Los obreros rechazaban el aumento de la jornada laboral (de 6 a 8 horas), la modificación del régimen jubilatorio para el personal marítimo, y la nueva ley de hidrocarburos. Ante la intransigencia de las autoridades a los reclamos obreros, la medida se reconfiguró como un enfrentamiento global a la dictadura de Onganía. La CGTA fue la única central obrera que se solidarizó con las medidas de fuerza que llevaron adelante los trabajadores petroleros.

45 Semanario CGT, N°21, 19-9-1968, p. 5; “Nuevo despojo petrolero”, Semanario CGT, N°22, 26-09- 1968, p. 1; “Supe”, Semanario CGT, N°22, 26-9-1968, p. 3.

46 Semanario CGT, N°23, 3-10-1968, p. 1.

47 Semanario CGT, N°23, 3-10-1968, pp. 3-4

48 “Ganar la calle el 15”, Semanario CGT, N°24, 20-10-1968, p. 1.

49 Ídem.

50 La ola represiva,” Semanario CGT, N°26, 24 -10-1968, p. 2.

51 Ídem.

52 “Cavalli: traidor, botón y mentiroso,” Semanario CGT, N°26, 24-10-1968, p. 2.

53 “Una disidencia,” Semanario CGT, Nº24, 20-10-1968, p. 4.

54 “¿Esperar qué?,” Semanario CGT, Nº24, 20-10-1968, p. 5.

55 “Mendoza: paran los petroleros”, Semanario CGT, Nº26, 24-10-1968, p. 1. En el subtítulo reza: “El pronunciamiento mendocino es el principio de una reacción en cadena.”

56 “Petroleros: Cómo terminó la huelga”, Semanario CGT, Nº32, 5 -12-1968, p. 3.

57 “Decisiones del Comité Central Confederal”, Semanario CGT, Nº32, 5-12-1968, p. 1.

58 Semanario CGT, Nº37, 23-12-1968, p. 1.

59 Ídem.

60 Como fue el caso de la Federación Argentina de Ceramistas, Federación Argentina de Personal de Gas del Estado, y Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina.

61 “El día del trabajador en un país ocupado”, Semanario CGT, Nº45, 8-5-1969, p. 5.

62 “Habla Ongaro”, Cristianismo y Revolución, Nº13, 1° quincena de abril, 1969, p. 18.

63 “2da. Etapa de la CGT”, Cristianismo y Revolución, Nº13, 1ª quincena de abril, 1969, p. 19.

64 “Córdoba: firmeza obrera”, Semanario CGT, Nº 45, 8-5-1969, pp. 1-2.

65 “Rebelión en las bases, violencia en el gobierno”, Semanario CGT, Nº45, 22-5-1969, p. 1.

66 “CGT: contra la Tortura”, Semanario CGT, Nº46, 5-6-1969, p. 1. Destacado en el original.

67 “Los 15 días que sacudieron al país”, Semanario CGT, Nº46, 5-6-1969, p. 1.

68 Según Primera Plana, la posición de Perón respecto a la coyuntura política local, era la de forjar una alianza política que posibilitara una salida electoral a la dictadura de Onganía. Primera Plana, Nº 354, 20 -5-1969, p. 16.

69 “Nuevo Paro: Azopardo da marcha atrás”, Semanario CGT, Nº 47, 19 -6-1969, p. 1.

70 “Oposición: la fuerza no hace a la unión,” Primera Plana, Nº339, 24-6-1968.

71 “Las cosas claras,” Semanario CGT, Nº50, 25-7-1969, p. 2.

72 “C.G.T de los Argentinos. La Unidad y La lucha de los Trabajadores”, declaración firmada por Ismael Alí, Antonio Scipione y Ricardo De Luca, Cristianismo y Revolución, Año III, Nº18, 1ª quincena de Julio de 1969, p. 16.

73 A la luz o en la clandestinidad” Semanario CGT, Nº49, 25-7-1969, p. 1.

74 “Cómo organizar un gremio intervenido,” Semanario CGT, Nº51, 23-9-1969, p. 2; “Semana de lucha. Del 8 al 17 de octubre,” Semanario CGT, Nº52, 10-10-1969, p. 1; “Las enseñanzas del paro,” Semanario CGT, N°53, noviembre de 1969, pp. 4-5.

75 “Lo primero: libertad a los presos de la dictadura gorila,” Semanario CGT, Nº50, 23 de agosto de 1969, p. 4; “Campaña por los presos”, Semanario CGT, Nº51, 23-9-1969, p. 2.

76 “La historia la están haciendo los trabajadores,” Semanario CGT, Nº50, 23-8-1969, p. 3; “Rebelión del interior. Mensaje al interior,” Semanario CGT, Nº51, 23-9-1969, p. 1; “Dirigente gráfica escribe desde la cárcel,” Semanario CGT, Nº52, 10-10-1969, p. 4; “El pueblo vencerá,” Semanario CGT, Nº53 noviembre de 1969, p. 1;

77 “Ongaro en la lucha total. Su mensaje desde la cárcel,” Semanario CGT, N°50, 23-8-1969, p. 1. En esa dirección se había expedido Agustín Tosco, en la carta publicada en la entrega anterior del periódico: “Estamos convencidos de lo permanente de esa frase que es patrimonio de la CGT de los Argentinos: ‘Es preferible honra sin Sindicatos, que Sindicatos sin honra.’ Los sindicatos no son uno o cien edificios, los verdaderos Sindicatos son un conjunto de compañeros unidos por el gran ideal de justicia y de redención humana. Lo demás viene por añadidura”. En “Tosco: en la cárcel se forja la revolución”, Semanario CGT, Nº49, 25-7-1969, p. 4.

Fuentes éditas

Semanario CGT.

Cristianismo y Revolución.

La Razón

Primera Plana

Víspera

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Recibido: 30/06/14
Aprobado: 03/03/15
Publicado: 01/03/15

 

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