Trabajos y Comunicaciones, 2da. Época, Nº 41, marzo 2015. ISSN 2346-8971
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Departamento de Historia

 

ARTÍCULO/ARTICLE

 

El peronismo y la opción partidaria en Jujuy durante la Revolución Libertadora

 

Fernando Aníbal Castillo

Universidad Nacional de Jujuy
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Argentina
ferredbo@yahoo.com.ar

 

Cita sugerida: Castillo, F. (2015). El peronismo y la opción partidaria en Jujuy durante la Revolución Libertadora. Trabajos y Comunicaciones (41). Recuperado de: http://www.trabajosycomunicaciones.fahce.unlp.edu.ar/article/view/TyC2015n41a05

 

Resumen
La Revolución Libertadora, instaurada en septiembre de 1955 luego del derrocamiento del peronismo, ejecutó un proceso expulsivo de los peronistas y estableció la proscripción como mecanismo para evitar su reingreso. Recuperando los planteos sugeridos por Chartier y Spinelli, en el presente artículo se determinan las características de las tácticas que el peronismo jujeño puso en operación a fin de gravitar en el escenario partidario, signado por su proscripción. La participación y el peso ejercido por el peronismo jujeño dieron cuenta de la persistencia de la identidad peronista y del uso de los escasos márgenes de legitimidad.

Palabras clave: Jujuy; Partidos; Peronismo; Revolución Libertadora

 

Peronism and the electoral way in Jujuy for the period of Revolución Libertadora

 

Abstract
The Revolución Libertadora, stablished in September 1955 after overthrowing the ruling Peronism, carried out a throwing out process of Peronism followers and set outlawing on it as a mechanism to avoid its reinstitution. Recovering suggesting ideas by Chartier and Spinelli and herein are set the characteristics that the jujenian Peronism put in practice to loom over the political field which was marked by said outlawing. The participation and influence of the jujenian Peronism proved its identity persistence and the low room legitimacy usage.

Keywords: Jujuy; Parties; Peronismo; Revolución Libertadora

 

Introducción

En septiembre de 1955, un levantamiento armado depuso al peronismo y propició la constitución del régimen gubernamental autodenominado “Revolución Libertadora”. El mismo se extendió hasta mayo de 1958, luego de que las elecciones generales del 23 de febrero del mismo año consagraron presidente a Arturo Frondizi, candidato de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI).

El gobierno de facto surgido tras el derrocamiento de Perón promovió una serie de mecanismos de reestructuración integral, orientados a la proscripción del peronismo. Bajo esta consigna, se procuró borrar todo vestigio que recordara al gobierno derrocado y neutralizar toda posibilidad de movilización de sus bases políticas y sindicales. Estos procedimientos se pusieron de manifiesto en medidas como la encarcelación de dirigentes peronistas, la supresión de sus emblemas del espacio público y la disolución del Partido Peronista.

En lo que concierne a la política de representación partidaria (vinculada en definitiva a la futura salida electoral), las medidas gubernamentales estuvieron encauzadas a sostener la expulsión del peronismo de la arena política y garantizar un resultado político que favoreciera en primera instancia a la dirigencia “libertadora”; aunque algunos actores de corte antiperonista esperaban innovaciones de mayor profundidad, que supusieran al fin y al cabo la transformación de la cultura política del país. Medidas como la formulación de un nuevo estatuto de los partidos políticos y la reforma de la Constitución, dieron cuenta de las expectativas de los organismos antiperonistas. Sin embargo, cabe mencionar, las perspectivas del amplio y diverso conjunto del antiperonismo no eran necesariamente coincidentes. El proceso abierto en septiembre de 1955 se caracterizó así no sólo por la proscripción del peronismo, sino también por la falta de consenso en el conjunto del antiperonismo.

Un problema concomitante con las desavenencias entre los representantes del antiperonismo radicó en la imposibilidad de la Revolución Libertadora de articular al colectivo peronista bajo sus principios orientadores. La respuesta que los militantes del peronismo dieron ante la embestida de las fuerzas “revolucionarias” distó de constituir un posicionamiento pasivo. Así, el peronismo dio lugar a una serie heterogénea de prácticas que en conjunto han sido designadas como la “resistencia”;1 su principio fundante suponía el ejercicio de la disidencia contra la administración castrense y la preconización del peronismo. Las discrepancias frente al régimen “libertador” se manifestaron mediante las acciones de sabotaje (llevadas a cabo primero bajo una modalidad espontánea y luego por los comandos), la lucha sindical y la reorganización partidaria, apelando al uso de los resquicios del sistema político.

Así, la proscripción del peronismo y las prácticas represivas ejecutadas sobre el peronismo no produjeron la esperada “desperonización” de los partidarios del ex-presidente. La respuesta beligerante a la “Revolución” puso en evidencia la persistencia de la identidad peronista y de una estructura orgánica que la sostenía y direccionaba; por otro lado, condujo a la profundización de los antagonismos políticos que atravesaban la sociedad argentina.

En el presente artículo se determinan las características de las tácticas que el peronismo puso en operación en la provincia de Jujuy durante la Revolución Libertadora a fin de ejercer preeminencia en el escenario partidario, signado por su proscripción. Por otro lado, se atiende a las especificidades del caso jujeño, prestando atención a las particularidades del campo político provincial, que generaron, junto a las políticas de alcance nacional, las condiciones de posibilidad de las tácticas peronistas.

Desde el punto de vista metodológico, seguimos los planteos de María Estela Spinelli y Roger Chartier.2 Spinelli (2005) en líneas generales postula que las prácticas de los dirigentes e ideólogos políticos se fundan en la evaluación del escenario en el que se encuentran inmersos: “a partir de su diagnóstico elaboran sus acciones, proyectos y estrategias y lo participan –si son exitosos– a grupos de referencia y opinión (…) que lo adoptan como propio” (p. 14).

De los comandos al sindicalismo y las prácticas partidarias

En la provincia de Jujuy, de la misma forma que en el conjunto del país, las fuerzas conniventes con los golpistas asumieron de hecho el control del territorio. La Revolución Libertadora confirió su representación en este distrito a una Intervención Militar y a tres Intervenciones Federales. Durante los años subsiguientes, en esta jurisdicción norteña se desplegaron también políticas orientadas a la desperonización (Castillo, 2014).3

Conforme se desarrollaron las políticas gubernamentales, la resistencia peronista fue organizándose paulatinamente. Si bien desde los albores mismos de la Revolución Libertadora se habían puesto en operación acciones disidentes (como hacer circular rumores o panfletos),4 los militantes peronistas irían alcanzando cada vez mayor organización. Este proceso se haría ostensible a través de la preparación (el primero en Jujuy) de un plan a realizar en esta provincia en caso de un levantamiento armado.5 El gobierno puso en práctica fuertes operativos policiales, en los que se arrestaban a decenas de personas que además del encarcelamiento, eran sometidas a procedimientos judiciales. La represión al peronismo alcanzaría en adelante no sólo a aquellos que participaron del régimen depuesto, sino también de aquellos que pugnaban por reinstalarlo.

Numerosos militantes fueron detenidos y procesados, y algunos, torturados, física y psicológicamente.6 Puede decirse que el capítulo de los comandos de la resistencia en Jujuy tuvo su final en octubre, cuando se desbarató un complot y fueron encarcelados no sólo sus miembros, sino también cuanto peronista fue nombrado en los interrogatorios.7 Si bien en junio la resistencia de Jujuy (con participación local en el levantamiento de Valle) había sufrido la coacción oficial, ésta no logró detenerla, como sí sucedió en octubre. En el pasaje a 1957, la resistencia viró hacia la lucha sindical; asimismo, el peronismo apelaría a la organización política, a través del Partido Laborista y del Partido Blanco de los Trabajadores.

Luego de la enérgica embestida gubernamental sobre los comandos peronistas, durante el segundo semestre de 1956, la resistencia peronista fue girando hacia otras líneas de acción. Dada la poca factibilidad de un complot para deponer a los “libertadores”, los peronistas comenzaron a ensayar con mayor preponderancia la oposición sindical. Sin dudas esta opción ya se había encontrado en operación desde los albores de la Revolución Libertadora, pero ahora, los actores de la resistencia más radicalizados orientaron sus expectativas en esa dirección, confiriéndole verdadera fuerza en las disputas con el antiperonismo. Este viraje se contextualizó en las prácticas del conjunto del sindicalismo peronista, que paulatinamente había ido recuperando el protagonismo en la escena política.

Por otro lado, los peronistas también apostaron por la militancia a través de los partidos políticos. Debe tenerse en cuenta que en la opción entre la trayectoria sindicalista y la partidaria no hubo necesariamente una disyuntiva. Si bien a lo largo de la Revolución Libertadora los peronistas escogieron entre la lucha sindical, las acciones de los comandos y la construcción de una alternativa partidaria, llegada la instancia decisiva de definir el próximo gobierno por la vía electoral (a fines de 1957 y principios de 1958), los militantes de las distintas ramas del peronismo confluyeron en la discusión sobre el camino que, en la coyuntura, debería seguir el peronismo provincial.

Sobre el final del período, de frente a la salida electoral, los peronistas, haciendo uso del escaso margen de legalidad disponible, apostaron por cuatro posibles caminos, en cierto sentido inconciliables entre sí: el Partido Laborista, el Partido Blanco de los Trabajadores, el Partido Demócrata Conservador Popular y el voto en blanco.8 La opción por el primero supuso un proceso de traspaso de militantes sindicales y de los comandos al laborismo. Esta situación, que se fomentó a lo largo de 1957, favoreció el recambio de los cuadros del refundado partido, así como la radicalización de sus discursos. Con respecto al Partido Blanco de los Trabajadores, se produjo un agrupamiento diverso, en cuanto confluyeron en éste numerosos dirigentes y militantes del Partido Peronista, sindicalistas y miembros de los comandos. Finalmente, el grupo que se pronunciaba a favor del voto en blanco, representaba la “línea dura”. En la visión de los peronistas la lealtad a Perón se escalonaba –de mayor a menor– de la siguiente forma: votoblanquistas, Partido Blanco de los Trabajadores y laboristas. Llegada la orden del líder, los sufragios peronistas se dividieron entre el laborismo y el radicalismo liderado por Guzmán.

La conformación de un partido bajo las condiciones de proscripción establecidas fue discutida por los partidarios del gobierno derrocado en esta provincia desde los albores mismos de la Revolución Libertadora.9 A fines de 1955, ex militantes peronistas y activistas de la resistencia, propusieron el trazado de una organización partidaria que se canalizara por andariveles legales, aunque en oposición a los partidos llamados tradicionales. El objetivo suponía la constitución de un Partido Popular y que militaran en éste “políticos jujeños de notoriedad”. Tal propuesta recibió el apoyo de algunos oficiales del Ejército –de carácter filoperonista–, con ostensibles intenciones de insertarse en la política una vez retirados de las labores castrenses; mas fue duramente condenada por otros cuadros del peronismo (algunos militares entre estos últimos), sobre todo aquellos con militancia conspirativa desde el mismo parto de la “revolución”. Algunos se resistieron a tal propuesta aduciendo categóricamente su pertenencia al Partido Peronista.10

Este proyecto fue reflotado a principios de 1956; con el concurso de algunos que lo habían impulsado el año anterior y otros que se sumaron (entre los que hubo dirigentes partidarios y sindicales); la propuesta comportaba “que sobre las ruinas del ex-Partido Peronista, debía erigirse una nueva organización con el nombre de [Partido] Nacional Socialista”.11 Estos proyectos quedaron finalmente, en el olvido, dado que sus gestores se abocaron a participar de los comandos y, posteriormente, –algunos de ellos– militaron en el Partido Laborista.

A lo largo de 1956, otros proyectos del mismo tenor fueron impulsados por otros sectores de la resistencia. Uno de éstos, inducido desde grupos afines a los suboficiales que conspiraban en pos de un levantamiento armado, alarmados por el posible pasaje de las bases peronistas al comunismo, implicaba “la creación de un nuevo Partido Político con prescindencia de las estrellas del peronismo, propuesta que también fue rechazada”.12

Desde la emergencia de la Revolución Libertadora y hasta principios de 1957, la mayor parte de los miembros de la resistencia se oponían a la constitución de una entidad política. Como ya se adelantó, la displicencia por conformar un nuevo partido radicaba en la fuerte identidad peronista de los mismos. Esto es, se preconizó la lealtad a Perón y se impuso la estructura orgánica del peronismo Al respecto, un cuadro de la resistencia postuló que “todas las fuerzas obreras se mantuvieran firmes y que no quería, bajo ningún punto que se formara un nuevo partido político. Que al referirse a los obreros dijo que debían mantenerse firmes en su ideal peronista”.13 Los proyectos mencionados suponían el reencauzamiento del peronismo, más allá de la estructura que había dejado.

Las tendencias con respecto a militar en un partido que dirigiera a las fuerzas peronistas cambiaron a partir de 1957. Luego del reflujo de las acciones de los comandos, numerosos militantes optaron por las acciones partidarias. Un sector (sobre todo vinculados al sindicalismo peronista) participó del Partido Laborista. Otros se abocaron a la construcción de un partido estrictamente peronista.

Sobre el laborismo: la expresión partidaria de un sector del sindicalismo peronista

El Partido Laborista tuvo sus orígenes en octubre de 1945, al calor de los conocidos eventos acaecidos el 17 del mismo mes, que generaron en el sindicalismo un optimismo sin precedentes. En la fundación del partido participaron representantes gremiales de muy variados orígenes, como el socialismo, el radicalismo, afiliados a la CGT, a la Unión Sindical Argentina, de Capital Federal y el interior del país (Barry, 2009). El objetivo del Partido Laborista era incluir al movimiento sindical en el sistema político (Barry, 2009; Torre, 2006). Así los trabajadores, a partir de la institución del partido, se lanzaron dispuestos “a abrir una brecha en el sistema de partidos que tan hostil había sido a sus demandas de participación política” (Torre, 2006: 126). Más allá de la disconformidad de Perón (basada en el principio de mantener a la política fuera de los sindicatos), él mismo postergó sus diferencias, en tanto la urgencia del momento suponía ganar las elecciones generales de 1946.

En Jujuy, el Partido Laborista se constituyó a partir de la confluencia de sectores sindicales, con especial peso de los trabajadores azucareros (Kindgard, 2001). Siguiendo la dinámica que se impuso desde la conformación de la coalición misma que apoyó a Perón en el referendo mencionado, en este distrito los laboristas también se enfrentaron con el bando radical nucleado en la Junta Renovadora. Aunque ambas líneas patrocinaban la candidatura de Perón, se disputaron la totalidad de los cargos provinciales.14 En las elecciones de febrero de 1946, los resultados favorecieron categóricamente a los radicales (Kindgard, 2001).

Luego de las elecciones –consumado el triunfo de las listas que postularon a Perón–, la conflagración se instaló en torno a los espacios que deberían ocupar cada uno de los partidos. Dado el carácter conflictivo de la coyuntura, se procedió a la configuración de un espacio partidario que organizase las diferencias entre los diversos colectivos. Las disputas entre uno y otro, en las diferentes escalas, se licuaron bajo las prescripciones del proceso organizacional que en definitiva pariría formalmente al Partido Peronista.15

En su segunda época, luego del advenimiento de la Revolución Libertadora, el Partido Laborista inició su reorganización en la provincia en abril de 1956.16 La misma fue acompañada desde un principio por dirigentes de nivel nacional.17 Entre los cuadros laboristas era factible encontrar diversas trayectorias; por ejemplo, dirigentes que habían militado en el partido en la década de 1940 y que retornaban ahora defendiendo un conjunto de representaciones afines al peronismo, y otros –con itinerarios más ambiguos o más pragmáticos– que luego de la sujeción del laborismo al esquema organizacional peronista se retiraron del mismo, apoyaron después a la Revolución Libertadora y luego vivaron nuevamente a Perón.

Habiendo iniciado el proceso de su reconstrucción en el primer semestre de 1956, el laborismo –luego de un lento proceso de restructuración– comenzó a participar activamente de las lides políticas a principios del siguiente año, en el contexto previo a las elecciones de convencionales constituyentes.18 En ese marco, los laboristas lograron darse una posición que hacía ostensible una proximidad con el “régimen depuesto” sin caer en connivencias con la Revolución Libertadora. Esta tesitura se manifestó en cuanto enfatizaron que en el imaginario laborista persistía la memoria de los “que fueron fusilados por los revolucionarios”.19 De acuerdo con sus militantes, el laborismo fue el único partido que “pidió piedad para los vencidos”,20 mientras los partidos tradicionales no alzaron voces de protesta.21 Otro punto en el cual se diferenciaban de las restantes agrupaciones políticas radicaba en que el laborismo no formó parte de la Junta Consultiva ni de las comisiones investigadoras.22 Un elemento central del discurso laborista fue el ataque a los otros partidos, a los que sólo les propinó términos injuriosos.23 Tampoco se guardó palabras para la “oligarquía”, endilgándole, por lo demás, su asociación con el gobierno:

Levantamos esta tribuna para denunciar nuevamente que la oligarquía está haciendo temblar las conquistas sociales logradas por la clase obrera (…) La revolución postulaba el trabajo y la libertad y el imperio del derecho, pero (…) cada vez nos vamos alejando más y más de esa realidad prometida.24

Finalmente, en lo que concernía a la representación de sí mismos, el imaginario laborista se nutría de las nociones de justicia social, soberanía política e independencia económica, de los derechos de la ancianidad y el privilegio de los niños.25 Así, los elementos con los que el laborismo reforjó su identidad estaban estrecha y claramente vinculados a las representaciones peronistas.

La campaña proselitista de cara a las elecciones de 1957 fue profusa en actos; incluso, contó en uno de ellos con la participación de Cipriano Reyes.26 A lo largo de la misma, el laborismo puso de manifiesto que no le confería legitimidad a la convocatoria, destacando que aunque estaba a favor de realizar una enmienda a la Constitución, ésta debería llevarse a cabo en un contexto en el que se garantizase la plena participación popular. Asimismo, el Partido Laborista declaró que el gobierno de facto no tenía facultades para derogar por decreto una Constitución e imponer otra. En ese sentido, si bien participaron de la contienda, no validaron el llamado a elecciones para reformar la Constitución.27

En las elecciones de julio de 1957, el Partido Laborista obtuvo un desempeño importante en esta jurisdicción norteña. En el distrito capital, se impuso incluso a la UCRI, aunque quedó por debajo del voto en blanco. En términos generales, quedó en tercer lugar, sin poder superar a los frondizistas y al votoblanquismo, pero holgadamente por encima del Radicalismo del Pueblo.28 Cabe mencionar que el laborismo obtuvo en Jujuy los mejores resultados de todo el país: con el 14, 43 por ciento quedó muy por arriba de la media nacional, 1,07 por ciento (Melon Pirro, 2009).29 En función de los números obtenidos, el laborismo conquistó un escaño para participar de la Convención Constituyente. En la asamblea, el representante laborista impugnó la misma y se retiró del recinto.

La campaña para las elecciones generales (en las que el Partido Laborista presentó postulantes para todos los cargos menos para concejal de La Quiaca)30 dio continuidad a los principios ya explicitados durante las acciones proselitistas pasadas. Los dirigentes laboristas “fustigaron duramente ‘a la oligarquía’ y criticaron ‘la campaña de falsas promesas que vienen desarrollando los partidos tradicionales”.31 De esta forma, volvieron a la carga contra los restantes partidos, especialmente la UCRI y los conservadores, a los que consideraban los responsables de los males que aquejaban al país y la provincia.32

Uno de los elementos característicos de la campaña, debe acotarse, estuvo dado en la eufórica aclamación a Perón.33 El imaginario puesto en escena no suponía sólo referencias tácitas al peronismo a través de la interpelación a la oligarquía como el enemigo, sino que se hizo sumamente ostensible mediante la aclamación explícita a Perón.

En las elecciones de febrero de 1958, los laboristas volvieron a obtener resultados aceptables. Aunque la cosecha de votos fue menor a la de la votación anterior (tanto en términos absolutos como relativos), logró obtener escaños para la legislatura provincial y para los Concejos Deliberantes de las comunas de la provincia.34 Sin dudas, la pérdida de sufragios radicó fundamentalmente en la directiva del jefe del movimiento peronista de apoyar la lista frondizista. No obstante, la buena afluencia de papeletas de la que se hizo acreedor dejó en evidencia que gozaba de la preferencia de una porción del electorado peronista.

La trayectoria seguida por el laborismo estuvo signada por el pasaje de la interpelación implícita a los peronistas a la ovación de carácter explícito del líder exiliado. Ahora, más allá de que el conjunto de los partidos procuró cautivar al electorado peronista (aunque con matices), la postura del laborismo tendió a solaparse con el mismo, aunque sin perder sus propios rasgos. El dato clave para comprender este proceso se hallaba en la activa participación en las filas del laborismo de militantes peronistas y de familiares y amigos de éstos.35

A nuestro criterio, finalmente, siguiendo parcialmente las observaciones sugeridas por Melon Pirro (2009), el Partido Laborista distó en la coyuntura de plantear una posición que pudiera traducirse en términos de clase o, al menos, plasmarse como una expresión sindical; antes bien, tendió a confundirse con el peronismo en el sentido más amplio; esto es, recuperando el amplio imaginario de éste. Desde este punto de vista, el laborismo podría ser visto como una expresión de neoperonismo. Siguiendo los principios en los que se planteó el debate historiográfico en torno a la categorización de “neoperonismo”,36 debe considerarse que el laborismo apuntó a fortalecer la identidad peronista, aunque no se enfrentó con el líder, sino con el sector partidario que defendía la lealtad al mismo.

En definitiva, el Partido Laborista constituyó la primera expresión por parte del peronismo del uso de las posibilidades partidarias. Sin embargo, debe considerarse que el laborismo no supuso un esquema plenamente peronista, aunque sí “colonizado” a mediano plazo por los militantes peronistas. Luego de las elecciones de convencionales constituyentes, se constituiría el Partido Blanco de los Trabajadores, una construcción completamente peronista, con la afluencia de dirigentes partidarios de histórica gravitación.

Esbozos de la reorganización partidaria del peronismo

La expresión sintomática del voto en blanco, en las elecciones de 1957, dejó en claro la persistencia de un sustrato indiscutiblemente peronista. El retorno de las “expectativas (…) de participación política” que señala Melon Pirro (2009: 122) también se manifestó en la provincia de Jujuy; aunque un sector del peronismo se había sumado al laborismo antes del referendo, el fuerte traspaso a las actividades partidarias se llevó a cabo luego del triunfo del voto en blanco en el mismo.

En el contexto posterior a las elecciones de 1957, los peronistas constituyeron el Partido Blanco de los Trabajadores. El mismo gozó del reconocimiento oficial y recibió la personería jurídica por parte de la Justicia Electoral.37 Este acto de otorgamiento de legitimidad se enmarcó dentro de la tendencia “libertadora” de pretender limitar la influencia de Perón:

El gobierno revolucionario también tuvo una política conciliatoria hacia el neoperonismo, ya que suponiendo que su crecimiento eliminaría de la arena política al viejo caudillo se le permitió participar en el sistema político restaurado (Arias y García Heras, 1993: 97).

Impulsado por dirigentes de primera línea de la experiencia peronista recientemente clausurada (el ex Ministro de Gobierno y ex Interventor Federal en Tucumán, José H. Martiarena, secundado por Guillermo Snopek) en la conformación del Partido Blanco de los Trabajadores confluyeron cuadros del partido proscripto y del sindicalismo.38

Sin embargo, no todos los gremios tomaron participación activa; entre éstos, se encontraban los azucareros, los de la localidad de Palpalá y los mineros. En la reunión partidaria faltaron dirigentes gremiales de la capital como el Sindicato de Panaderos, choferes, metalúrgicos, Obreros y Empleados de Comercio, Bancarios, Agua y Energía, y Sanidad.39 No todos los dirigentes políticos concordaban con la presentación del partido, propugnando el voto en blanco con el argumento de que el Partido Blanco de los Trabajadores no tenía vínculo alguno “con la verdadera línea nacional del Movimiento proscripto, que se inclina sin vacilaciones de ninguna naturaleza hacia el voto en blanco”.40

Si bien, como menciona Melon Pirro (2009), muchos de los dirigentes partidarios sufrieron el descrédito, algunos lograron mantener intacta su reputación (a fuerza de una tozuda e inclaudicable militancia en tiempos de proscripción) y en definitiva, su influencia sobre el colectivo peronista. En el caso de Jujuy la dinámica de los procesos políticos daba cuenta del firme posicionamiento en la escena de los representantes del peronismo histórico, hegemonizado desde los orígenes por el tanquismo, de raíz yrigoyenista, antes que por representantes del gremialismo provincial (Kindgard, 2001). Este dato pone en evidencia el peso de los dirigentes partidarios en la reconstitución de la trama orgánica del peronismo.

Luego de las primeras deliberaciones, las opiniones se dividieron entre el voto en blanco y la posición concurrencista, sin apoyo sindical. En las asambleas siguientes, el sector abstencionista invocó una orden de Perón y ratificó su postura, aunque, siguiendo la misma directiva, declaró que se votaría en contra de Balbín. No votarían en blanco, porque habría significado “hacerle el juego al continuismo. Sin embargo, aun dada la orden del líder, emergió la “línea dura”, “que propugnaba el voto en blanco como refirmación [sic] de protesta por comicios que se calificaban fraudulentos en razón de las inhabilitaciones vigentes y la proscripción del ex-partido peronista”.41

Los partidarios de obedecer la orden de Perón de votar a Frondizi sostenían que así se impediría el triunfo continuista. Por otro lado, la línea que pretendía apoyar al laborismo aducía que su programa era popular y democrático. No obstante, en función de que no presentaba candidatos a presidente, y sólo se postulaba en 6 distritos del país, se suponía que ese voto sería desperdiciado. Una tercera tendencia, minoritaria, apoyaba la candidatura de Vicente Solano Lima. Los opositores a esta línea destacaban que el candidato aludido estuvo vinculado a actores asociados al fraude. Finalmente, la “línea dura”, que propiciaba el voto en blanco. Sus detractores sostenían que el voto en blanco conllevaría favorecer el continuismo, es decir, el triunfo de las fuerzas balbinistas.42

Finalmente, en una asamblea la mayoría optó por seguir las órdenes del jefe del partido. El peronismo consideró que tenía dos opciones: la continuidad del “gorilismo” en la UCRP, o “la promesa de establecer el orden legal en el país”. En el marco del dilema, Perón había dispuesto apoyar a Frondizi. Con el “gorilismo” habría quedado cerrada la posibilidad de paz y justicia; “con Frondizi está la esperanza de un retorno al orden legal”. Sin embargo, un sector minoritario del peronismo propuso que en el orden local se votara por el laborismo, ganándose el rechazo de la mayor parte de los concurrentes.43 De esta forma, de cara a la salida electoral, el peronismo quedó dividido en un sector que se pronunció por el frondizismo y una porción menor que derivó su apoyo a los laboristas. La diferencia entre una y otra facción estaba dada en la lealtad a Perón, porque en definitiva ambas encarnaban la identidad peronista.

Con el apoyo a Frondizi se puso de manifiesto la lealtad al líder. El peronismo jujeño había atravesado años de obstinada resistencia y cerraba el periodo de la Revolución Libertadora bajo la certeza de la gravitación indiscutible de Perón. El proceso seguido por el peronismo parecía haber llevado a cabo el del lento montaje, pieza por pieza, de la estructura orgánica. Lejos de las acciones espontáneas y de los comandos, la opción sindical y finalmente la partidaria supuso la consumación de un esquema dirigido a establecer cánones de conducta que brindasen un marco de expresión –y reafirmación- de la identidad peronista.

Conclusiones

La Revolución Libertadora se propuso desmontar la maquinaria justicialista. Sin embargo, la proscripción del peronismo no produjo la esperada “desperonización”. Los adeptos al ex-presidente pusieron en operación mecanismos de distinta índole y con grados diversos de organicidad. La arremetida de la violencia estatal (de naturaleza jurídica y policíaco- militar) contra la resistencia socavó en definitiva la animosidad de los comandos. A lo largo de 1957 y en adelante, las energías de la militancia justicialista se orientarían hacia la consolidación de la lucha sindical y el debate en torno la participación electoral, ya fuere a través del voto en blanco, de una nueva agrupación peronista, del Partido Laborista o de la salida oficial de apoyar la fórmula del frondizismo.

Frente al referendo de 1958, el peronismo afrontó la disyuntiva sobre el camino a seguir. Los peronistas tuvieron que adoptar una decisión entre el voto en blanco, el Partido Laborista, el conservadurismo y el Partido Blanco de los Trabajadores. Todas estas opciones se debatieron considerando el análisis del escenario político provincial y nacional y la lealtad al líder peronista. No obstante, prevaleció la decisión de seguir la directiva de Perón, que implicaba la cancelación de las restantes iniciativas y el apoyo a las candidaturas frondizistas. De esta forma, se abrió el camino para la llegada del frondizismo al poder. El acatamiento a la orden del líder peronista puso en evidencia la gravitación de una estructura informal que otorgaba organicidad al movimiento proscripto.

El cierre del período encontró al peronismo ratificándose como un actor clave en el campo político. De manera coincidente a lo que ocurrió en el conjunto del país, se hizo evidente en Jujuy que la identidad peronista no sólo persistía, sino también que la participación del peronismo en el espacio público había logrado condicionar la orientación de las políticas de la “Revolución Libertadora”.

 

Nota

1 De acuerdo con Daniel James (1976), la “resistencia” remite en general a la oposición ejercida desde el peronismo luego de su derrocamiento, en septiembre de 1955. Constituida en función del rechazo a la Revolución Libertadora, la resistencia representaba la capacidad del peronismo de enfrentar su proscripción y represión. Coincidiendo con James, Melon Pirro (2009) apunta que el móvil no era sino “la necesidad de ‘hacer algo’ frente a la omnipotencia ‘gorila’ y sus símbolos; y que por norma no se reconozca más ideología inspiradora que el sentimiento peronista ofendido y la necesidad de expresar la lealtad incondicional al jefe exiliado” (p. 56). Dentro de la vasta bibliografía al respecto, consultar, además de las ya citadas, las publicaciones de James, 2006; Melon Pirro, 1993; Salas, 1990; Raimundo, 1998 y Bozza, 2001.

2 Tales definiciones se construyen fundamentalmente en función de lo que Roger Chartier “ha denominado las ‘representaciones de la realidad’” (Spinelli, 2005: 14). Estas últimas tiene que ver con “cómo se concibe –desde un ángulo particular de observación a partir de una determinada escala de valores temporal, donde también intervienen ideales, sentimientos y prejuicios– la realidad económica, política, social y cultural de una época” (p. 14). En definitiva, los antiperonistas constituyeron representaciones sobre el peronismo y actuaron en función de tales. Cabe agregar que Chartier (1999a) sostiene que los esquemas perceptuales generados por las representaciones contienen “divisiones de la sociedad”; de esta forma las representaciones son productoras de lo social (p. IV). Al respecto señala que sobre la realidad confluyen múltiples representaciones (dada la complejidad de las formaciones sociales), en función de las cuales ésta se construye contradictoriamente. Dentro de las sugerencias planteadas por Chartier cabe enfatizar que las identidades son el resultado de una relación beligerante entre las representaciones “impuestas por aquellos que poseen el poder de clasificar y designar y la definición, sumisa o resistente, que cada comunidad produce de sí misma” (Chartier, 1999b: 57).

3 Con respecto al embate contra el peronismo, las prácticas represivas puestas en operación dejaron traslucir que el binomio gubernamental Aramburu-Rojas abandonaría toda ambigüedad (Melon Pirro, 2000). Los militantes peronistas fueron apresados e interrogados en función de las prácticas inquisitivas de las comisiones investigadoras, formadas “para atender a las múltiples denuncias de corrupción y abuso de poder que pesaban sobre el gobierno derrocado” (Spinelli, 2000: 191). Además, se proscribió el Partido Peronista, se intervino la CGT, la persecución de la militancia peronista adquirió naturaleza sistemática y se sancionó “la penalización de la apelación a sus símbolos” (Spinelli, 2001: 19).

4 Archivo de la Justicia Federal (en adelante AJF). Expediente N° 928-1956.

5 Hemeroteca de la Biblioteca Popular de Jujuy (en adelante HBPJ). Pregón. 24 de enero de 1956.

6 AJF. Expediente N° 928-1956.

7 AJF. Expediente N° 928-1956.

8 La opción por el conservadurismo fue rápidamente sofocada durante la discusión interna en torno a qué camino seguir en las elecciones de 1958.

9 Puede citarse como antecedente también que en Jujuy, a principios de 1956, se proyectó la creación de una junta de la Unión Popular. Sin embargo, en la misma, no participaron activistas de la resistencia y en definitiva no llegó a concretarse, tal vez, por la hostilidad de la que fue objeto. HBPJ. Libertad. 13 de enero de 1956. Sobre el mencionado partido, consultar el trabajo de Rein, 2000.

10 AJF. Expediente N° 928-1956.

11 AJF. Expediente N° 928-1956.

12 AJF. Expediente N° 928-1956.

13 AJF. Expediente N° 928-1956. La preocupación de estos militantes se fundaba en que sectores del comunismo se encontraban desarrollando una intensa campaña de propaganda en los ingenios. Aunque no los menciona, seguramente se referían a Partido Socialista de la Revolución Nacional.

14 La falta de entendimiento entre las dos líneas que apoyaban a Perón no fue exclusiva de esta provincia; en cierto sentido, los acuerdos entre laboristas y radicales fueron limitados (Torre, 2006).

15 Sobre el proceso de constitución del Partido Peronista, consultar el trabajo de Barry (2009).

16 HBPJ. Pregón. 19 de abril de 1956.

17 HBPJ. Pregón. 19 de abril de 1956.

18 HBPJ. Pregón. 9 de febrero de 1957.

19 HBPJ. Pregón. 3 de mayo de 1957.

20 HBPJ. Pregón. 3 de mayo de 1957.

21 Los laboristas se referían con “partidos tradicionales” al radicalismo y al conservadurismo.

22 HBPJ. Pregón. 3 de mayo de 1957.

23 Esta postura del laborismo, cabe acotar, no fue propia del contexto estudiado; ya durante los prolegómenos de la conformación del peronismo, los laboristas habían puesto en duda el carácter confiable de los partidos políticos (Torre, 2006).

24 HBPJ. Pregón. 3 de mayo de 1957.

25 HBPJ. Pregón. 3 de mayo de 1957.

26 HBPJ. Libertad. 15 de mayo de 1957.

27 HBPJ. Libertad. 28 de julio de 1957.

28 AGN. Fondo: Documental Dirección Nacional Electoral. Caja: 15. Expediente N° 25386-J-1957.

29 Melon Pirro (2009) señala que en Jujuy el laborismo “obtuvo resultados de tipo neoperonista, tanto por su caudal como por las covariaciones –fundamentalmente con voto en blanco y voto peronista previo– que pueden establecerse a nivel de departamentos (p. 198)”.

30 HBPJ. Pregón. 27 de diciembre de 1957.

31 HBPJ. Pregón. 31 de enero de 1958.

32 HBPJ. Pregón. 31 de enero de 1958.

33 HBPJ. Pregón. 22 de febrero de 1958.

34 HBPJ. Pregón. 15 de marzo de 1958.

35 HBPJ. Pregón. 13 de junio de 1957.

36 Las características de los partidos neoperonistas sugeridas por Tcach (1995) son las siguientes: Pueden considerarse neoperonistas aquellas organizaciones cuyos dirigentes fundaron su legitimidad de origen en su pertenencia a la elite política del peronismo histórico (1945-1955); y que, en las nuevas circunstancias [la proscripción del peronismo], se plantearon deliberadamente competir con el líder exiliado mediante el empleo de dos recursos que a éste le eran vedados, a saber, su participación en la competencia electoral y en la distribución de los recursos institucionales del Estado (p. 74).Consultar al respecto, los textos de Arias y García Heras (1993), Melon Pirro (2009), Rein (2000) y Tcach (1995).

37 HBPJ. Pregón. 27 de diciembre de 1957.

38 HBPJ. Pregón. 6 de febrero de 1958.

39 HBPJ. Pregón. 6 de febrero de 1958.

40 HBPJ. Pregón. 6 de febrero de 1958.

41 HBPJ. Pregón. 8 de febrero de 1958.

42 HBPJ. Pregón. 9 de febrero de 1958.

43 HBPJ. Pregón. 20 de febrero de 1958.

 

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Recibido: 01/07/2014
Aprobado: 01/09/14
Publicado: 01/03/15

 

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