Trabajos y Comunicaciones, 2da. Época, Nº 40, 2014. ISSN 2346-8971
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Departamento de Historia

DOSSIER

 

Nacional/regional/transnacional: la diáspora catalana y el universo de la ayuda humanitaria desde la Guerra Civil española al final de la Segunda Guerra Mundial

 

Silvina Jensen

Universidad Nacional del Sur
CONICET, Argentina
sjensen@criba.edu.ar

 

Cita sugerida: Jensen, S. (2014). Nacional/regional/transnacional: la diáspora catalana y el universo de la ayuda humanitaria desde la Guerra Civil española al final de la Segunda Guerra Mundial. Trabajos y Comunicaciones (40). Recuperado de: http://www.trabajosycomunicaciones.fahce.unlp.edu.ar/article/view/TyC2014n40a05

 

Resumen
Este artículo se propone interrogar las relaciones entre comunidad diaspórica catalana del Cono Sur y prácticas regionales solidarias, enfatizando aquellos proyectos e iniciativas que se articularon a ambos lados de la cordillera es pos de la ayuda hacia los desplazados (primero los desplazados al interior de la península durante la Guerra Civil, luego los desplazados a Francia tras la “retirada” y por último los evacuados desde el país galo hacia América Latina). Asimismo, intenta pensar desde un conjunto de trayectorias individuales y grupales de destierro que tuvieron como destinos a Chile y la Argentina, en qué medida estos países de recepción operaron, para esos sujetos y también para las instituciones (oficiales o societales catalanas) generadoras del auxilio, como un espacio poroso de tránsitos, de relaciones fluidas, de intercambio de información y de proyectos comunes, cimentado en complejas redes familiares, político-partidarias, profesionales e ideológicas, transfronterizas y también transnacionales.

Palabras clave: Guerra civil europea; Diáspora catalana en Chile y Argentina ; Prácticas solidarias regionales

 

National / regional / transnational: the Catalan Diaspora and the humanitarian assistance from the Spanish Civil War at the end of World War II

 

Abstract
This article aims to examine the relationship between Catalan diasporic community in the Southern Cone and solidary regional practices, emphasizing projects and initiatives that were articulated on both sides for help to the desplazed persons (first moved into the peninsula during the Civil War, then moved to France after the "withdrawal" and finally evacuated from France to Latin America). Also, try to think from a set of individual and group trajectories of exile which had as destinations to Chile and Argentina, to what extent these countries functioned as a porous space transits, of fluid relationships, information exchange and joint projects for both individuals and groups receiving assistance to local e internacional institutions that generated it. And all this under the activation of complex family networks, partisan political, professional and ideological border and transnational.

Key words: European Civil War; Diáspora in Chile and Argentina Catalan; Practice Regional Solidarity

 
Introducción
Si bien en España hubo destierros a lo largo de toda la Guerra Civil (1936-1939) – de un signo y del otro, republicanos, pero también monárquicos, políticos de derecha, clérigos, encargados de fábricas y talleres, sectores acomodados de la burguesía industrial y agrícola y personas comprometidas con los insurgentes que salieron entre 1936-1937 –, y de cientos de civiles que se desplazaron al interior de la península como consecuencia del impacto de la violencia en la retaguardia republicana y la generada por la avanzada militar nacional; por su magnitud, transversalidad social y concentración temporal, la estampida pirenaica de 1939 no sólo ha sido la de mayor impacto internacional, sino la que la historiografía ha considerado símbolo de los exilios masivos contemporáneos del mundo de habla hispánica.

Esa salida masiva y abrupta de población rumbo a Francia en el invierno del 1939 se produjo tras la derrota republicana en la batalla del Ebro que supuso la debacle del frente catalán, la caída de sus principales capitales (Tarragona, 14/1, Barcelona, 26/1, Girona, 3/2), la huída de las instituciones autonómicas desde Barcelona y su instalación en diferentes ciudades de la provincia de Girona y el dramático éxodo de más de 450.000 personas desde el 28 de enero hasta el 10 de febrero, cuando salieron los combatientes desarmados, pero también enfermos, ancianos, mujeres y niños en un cruce dramático, ante la amenaza constante de los bombardeos fascistas. Las imágenes de estos cientos de miles de personas, familias, columnas militares, políticos e intelectuales en una geografía sembrada de maletas, colchones y ropa desperdigada fueron la expresión de la derrota que se consumó el 1º de abril de 1939, cuando Franco proclamó la “Victoria”. Ese movimiento desmesurado que llevó fronteras afuera a casi el 2 % de la población española en poco más de dos semanas (Vilanova, 2006: 23) estuvo integrado no sólo por cargos de responsabilidad política en el gobierno del Estado, militantes de los partidos integrados al Frente Popular y ligados al sindicalismo anarquista, comunista o socialista, sino también por militares republicanos, soldados regulares o milicianos y vastos sectores sociales –incluido jornaleros sin tierra, obreros, campesinos – que salieron por miedo a las represalias creyendo encontrar refugio en Francia, donde se convirtieron en “indeseables” o “apátridas”. Como parte de los exilios españoles de lo que Enzo Traverso (2009: 36) llama la “guerra civil europea”,1 no podemos olvidar tampoco las huidas que se desgajaron desde la península ibérica en los años ´40 y que fueron motivadas por la acción terrorista del Estado franquista y sus violencias física, económica, laboral, ideológica y judicial. Tampoco podemos desconocer los reexilios desde Francia a terceros países (especialmente URSS, Inglaterra, EEUU, México, República Dominicana y Chile), ante el inminente estallido de la Segunda Guerra Mundial, con la avanzada nazi sobre territorio galo y por la acción represiva conjunta de las policías nazi y franquista en connivencia con el régimen de Vichy.

Ante la necesidad de enfrentar el drama de los exilios internos y externos, España comenzó a organizar la ayuda. Ésta no sólo fue gestionada por los gobiernos central2 y autonómicos durante la guerra y tras la “retirada” a Francia, sino que involucró a la sociedad civil peninsular, a organizaciones internacionales (Cruz Roja, Unitarian Service Comittee, los cuáqueros, etc.) y al heterogéneo entramado asociativo español disperso por el mundo – sobre todo en Latinoamérica –, lo mismo que a múltiples actores políticos, sindicales, culturales y sociales de lo países de residencia de la gran emigración, a los que iban sumándose los perseguidos políticos.3

Atendiendo a la cualidad compleja de todo proceso exiliar, a su condición a la vez enraizada y móvil, este artículo se propone interrogar las relaciones entre comunidad diaspórica catalana del Cono Sur y prácticas regionales solidarias,4 enfatizando aquellos proyectos e iniciativas que se articularon a ambos lados de la cordillera es pos de la ayuda hacia los desplazados (primero los desplazados al interior de la península durante la Guerra Civil, luego los desplazados a Francia tras la “retirada” y por último los evacuados desde el país galo hacia América Latina). Asimismo, intenta pensar desde un conjunto de trayectorias individuales y grupales de destierro que tuvieron como destinos a Chile y la Argentina, en qué medida estos países de recepción operaron, para esos sujetos y también para las instituciones (oficiales o societales catalanas) generadoras del auxilio, como un espacio poroso de tránsitos, de relaciones fluidas, de intercambio de información y de proyectos comunes, cimentado en complejas redes familiares, político-partidarias, profesionales e ideológicas, transfronterizas y también transnacionales.

La Historia de los exilios catalanes en clave nacional, regional y transnacional

La historiografía del exilio republicano no ha sido ajena al impulso de analizar los desplazamientos en clave nacional – indagando los modos situados y cambiantes de identificación de los sujetos diaspóricos con una Patria o Patrias de origen que funcionaron en la coyuntura del destierro como referentes simbólicos sin territorio5 –; o estatal, asumiendo las relaciones entre los colectivos humanos desplazados por la violencia política y los Estados y gobiernos que los recibieron en calidad de refugiados, exiliados o inmigrantes “indeseables” desde finales de los años ´30 y a lo largo de la década de 1940. Así, si por una parte y sobre todo en los últimos años, han experimentado un desarrollo sostenido las investigaciones acerca de los exilios gallegos (Repertorio, 2006), catalanes (Díaz Esculies, 2003) y vascos (Siegrist, 2002) que intentan visualizar sus peculiaridades con respecto al conjunto del exilio republicano español; por la otra siguen acumulándose pesquisas que recortan capítulos nacionales del destierro catalán de la guerra y la posguerra civil, atendiendo a los países de acogida.6

Sin desconocer las peculiaridades de los colectivos catalanes que residían en Argentina y Chile antes del estallido de la Guerra Civil, ni las especificidades de los exilios republicanos que llegaron a cada país – promovidos, en el caso chileno por el gobierno del Frente Popular encabezado por Pedro Aguirre Cerda, y rechazados y/o limitados en el caso de los gobiernos conservadores argentinos –, considero que vale la pena interrogar las políticas societales de ayuda emanadas del entramado étnico catalán en los respectivos países, lo mismo que las trayectorias de asistencia al ingreso a la región, no sólo dentro del marco nacional-estatal, sino atendiendo a la recuperación de las redes tejidas a ambos lados de la cordillera que, a nuestro juicio, operaron en forma eficaz en la gestión de la ayuda a las víctimas catalanas de las guerras.

Se trata además de interrogar la ayuda a los desplazados como uno de los ejes en torno al cual se articuló una comunidad diaspórica catalana que no sólo tuvo expresiones en el Cono Sur, sino que involucró a otras geografías de tránsito o residencia de colectivos étnicos de la vieja emigración económica o del reciente exilio político, y a la vez a otros actores nacionales e internacionales, gubernamentales y no gubernamentales que formaron parte de las redes sociales y de comunicación más o menos activas que hicieron posible el auxilio a los desplazados, primero por el conflicto fraticida español y luego por los avatares de la Segunda Guerra Mundial.

En este contexto, pretendemos avanzar en la comprensión de las políticas de ayuda orientadas a/o recibidas por los exiliados catalanes que eligieron Argentina o Chile como destino, pensándolas en una combinación de niveles y escalas que involucraron componentes locales, regionales, estatales, internacionales y hasta transnacionales.

Los catalanes de Chile y Argentina al arribo de los exiliados

La historiografía de la emigración y el exilio catalán ha tendido a cimentar los casos nacionales de Chile y Argentina como radicalmente diferentes. Si Chile concentraba al arribo de los desterrados de la Guerra Civil una colonia de larga tradición y consistente entramado asociativo, que pese a tener un tamaño exiguo publicaba la revista más antigua de las catalanas de América (Germanor7); Argentina acreditaba un colectivo muy nutrido demográficamente y de gran dinamismo que desde finales del XIX y primeras décadas del siglo XX había sufrido la transformación de sus asociaciones que no sólo se multiplicaron numéricamente, sino que diversificaron sus funciones que abarcaban desde lo mutual y socio-cultural-recreativo, a lo periodístico-literario, deportivo, político y patriótico. Esa densa colonia catalana de la Argentina recibió a los recién llegados sin demasiada zozobra, porque más allá de su historial político-patriótico, los exiliados políticos eran pocos frente al volumen de la vieja emigración.8

Pero si bien la historia inmigratoria anterior a 1939 hacía de Argentina un destino preferente en América del Sur ante el desbande obligado por la derrota de las fuerzas republicanas y mucho más tras el inicio de la Segunda Guerra y la ocupación nazi de Francia, fue Chile el país que recibió el mayor contingente de exiliados. Y lo hizo como parte si no de una política de Estado, al menos como resultado de la comunión ideológica del gobierno del radical9 Pedro Aguirre Cerda con los derrotados de la Guerra Civil. Mientras que su antecesor, el conservador Alessandri, había regateado su apoyo a los republicanos, el triunfo del Frente Popular en las elecciones de 1938 pareció abrir posibilidades para los miles de refugiados españoles en Francia. De hecho, Chile fue uno de los últimos países en reconocer al régimen de Franco, que hizo ingentes esfuerzos frente a las autoridades del país trasandino solicitando que controlara a los “fugitivos” que organizaban manifestaciones para difamar al gobierno de España.

Así, mientras la colonia catalana de Chile sufrió el impacto transformador del arribo de un número considerable de exiliados que llegaron en un corto tiempo y en un reducido número de expediciones marítimas,10 entre las que destacó la del Winnipeg; Argentina apenas recibió un puñado11 de perseguidos políticos procedentes de Cataluña, que arribaron en cuentagotas, de forma escalonada desde los últimos años de la Guerra Civil y hasta avanzado los años ´40, muchas veces después de haber pasado por otros destinos sudamericanos (Bolivia, Chile, Paraguay) y siempre por razones del orden de haber nacido en el país o tener parientes argentinos, contar con un nombre reconocido en el mundo de la ciencia, la universidad o el arte, o gracias a contactos laborales y profesionales consolidados en el pasado. De este modo queda claro por qué la Historiografía ha diferenciado los exilios catalanes de Chile y Argentina, identificando al primero con un exilio organizado y ligado a las expediciones marítimas colectivas y financiadas por los servicios de evacuación republicanos (SERE y JARE12) y al segundo, con destierros individuales y en cuentagotas, conseguidos más por el azar que por la gestión de un gobierno.

Sintomáticamente, cuando los destinos conosureños de los exilios catalanes son interrogados desde la gestión de la solidaridad social y desde la recepción de ayuda para el ingreso a esos países, sorprende la constatación de paralelismos en la organización del auxilio y en la evaluación de formas, recursos y escenarios para concretar la inmigración, más allá de las singulares políticas migratorias de los Estados sudamericanos, y a pesar/o en medio de las peculiaridades sociodemográficas y políticas de las respectivas colonias catalanas previas y del impacto disímil de los flujos exiliares en cada una de ellas. En tal sentido, consideramos productivo comprender en qué medida Argentina y Chile conformaron un espacio solidario regional desde finales de los años treinta y a lo largo de la década siguiente. Se trata de pensar si tanto la similitud de estrategias de auxilio, la creación de idénticos comités ad hoc para atender la emergencia de los desplazados de las guerras y la delimitación de comunes ámbitos especializados al interior de las asociaciones étnicas preexistentes; como la multiplicación de conflictos y debates en torno a la solidaridad, remiten a procesos meramente sincrónicos y desconectados entre sí, o hablan de aprendizajes, flujos de personas, circulación de ideas, proyectos compartidos y activación de redes territoriales (estatales y regionales) y también inter y transnacionales.

La red de ayuda catalana desde Chile y Argentina

Durante el primer año del conflicto civil, Cataluña fue territorio de retaguardia. De hecho, las dos primeras experiencias directas de la guerra para la población civil catalana fueron, por un lado, los bombardeos de la aviación nazi sobre Barcelona en marzo de 1938; y, por el otro, el creciente ingreso de desplazados por la avanzada de los ejércitos nacionales que, en abril de 1938, lograron quebrar el frente aragonés y dejaron abierto el escenario para la conflagración final en la batalla del Ebro (26/7/38 - 15/11/38) y para la multitudinaria “retirada” a Francia. Del mismo modo, en las colonias de la expatriación catalana del Cono Sur, tanto la institucionalización de la ayuda, como la determinación de sus beneficiarios, sus formas específicas y su logística particular fueron adaptándose a los avatares de la sucesión de eventos violentos que tuvieron a sus compatriotas en Europa como damnificados.

En los primeros meses de 1937, las colonias catalanas de Chile y Argentina organizaron los primeros envíos de víveres y medicamentos para atender los “efectos de las calamidades” que la guerra estaba ocasionando a Cataluña. Según explicaba Ressorgiment13 (marzo 1937), con las fuerzas nacionales a las puertas de Zaragoza y Huesca, Cataluña acreditaba un 20 % más de población que el 19 de julio de 1936, “gente de otros pueblos ibéricos” y sobre todo “mujeres, niños y ancianos” que requerían ayuda. En agosto de ese año, se reclamaba ir en auxilio de los “huérfanos catalanes” y de los “refugiados peninsulares”. Desde 1938, y conforme las fuerzas nacionales avanzaban sobre el territorio gobernado por la Generalitat, se observó una diversificación en los destinatarios y en las formas de ayuda. Así, si en un principio se atendió la situación de los desplazados desde otras regiones de España, poco a poco se sumaron los sectores más vulnerables de la sociedad: niños (huérfanos, desplazados o con hogares destruidos por los bombardeos), ancianos y mujeres que vivían cada vez una situación de mayor estrechez material y zozobra emocional en la retaguardia, y finalmente heridos y enfermos. En este contexto, hospitales, asilos de refugiados, guarderías, entidades de beneficencia y colonias de infantes parecieron concentrar toda la atención de la expatriación, aunque no se olvidó la situación de los intelectuales catalanes, a quienes se destinaban mensualmente cajas de víveres repartidos según los “méritos” de los beneficiarios y a consideración de los informes de la Generalitat (Ressorgiment, noviembre 1938). Tras la caída de Cataluña, los auxilios tuvieron dos destinatarios preferenciales. Por un lado, los exiliados alojados en los campos de internación en el mediodía francés – aquellos que para los servicios de evacuación republicanos, eran “refugiados en general” o “refugiados de guerra” –, y, los que poblaban campiña, pueblos y ciudades franceses en situación de fuerte estrechez material, aunque libres de los piojos, la intemperie, las enfermedades y el acoso de los guardias senegaleses. Y, por el otro, aquellos catalanes que aspiraban reemigrar a terceros países huyendo de la acción extraterritorial de la policía y la diplomacia franquista y del endurecimiento de las condiciones de vida en Francia, más aún tras el estallido de la Segunda Guerra y la avanzada de Hitler sobre Europa.

Desde septiembre de 1939 hasta julio de 1940, la eficacia de la ayuda desde el Cono Sur comenzó hacerse cada vez mas endeble, no sólo en términos del auxilio a la reemigración desde Francia y de ingreso a Chile o Argentina, sino también en el envío de ayudas individuales (de familiares, paisanos o amigos) o institucionales (desde un centro étnico a otro en Francia) en alimentos, ropa, calzado, medicamentos o dinero a aquellos miles de compatriotas que no reunían ni las condiciones de emigrabilidad14 exigidas por los servicios oficiales de evacuación del gobierno republicano, ni gozaban de los recursos materiales para costearse un pasaje individual hacia algún país del continente americano. La mundialización del conflicto dificultó a tal punto los traslados transatlánticos que ni siquiera aquellos que disponían de los recursos materiales y de las relaciones políticas, profesionales o familiares para salir de Europa, pudieron concretarlos.

Sin embargo, durante toda la Segunda Guerra Mundial, tanto el entramado étnico preexistente refuncionalizado en relación con el auxilio a las víctimas de las guerras,15 como aquellas instituciones creadas ad hoc no perdieron de vista a sus compatriotas y manifestaron una preocupación constante por conseguir el ingreso y la instalación en el Cono Sur de los evacuados o huidos de Europa.

¿Por qué pensar las experiencias solidarias de la expatriación catalana hacia sus compatriotas víctimas de las guerras en clave regional y postulando la existencia de una comunidad diaspórica transnacional articulada en torno a la ayuda? ¿Qué rol cumplieron en esa interconexión horizontal la correspondencia, las publicaciones étnicas, las redes comunitarias y los vínculos interpersonales?

Analicemos la operatoria del auxilio societal étnico desde Argentina y Chile y las trayectorias de algunos de sus beneficiarios (sean estos familias, grupos o expediciones marítimas que lograron ingresar e instalarse en esos países) para iluminar estas dimensiones regionales y transnacionales que se diluyen en un abordaje según lógicas territoriales-estatales. En primer lugar, cabe señalar que quizás por la distancia geográfica y para abaratar los costos, la acción humanitaria desde el Cono Sur requirió fletar expediciones que acumularan donaciones de múltiples entidades étnicas dispersas por todo el territorio nacional, y también las provenientes de otros actores solidarios de los respectivos Estados receptores (sindicatos, partidos políticos, asociaciones profesionales, ciudadanos de a pie). Ya desde las primeras expediciones de 1937, el Casal Catalá y el Comité Llibertat de Buenos Aires y el Centre Catalá de Santiago y la filial chilena del Comité Llibertat actuaron de forma coordinada, inaugurando la práctica de envíos conjuntos desde el puerto de la capital argentina hasta el de Marsella. Mientras los nacionales avanzaban, los envíos conjuntos y la utilización del puerto de Buenos Aires se consolidaban. En el primer trimestre de 1938, Germanor explicaba que el Centre Català de Santiago venía organizando festivales, ventas de rifas, bonos y tómbolas para recoger dinero a ser enviado a través del Casal Català de Buenos Aires para que la Generalitat lo repartiera entre los niños refugiados y los hospitales o atendiendo a los grupos que considerara más necesitados (Germanor, mazo 1938).

En segundo lugar, no sólo la materialidad de las expediciones conjuntas de víveres, medicamentos o dinero habla de esos vínculos transfronterizos, también el rol que jugaron las respectivas prensas étnicas en la producción y multiplicación del impulso humanitario o patriótico regional. En abril de 1937, Noticiari Català16 (15/4/1937) destacaba la iniciativa de los catalanes argentinos y en particular la colecta realizada por el Comité Llibertat de Buenos Aires integrada por “50 cajones con 2400 latas de leche condensada, 150 cajones con 20 mil raciones de carne en conserva, 1 cajón con otros víveres y medicamentos, 35 kg. de café y 5 cajones con más de 1600 prendas”. Del mismo modo, Ressorgiment explicaba que, si bien no con el ritmo que el “drama” de las “víctimas inocentes del fascismo” lo ameritaba, la ayuda a los “catalanes que combaten o sufren en la retaguardia de esta estúpida guerra” continuaba. Asimismo, al revista de Nadal i Malll se congratulaba que los catalanes de Chile, Paraguay, Bolivia, Rosario y Buenos Aires se unieran en el envío de alimentos (corned beef, leche condensada, harina, azúcar, carne de cerdo, chocolatines), pero también medicamentos, equipo médico, ropa, gorros, frazadas, bolsas de goma, calzado, algodón hidrófilo, libros, revistas y hasta una ambulancia (Ressorgiment, marzo 1938).

En tercer lugar, cabe identificar que los envíos conjuntos y la publicidad cruzada en la prensa étnica fueron posibles, por distintas razones. Una consiste en la coordinación ejercida por la institucionalidad republicana – mientras ésta pudo ejercer su poder mediante el nombramiento de delegados y en tanto contó con los recursos económicos necesarios para gestionar y/ o concertar la ayuda humanitaria societal en la diáspora –; y luego por los vínculos interinstitucionales, político-partidarios, patrióticos, comarcales, de clase, familiares o profesionales existentes entre la expatriación en Chile y Argentina. Así por ejemplo, la actuación conjunta de los comités Llibertat de Buenos Aires17 y Santiago no resulta ajena a que este último había surgido en 1937 como filial del porteño y alrededor de la necesidad de dotar a la comunidad chilena de un líder patriótico de referencia catalana también en lo relativo a la acción humanitaria. Todo esto en un contexto donde el Centre Catalá de Santiago debatía acerca de la oportunidad y legalidad (adecuación a los estatutos de la asociación) de un claro alineamiento republicano en la coyuntura de la Guerra Civil y mientras se enfrentaban dos proyectos sociales, uno más ligado a la “obra administrativa” y otro de auténtica “significación política” (Germanor, noviembre 1956).

Asimismo cabe considerar que la coordinación para la ayuda entre Buenos Aires y Santiago de Chile fue posible también gracias las relaciones personales fluidas entre algunos de los líderes étnicos. Así, la gestión efectiva de muchos de los envíos durante la Guerra Civil resultaron de los vínculos entre Hipólit Nadal i Mallol – a la sazón director de Ressorgiment y figura clave del Comité Llibertat y del Casal Catalá de la capital argentina – y Frederic Margarit – director de Noticiari Catalá, socio fundador del Centre Catalá, del Comité Llibertat y de la Mutual Catalana de Santiago de Chile. Nadal y Margarit acreditaban además similares historiales emigratorios18 y tuvieron actuaciones paralelas dentro del catalanismo radical en sus respectivos países de residencia. Designados contemporáneamente como delegados de la Generalitat republicana, Margarit y Nadal i Mallol19 coordinaron el envío de la ayuda desde el Cono Sur a España y a la vez difundieron los avatares de la guerra en las sociedades de residencia. Sus principales interlocutores en Cataluña fueron, por un lado, la Consellería de Sanitat y Assistencia Infantil de la Generalitat – de la que dependían por ejemplo las colonias apadrinadas por las entidades étnicas americanas (Ressorgiment, noviembre 1938) –; y por el otro, el Comissariat de Propaganda, que cumplió un rol destacado en la visibilización de la situación catalana en Europa y América y en no menor medida actuó como nexo informativo entre la Cataluña interior y los Catalans d´América (Germanor, julio 1936). El Comissariat se valió de la distribución del Boletín20 de la Agrupació dels Catalans d´América21 como medio para recomponer el lazo personal entre los catalanes de la expatriación con familiares, amigos, conocidos o paisanos que sufrían las penurias de la guerra y requerían auxilios concretos e inmediatos.

Mientras las instituciones republicanas no fueron lanzadas al destierro, la Generalitat centralizó la recepción de las ayudas provenientes desde América. Estas ayudas – bajo la forma de envíos individuales (dirigidos a personas o familias concretas), o colectivos (dirigido a orfanatos, maternidades, entidades culturales, hospitales, etc.) – fueron objeto de preocupación de las entidades étnicas del Cono Sur, que ya por entonces reclamaban a la Generalitat que cuidara que los auxilios llegaran a sus auténticos destinatarios.22 Pero tras la retirada a Francia, en medio de los conflictos entre las fuerzas políticas catalanas y con una precaria situación financiera – en tanto el presidente catalán Lluís Companys había entregado los fondos del gobierno autónomo a Juan Negrín justo antes de cruzar la frontera –, la Generalitat ya no pudo aspirar a ser la que concentrara la ayuda americana, ni la que centralizara su distribución efectiva entre los miles de damnificados en los campos de internamiento franceses23 o entre los compatriotas que vivían en pueblos, ciudades o la campiña gala. Tras la detención en París por la Gestapo del presidente Companys (agosto 1940), las comunidades de la diáspora catalana quedaron sin otra coordinación que la que intentó asumir el núcleo de Londres (Carles Pi i Sunyer y el Consell Nacional de Catalunya24), siempre en tensión con la numerosa y muy significada colonia mexicana. Así, entre 1940 y hasta bien avanzado el año 1945, se vivió un movimiento centrípeto dentro de la diáspora catalana, aunque esto no obliteró la articulación en Latinoamérica de algunos proyectos colectivos (nacionales, culturales o políticos). En ese contexto, cuando la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin en Europa y se restableció la fluidez de las comunicaciones interoceánicas, el núcleo catalán francés procuró recuperar las riendas de la agenda política de la lucha antifranquista en el exilio, dando origen a un efímero gobierno presidido por Josep Irla.25 El gobierno de Irla desplazó a los sectores londinenses, con quienes los catalanes de Argentina habían tenido sintonía durante el conflicto mundial, sobre todo en la etapa en que la opción autodeterminista de Pi i Sunyer, alentó los sueños de los muy activos, pero poco numerosos, sectores independentistas argentinos. Sectores que hegemonizaron a lo largo de ambas guerras y aún en la posguerra, buena parte de la gestión de la solidaridad y que fueron cabeza de proyectos regionales de auxilio y ayuda a la evacuación.

Si desde 1936, la ayuda había sido un capital no desdeñable desde el que construir poder, presencia e identidad en el Cono Sur y ya en aquel momento se habían manifestado tensiones, debates o bicefalías humanitarias en una misma ciudad;26 tras el final de la Segunda Guerra reencauzar el proceso a través de los canales oficiales no resultó una tarea sencilla. Así mientras por afinidades político-nacionales o político-partidarias, por vínculos interpersonales y por trayectorias institucionales compartidas siguieron activos los proyectos de envíos conjuntos entre Chile y Argentina27 hacia los compatriotas refugiados en Francia;28 a la vez se multiplicaban las divisiones y los conflictos al interior de las colonias catalanas del Cono Sur. Si bien la ayuda siempre había tenido multiplicidad de emisores en cada uno de estos países, a diferencia de lo ocurrido durante la Guerra Civil y en la inmediata posguerra que finalmente articulaban en instancias unitarias;29 a mediados de los años ´40 el espacio humanitario catalán argentino y chileno se partió de forma evidente.30 En estas diputas por la paternidad de la ayuda se expresaron tanto los divergentes alineamientos con las fuerzas políticas catalanas de Francia o México (sector Tarradellas-Miquel Santaló (vía legalista o autodeterminista) vs. sector Carles Pi i Sunyer, vía catalanista, apoyado por independentistas), como el intento por conservar poder local controlando un capital tan convocante y de tanta visibilidad como el de la solidaridad. En síntesis, las disputas en torno a la ayuda y la lógica centrípeta que adquirió después de la Segunda Guerra Mundial no pueden entenderse sino en el cruce de ciertas lógicas político-partidarias y político-patrióticas que excedían al país y a la región y atendiendo a los intereses situados por disputar el control las instituciones nucleares de la colonia en cada uno de los territorios desde el manejo de la solidaridad.

En cuarto lugar, cabe señalar que el carácter regional y a la vez transnacional de la ayuda de los catalanes del Cono Sur no se redujo al envío de víveres, vestido, medicamentos o dinero. Esa solidaridad también se expresó en las campañas articuladas de denuncia emprendidas desde Chile y Argentina y en circunstancias donde la vida, la libertad y la integridad física de personalidades políticas, de la cultura y también de los referentes de los servicios de ayuda oficiales (SERE, JARE) estaban en peligro en una Europa atenazada por la avance nazi,31 que contaba con aliados en el gobierno de Vichy y por supuesto en el régimen franquista, dispuesto a acallar e inmovilizar a los “rojos” que habían huido de España.

Los casos que mayor movilización generaron en el Cono Sur fueron, por un lado, el del último presidente de la Generalitat republicana Lluís Companys, detenido, extraditado y fusilado en el castillo de Montjüic de Barcelona el 15 de octubre de 1940;32 y por el otro, los de Nicolau D´Olwer, Josep María Sbert,33 Eduardo Ragassol y Jaume Aiguadé, figuras del republicanismo catalán (ERC y Acción Catalana Republicana (ACR)) e integrantes del SERE (Ragassol, Aiguadé) o de la JARE (D´Olwer). Estas campañas solidarias y de denuncia mostraron que las redes no se limitaban a las fronteras de la comunidad étnica, sino que involucraban a otros colectivos inmigrantes, a gremios y sindicatos, a políticos con representación parlamentaria y que pretendían llegar a las máximas autoridades de los Estados.

De hecho, tras la suerte corrida por Companys, miles de catalanes sintieron quedar a expensas de la extradición a España o la deportación a territorios bajo dominación nazi. La detención del ex ministro de Economía y presidente de la JARE, Nicolau D ´Olwer34 no hizo sino multiplicar la zozobra porque, pese a que no fue extraditado a España como pretendía el gobierno de Franco, permaneció detenido ocho meses y continuó procesado en libertad provisional bajo fianza y sin poder salir de Francia.35 Apenas liberado D´Olwer, fueron detenidos y deportados a departamentos del interior francés otros referentes de la asistencia catalana a los refugiados (Sbert, Ragassol y Aiguadé), mientras se prohibía la salida del país a Tarradellas, Ventura Gassol y Miquel Santaló. Desde Argentina, la Comunitat Catalana explicaba a Andreu Abelló, representante de la JARE de México, que “la parte liberal” de la política nacional – el senador socialista Alfredo Palacios y el diputado radical Reginaldo Manubens Calvet – intentaba conseguir que el embajador del gobierno de Vichy en Buenos Aires (M. Peyrouton) se ocupara de la situación de Ragasol, Ventura Gassol y Tarradellas. Asimismo, la CCRA se comprometía ante Abelló a “seguir trabajando […] frente a aquellos magistrados y parlamentarios cuyos sentimientos [fueran] accesibles a nuestras demandas”.36 Del mismo modo, desde el Centre Catalá de Santiago de Chile intentaron comprometer al gobierno de Pedro Aguirre Cerda para que evitara

“la extradición de más de dos mil refugiados españoles, lo cual equivale para ellos, si la extradición es concedida, si no su ejecución en masa, sí su infortunio seguro, pérdida de su libertad y de su personalidad en uno de esos horribles campos de concentración ideados, contra el más elemental sentimiento humanitario y de dignidad humana, por los regímenes llamados totalitarios”.37

En quinto lugar e interrogando la ayuda desde sus beneficiarios, también podemos constatar que entre la derrota republicana en la Guerra Civil española y el final de la Segunda Guerra Mundial, el Cono Sur operó como un espacio regional de solidaridad. Sin desconocer el peso de las jurisdiccionales estatales y las disímiles políticas inmigratorias de los gobiernos chileno y argentino, dos expediciones colectivas de evacuación de catalanes desde Francia con destino al Cono Sur permiten dar cuenta de la operatoria y de la eficacia de estas redes de información y auxilio transfronterizos y del impacto de la acción étnica mancomunada en la multiplicación de las oportunidades individuales de ingreso y/o reasentamiento, más allá de las restricciones legales, burocráticas y de las situaciones coyunturales de los respectivos mercados laborales y profesionales.

El primer caso que quiero analizar es el del “barco de Neruda”, expedición símbolo del exilio republicano en Chile, pero atendiendo a un aspecto poco estudiado: el rol jugado por el colectivo catalán residente en la Argentina y por sectores solidarios del país con la República española.

El Winnipeg zarpó de Burdeos el 4 de agosto de 1939 y llegó al puerto de Valparaíso el 3 de septiembre de ese año.38 La red solidaria estuvo encabezada por el Centre Català de Santiago y la APC en estrecha coordinación con el Comité Chileno de Ayuda a los Refugiados Españoles.39 En la región, sus principales apoyos fueron, entre muchos otros, la Junta Femenina de Coronel Dorrego (Argentina), el Comité de Ayuda al Pueblo Español y Defensa de la Democracia de Montevideo, el Casal Català de Buenos Aires y la Federación Argentina de Organizaciones de Ayuda a la República (FOARE) (Noticiari Català, 15 setiembre y 1º octubre 1939).

En esa coyuntura, los diferentes actores de la región desempeñaron roles específicos. Así por ejemplo, el Centre Catalá de Santiago tuvo a su cargo resolver –incluso antes del desembarco del contingente de exiliados en Valparaíso40 – los problemas legales, de aduana, sanitarios, de alojamiento inicial y hasta de trabajo –, confeccionando listados que discriminaban la ocupación/profesión de cada uno de los evacuados (Noticiari Català, 15 setiembre 1939). Luego, cuando el contingente desembarcó, todos aquellos que no tenían familiares en el país fueron trasladados por los socios del Centre Català hasta Santiago. Tras una emotiva recepción en el seno de la colonia, el Centre Català y la APC los condujeron a alojamientos temporales. En los días subsiguientes, el Centre se convirtió en una especie de agencia de empleo, al tiempo que procuraba resolver cuestiones básicas como el vestido (con sección sastrería y zapatería que arreglaba la ropa de los más necesitados), la asistencia médica gratuita (a cargo de un recién llegado, Miquel Cunillera, pasajero del Winnipeg) y hasta la atención de las refugiadas embarazadas, que gozaron del beneficio de controles gratuitos ofrecidos por una entidad fundada por catalanes de la vieja inmigración: el Pensionat i Maternitat Carolina Freire de la capital trasandina (Noticiari Català, 15 setiembre 1939).

Por su parte, el Comité Chileno de Ayuda a los Refugiados Españoles de la capital santiaguina se empeñó en agitar y sensibilizar a la opinión pública del país que no sólo reclamaba por el ingreso de profesionales, intelectuales y técnicos que venían a generar una competencia, sino que mostraba su alarma por la llegada de perseguidos políticos. No hay que olvidar que más allá del compromiso humanitario del Frente Popular, los recién llegados tuvieron que lidiar con la férrea oposición parlamentaria de sectores enfrentados al presidente Aguirre Cerda41 y en no menor medida con una intensa operación de la prensa santiaguina de derechas (El Mercurio, El Diario Ilustrado o El Imparcial ) que denunció la “infiltración roja”, responsable de la quema de iglesias y el asesinato de curas y monjas, una “plaga de bandoleros de oficio y de agitadores pagados por el oro de Moscú” que ahora buscaban refugio en Chile.

Por último, mencionar que la prensa catalana de Argentina también actuó a favor de los exiliados políticos catalanes que viajaban en la expedición de Neruda y que tenían restringido su ingreso amplio a nuestro país. Así, ante el inminente arribo del Winnipeg, Ressorgiment (setiembre 1939) de Buenos Aires felicitaba a sus compatriotas de Chile y a los sectores solidarios trasandinos por su compromiso en la recepción de un contingente tan importante de afectados por la guerra fraticida española.

Apelar a experiencias exitosas y plenas de humanitarismo en países vecinos e incluso poner como ejemplo la experticia de ciertos líderes étnicos (el lehendakari vasco, José Antonio Aguirre) que en sus diálogos con el gobierno argentino (Roberto M. Ortiz) facilitaron el ingreso de un exilio organizado, fue una estrategia de uso habitual en la prensa catalana de la Argentina. Resulta claro que la eficacia de la solidaridad dependía en buena medida de la prensa que cumplía funciones de información, sensibilización, amplificación de los apoyos y presión, no sólo hacia los gobiernos (oficialismo y oposición) del país de residencia, sino también hacia los referentes políticos republicanos dispersos por Francia, Inglaterra, Suiza, México o EEUU. Así, la firma de los acuerdos de inmigración entre los gobiernos argentino y vasco en el exilio, fue valorado por Ramón Escarrá de la revista Catalunya de Buenos Aires (febrero 1940) que destacó las gestiones extraoficiales del gobierno de Aguirre frente a las autoridades argentinas.42 Proceso largo y complejo que implicó la “interposición de buenos oficios” y de una “fina política de relación, reivindicación y acercamiento”, que derivó en la autorización de ingreso a Argentina de “familias vascas de España o de Francia, aunque no tuviesen legalizados sus documentos y siempre que su honorabilidad fuese garantizada por el Comité de Ayuda a los Vascos”.

Si en la felicitación a los chilenos por la expedición del Winnipeg, la prensa catalana de Buenos Aires buscó incidir hacia adentro y hacia fuera de la colonia residente en la Argentina para multiplicar una ayuda que siempre se revelaba insuficiente; en la celebración de la empresa de Aguirre y el Comité Argentino de Ayuda a los Vascos intentó estimular a sus líderes étnicos a buscar argumentos eficaces (ejemplo mostrar la condición de agricultores o de inmigrante útil de los aspirantes a migrar al país), a consolidar relaciones con los funcionarios adecuados y a reforzar la diplomacia de más alto nivel, de modo que también los exiliados catalanes consiguieran ingresar a la Argentina, horadando las restricciones legales y burocráticas que sólo habilitaban y aún con dificultad, ingresos individuales apelando a residencias anteriores, a relaciones familiares y a contactos profesionales o laborales previos. La presión de la prensa étnica pareció dar sus frutos cuando pocos meses después de que los vascos lograran el acuerdo con el gobierno argentino, un grupo de catalanes residentes en Buenos Aires, encabezados por Ametlla i Arnó, se movilizaron ante el SERE (Juan Negrín) y la JARE (Andreu Abelló) para ofrecerles un ambicioso plan de colonización agrícola en Argentina para familias catalanas refugiadas en Francia, incluyendo preparación de terrenos de cultivo, construcción de edificios y escuelas agrícolas, creación de un banco que financiara la adquisición de tierras y de herramientas, organización de un sistema de comercialización de los productos, etc.43

El otro caso que quiero reponer de cara a mostrar que Argentina y Chile operaron como un espacio regional de solidaridad catalana en la inmediata posguerra civil es el del grupo de intelectuales de la residencia de Roissy en Brie44 que viajaron en el buque Florida, que llegó al puerto de Buenos Aires el 3 de enero de 1940, aunque el destino final del contingente era Chile. El temor de que se repitieran episodios como el del Massilia45 – que derivaron en el ingreso de “indeseables”46 al país, en particular intelectuales con el auxilio de Natalio Botana,47 entre los que figuraba el reconocido economista, ex diputado esquerrano a Cortes y Comisario General de Museos de la Generalitat, Pere Coromines48 –, hizo que las autoridades argentinas impidieran el desembarco de los intelectuales del Florida hasta el momento en que fueron escoltados a la estación de trenes del Pacífico rumbo a Mendoza y de allí a Santiago de Chile. Esta situación no fue óbice para que la colonia catalana de Buenos Aires se organizara para acompañar su desplazamiento por territorio nacional y que poco después, lograra articular con alguno de ellos, proyectos editoriales y laborales que derivaron en tempranos reexilios hacia nuestro país.

La preocupación humanitaria de la expatriación catalana del Cono Sur por sus compatriotas intelectuales afectados por la Guerra Civil fue una constante a lo largo de los años ´30 y ´40. Pero las tensiones y paradojas que expresa el caso del grupo de Roissy en Brie son muchas. Así, mientras la prensa catalana de Santiago (Noticiari Català y Germanor, enero 1940) denunciaba que Chile recibía a César A. Jordana, Xavier Benguerel, Doménec Guansé, Joan Oliver y Francesc Trabal como “un lastre inútil para el progreso material del país”; Catalunya de Buenos Aires (mayo 1939) celebraba el impulso del Centre Català de Santiago que, bajo la presidencia de Claudi Más i Perera (el mismo que impulsó la recepción del Winnipeg), había conseguido que un número de reconocidos escritores puedan radicarse en el país. Al mismo tiempo, Ressorgiment reclamaba a los catalanes porteños que siguieran el ejemplo de Bruselas, Tolouse, México y La Habana, recogiendo dinero para salvar a la cultura patria en peligro. Asimismo, mientras desde Germanor (junio 1939) de Chile se había criticado a la Argentina por su “individualismo”, “falta de unidad” y escaso compromiso en la ayuda a la evacuación de intelectuales desde Francia; los catalanes de Argentina respondían con iniciativas concretas que intentaban reparar, en parte, la falta de una política proactiva del gobierno del país, ayudando al sostenimiento económico de los escritores expatriados y en situación de penuria. Así, en la Agrupació d´ Ajut a la Cultura Catalana (AACC) de Buenos Aires49 – representada en Chile por el Centre Català y ligada a la revista Catalunya– y siguiendo con la política iniciada en mayo de 1939 de auxilio a intelectuales y artistas exiliados en países de América y/o recluidos en campos de concentración franceses, se anunció la publicación de Sense retorn de Xavier Benguerel, que fue seguida por Tres a la reraguarda de Cesar August Jordana, El perfecte dandi de Pere Coromines, Els darrers dies de la Catalunya Republicana de Antoni Rovira i Virgili, Nabí de Josep Carner y Ombres entre tenebres de Manuel Valldeperes. El compromiso de la revista Catalunya con los escritores refugiados (por caso el grupo de Roissy en Brie)50 se expresó en su incorporación como colaboradores ni bien pisaron tierras americanas (Catalunya, febrero 1940) y tras acompañarlos en su rápido tránsito por territorio argentino rumbo a Chile.51 Al mismo tiempo, en el país trasandino, Benguerel, Guansé, Trabal, Oliver y Jordana se incorporaron al proyecto de Germanor. De hecho, la llegada del Grupo de Roissy en Brie dejó una marca indeleble en la historia de la publicación decana de los catalanes chilenos. Tras unos meses de ausencia (febrero-marzo de 1940), la revista reapareció con nuevo formato y profundizando su perfil literario. Esta nueva época de Germanor marcó la implicación oficial del Centre Catalá52 y la Agrupació Patriótica Catalana en su edición. En la nota editorial de abril de 1940, los responsables de la reaparición y modernización de la revista declaraban su propósito de conservar los valores de la Cataluña exiliada y de trabajar honesta y tenazmente por la plenitud nacional de Cataluña. En este sentido, Germanor manifestó su propósito de mantenerse al margen de partidismos, adoptando una posición equidistante de grupos, acogiendo las colaboraciones de escritores de todas las tendencias y evitando sumarse a polémicas. Además de los escritores del Florida, cabe destacar las colaboraciones de Ferrater Mora, Antoni Rovira i Virgili, Vicenç Riera Lorca, Miquel Ferrer, Jaume Miratvilles, Carles Fontseré, Agustí Bartra, Josep Carner, entre muchos otros ensayistas, narradores y poetas de diferentes geografías del destierro.

El periplo exiliar Chile-Argentina de César A. Jordana del grupo de Roissy en Brie no resulta una excepción. Si por un lado Jordana, Trabal, Benguerel y otros exiliados catalanes habían tendido puentes hacia el mundo cultural del país de residencia;53 por el otro buscaban nuevos horizontes profesionales en el país vecino. Así en contacto con Antoni López Llausás, en 1942, Jordana logró concretar su anhelo de residir en Argentina contratado por Editorial Sudamericana, que había sido fundada por otro catalán del exilio, Antoni López Llausás. De hecho, el ingreso de López Llausás al país no puede entenderse sino en el contexto de los vínculos que lo unían a Rafael Vehils,54 motor del ingreso de otras reconocidas personalidades de la cultura catalana al país. La intercesión de Vehils desde la Institución Cultural Española (ICE)55 fue clave porque al conseguir cátedras universitarias y enclaves de investigación para los intelectuales perseguidos les aseguraba su ingreso al país. Vehils había logrado el apoyo de Coriolano Alberini, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, de Emilio Ravignani, director Instituto Investigaciones Históricas de Universidad Buenos Aires, y Bernardo Houssay, director del Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina. Estos renombrados intelectuales argentinos fueron los puentes que permitieron la inserción de los catalanes en las universidades argentinas, aunque ciertamente no en la UBA, sino sobre todo en la Universidad de La Plata y otras casas de altos estudios del interior (Cuyo –Mendoza- y Nacional del Sur -Bahía Blanca-).

Con unos gobiernos reacios a recibir refugiados, pero con amplios sectores de la sociedad civil argentina, partidos políticos de oposición (socialista, radical, comunista, etc.) y con una muy voluminosa colonia española residente, mayoritariamente favorable al bando republicano; las posibilidades reales de ingresar al país existían, aunque las formas de lograrlo eran escasas y fueron dificultándose conforme la política migratoria del Estado fue sumando disposiciones cada vez mas restrictivas.56 De hecho, aquellos que lograron eludir controles y trabas fueron los sectores más privilegiados de la diáspora, esto es intelectuales, profesionales, artistas y algunos cuadros políticos que disponían de la cobertura de una red de relaciones previas. Los lazos profesionales y/o laborales – algunos de ellos atravesados por lo étnico y hasta por cuestiones de paisanaje, pero también por identidades partidarias (ser socialista, comunista) – no sólo fueron centrales en la información sobre las posibilidades que podía ofrecer un país no europeo como destino del exilio, sino en la gestión de permisos, invitaciones y ofertas de trabajo.

Veamos a través de algunas trayectorias individuales cómo la norma migratoria argentina se transformó en una malla porosa por la que se colaron ingresos directos y tránsitos o reeexilios desde Chile. Uno de esos casos fue el de los hijos de Pere Coromines, Joan, el filólogo, y Ernest, el matemático que llegaron a Santiago a bordo del Winnipeg, buque al que embarcaron en calidad de “obreros”, para poco después instalarse en Argentina.

Así como ocurrió con otros matemáticos catalanes (Pere Pi i Calleja y Lluís Santaló57), el ingreso de Ernest Coromines fue posible gracias a las gestiones de Julio Rey Pastor – profesor de la Universidad Nacional de Rosario – que presionó desde la Comisión Argentina de Ayuda a Intelectuales Españoles58 para conseguirle una plaza de profesor en la Universidad de Cuyo. Por su parte, su hermano Joan recibió una propuesta del Dr. Amado Alonso59 para trabajar en la Universidad de La Plata, aunque finalmente ingresó también a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cuyo, donde fundó el Instituto de Lingüística. En su calidad de catalanista y con el apoyo de la Agrupació d´Ajut a la Cultura Catalana de Buenos Aires, intentó publicar la Miscel.lania d´estudis científics en honor a Pompeu Fabra. Desde la Universidad de Cuyo, Coromines solicitó a la JARE y a su representante en México, Andreu i Abelló, que apoyara con $ 2.400 la publicación porque se trataba de una obra “preparada desde Barcelona en plena guerra” y, por lo mismo, por “hacer honor a la causa republicana”, y ser el símbolo de que podían seguir editándose “obras científicas en tiempos de represión y exilio”.60

Los reexilios fueron habituales y el espacio chileno-argentino fue atravesado por los refugiados catalanes en ambas direcciones. En enero de 1940, Isidre Palmada pedía a su correligionario Manuel Serra i Moret que lo ayudara –y también a su compañero de travesía Josep Santaló – a quedarse en Argentina, aunque su destino era Chile. Palmada apelaba a la exitosa experiencia del Massilia y le solicitaba que usara sus contactos con los socialistas argentinos (Nicolás Repetto, Mario Bravo y La Vanguardia). Palmada explicaba que esas gestiones no le implicarían ningún perjuicio porque tanto él como Santaló tenían amigos en Argentina que iban a proporcionarles trabajo. Si bien en un primer momento no lograron quedarse, un mes después reingresaban desde Chile como turistas y con la expectativa de conseguir por contactos políticos dentro del socialismo argentino, la documentación necesaria para residir en forma permanente, aún a sabiendas que “eso de de hacer la América ha pasado a la historia”.61

Curiosamente, mientras Manuel Serra i Moret era requerido por compatriotas que querían ingresar a la Argentina, ni su historial político (ex conseller de Economía de la Generalitat y vice presidente de Parlamento de Cataluña), ni el estar casado con una argentina (Sara Llorens), ni el acreditar una residencia anterior a 1939, le facilitó su entrada al país que sólo se concretó tras un largo periplo por todo el continente y bajo la condición de “agricultor”. Una vez instalado en la Argentina se convirtió en un referente de la comunidad y en un articulador del auxilio a los compatriotas en peligro, que no sólo demandaban avales para ser embarcados en las expediciones colectivas que salían de Francia, dinero para pasajes individuales y para trámites consulares, sino también todo tipo de ayuda para resolver trámites que incluían exenciones al servicio militar. Tal fue el caso de Pere Cerezo – ex diputado del Parlamento catalán y alcalde de Girona en tiempos de la Guerra Civil –, nacido en Mendoza y que tras la derrota republicana consideró tener todas las credenciales para sortear las restricciones migratorias argentinas. Sin embargo, su arribo a Buenos Aires el 28 de octubre de 1941, procedente de New York y a bordo del buque Argentina, no estuvo exento de tensiones. No sabía si las autoridades del país lo dejarían desembarcar porque no había cumplido con el servicio militar obligatorio. En ese contexto, recurrió a Manuel Serra i Moret – líder de USC, integrada al Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) y arribado a Buenos Aires en 1939 – para que, a través del Centre Català de Mendoza, consiguiera una certificación de su situación militar. Los líderes étnicos de la ciudad que unos meses antes le habían enviado la partida de nacimiento para que tramitara su pasaporte, hicieron gestiones extraoficiales y le confirmaron que por su edad (50) estaba eximido de cualquier obligación, al tiempo que le aconsejaron no acogerse a ninguna amnistía.62

Que en esos tiempos de guerra y exilios la solidaridad fue un bien escaso y por el que se compitió sea en condición de beneficiario, sea en condición de dador; que reunir las condiciones para ser merecedor de la ayuda fue, en buena medida, un trabajo arduo y no exento de contratiempos y a veces marcado por el azar; y que disponer de la ayuda (a la evacuación desde Europa, para el ingreso al país sudamericano deseado o para obtener un trabajo, etc.) fue una prerrogativa disponible para algunos privilegiados –, pero que incluso aquellos que tuvieron posiciones expectantes sufrieron penurias y tuvieron que recurrir a personas insospechadas, que desempeñaban roles secundarios y que hasta vivían muy lejos de los centros del poder –; son algunas de las cuestiones que una investigación que privilegia las perspectivas regional y transnacional permite visualizar. Así, cuando el máximo referente en activo de la política catalana de la primera mitad de la década de 1940, Carles Pi i Sunyer, recurrió a un antiguo emigrante catalán residente en Buenos Aires, Joan Llorens i Bassa (miembro del consejo de la Comunitat Catalana de la República Argentina), para que activara sus sólidos vínculos con la diplomacia argentina en Londres para conseguir el ingreso de su hijo Josep y su esposa, a México vía Argentina o Chile;63 la lógica no jerárquica de las redes se puso en funcionamiento. Todo esto ocurría mientras Pi i Sunyer era requerido por su hombre de confianza, Pere Más i Perera, que necesitaba solventar gastos de viaje y estancia en Francia en virtud de su condición de alto cargo de la administración de la Generalitat. Si contar con esa ayuda, no destrabó el ingreso de Pere Más i Perera a la Argentina, pudo en cambio ingresar a Chile, donde su hermano Claudi llevaba años residiendo y en ese momento presidía el Centre Català de la capital andina (1936-1941). El viaje de Pere Más i Perera a la Argentina no tardó en concretarse. Instalado en el país, pasó a desempeñar un rol central en la solidaridad étnica nacional y regional, integrando junto a viejos residentes (Josep Escolá, Pere Seras, Joan Llorens i Bassa e Hipolit Nadal i Mallol) y exiliados políticos recién llegados (Manuel Serra i Moret; Artur Meyer, Jaume Pahissa y Pelai Sala), el primer consejo de la Comunitat Catalana de la República Argentina (CCRA), gran paraguas de representación de la Cataluña exterior derrotada en la Argentina y articulador de buena parte de las iniciativas de auxilio a los compatriotas en peligro dispersos por el mundo.

A manera de cierre

Desde los años 1990, el campo de los estudios globales y transnacionales adquirió carta de ciudadanía en las Ciencias Sociales, delimitando una nueva agenda de temas, problemas y enfoques que impactaron en territorios de largo arraigo historiográfico como las investigaciones de las migraciones y los exilios políticos masivos contemporáneos.

En este contexto, este artículo pretendió pensar las articulaciones de dos objetos cuya cualidad intrínseca es el movimiento, la circulación y los flujos (los exilios catalanes y la solidaridad o el humanitarismo de la expatriación catalana conosureña) en una coyuntura específica del siglo XX (el largo proceso de violencia que se inicia en la Guerra Civil española y culmina con el triunfo aliado en la Segunda Guerra Mundial), de cara a iluminar desde un enfoque que enfatiza las conexiones regionales, supranacionales y transnacionales en el plano de la solidaridad, cuestiones solapadas, minusvaloradas o desconocidas de la historia de los exilios catalanes en Chile y Argentina. Sin desconocer el potencial de las lecturas en clave nacional o nacional-estatal, este trabajo pretendió, por una parte, reponer la cualidad móvil, dinámica y fundada en redes, de la expatriación en general y de los destierros políticos en particular; y por la otra, subrayar las dimensiones regionales de esa comunidad catalana articulada en el Cono Sur en torno a las iniciativas societales de auxilio a las víctimas de las guerras y a los protagonistas de la “retirada”, la evacuación desde Francia y el exilio en el Cono Sur. En este contexto, procuramos mostrar cómo la solidaridad fue una especie de argamasa que solidificó relaciones institucionales, políticas, patriótica, familiares s o personales previas a ambos lados de la cordillera. La urgencia y la dimensión del drama humanitario que desató la Guerra Civil y se multiplicó con el estallido de la Segunda Guerra Mundial si bien no diluyeron historiales migratorios y exiliares específicos en cada uno de los Estados, hicieron visible la necesidad de la coordinación regional para que la ayuda desde el “fin del mundo” fuera eficaz. En no menor medida, el posicionamiento de la expatriación en el mundo de la solidaridad operó como una vía de mostrar el compromiso de la expatriación con una Patria que para muchos era apenas un vago recuerdo, pero en la que seguían reclamando un lugar.

Al mismo tiempo, planteamos que fueron esas acciones humanitarias coordinadas (aunque no sin tensiones, conflictos y singularidades) – que involucraron desde la organización de expediciones marítimas conjuntas hasta el despliegue de estrategias simbólicas en espejo de propaganda, denuncia y sensibilización –, las que permitieron, más allá de las disímiles políticas estatales y de los divergentes comportamientos gubernamentales en Chile y Argentina en los años ´30 y ´40, que se multiplicaron las opciones para que catalanes a título individual e incluso algunos contingentes pudieran hacer de estos países lugares de ingreso, asentamiento o reasentamiento para el desarrollo de proyectos profesionales, de lucha antifranquista y de solidaridad comunitaria.

Por último señalar que el trabajo pretendió dar cuenta que en un contexto de guerras, de desarticulación de las instituciones del Estado, de fuerte conflictividad política al interior del gobierno republicano español y catalán y de agudas tensiones al interior de los diferentes partidos; la organización y gestión de la solidaridad fuera de las fronteras territoriales no podía pensarse de arriba hacia abajo, aunque no faltaron en diferentes momentos, los intentos de coordinación oficial y de reencauzamiento de un movimiento de auxilio que poco a poco se había transformado en centrípeto y multilocalizado.

En síntesis, nuestra apuesta fue comenzar a analizar fenómenos como los exilios políticos catalanes y la gestión de la solidaridad étnica que los tuvo como objeto – fenómenos que en sí mismos entrañan dimensiones de movimiento e interconexión –, en el diálogo de escalas y con énfasis en las lógicas regionales y transnacionales. Lógicas que permiten tensar/matizar/complejizar afirmaciones surgidas de lecturas compartimentadas por las fronteras nacional-estatales.

 
Publicaciones periódicas referidas

Catalunya, Buenos Aires

Germanor, Santiago de Chile

L´Emigrant, Santiago de Chile

Noticiari Catalá, Santiago de Chile

Ressorgiment, Buenos Aires

Retorn, Santiago de Chile

Senyera, Santiago de Chile

 
Fondos documentales y archivos consultados

Fondo Andreu i Abelló, Arrxiu Nacional de Catalunya, San Cugat (Barcelona).

Fondo Carles Pi i Sunyer, Fundació Pi i Sunyer, Barcelona.

Fondo Manuel Serra i Moret, Centre d´Estudis Histórics Internacionals (CEHI), Barcelona.

Fondo Nicolau D´Olwer, Institut d´Estudis Catalans, Barcelona.

Fondo División Política, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Buenos Aires,

Notas

1 Traverso retomando a Eric Hobsbwam y François Furet usa este concepto para referirse a la crisis europea entre 1914-1945. En mi caso, lo hago para englobar el encadenamiento de eventos violentos que generaron exilios políticos españoles en los años 1930 y 1940, a saber el fallido golpe de Estado de julio de 1936, el inicio de la Guerra Civil española, los hechos revolucionarios en la retaguardia republicana, la derrota republicana, el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la avanzada nazi sobre territorio francés, las deportaciones de asilados españoles a campos de concentración nazi y/o a su repatriación a la España franquista.

2 Los organismos oficiales de ayuda fueron el Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE, abril 1939) y la Junta de Auxilio a los Refugiados Españoles (JARE, julio 1939).

3 Debemos destacar el apoyo brindado por Federación de Organismos de Ayuda a la República Española (FOARE), con filiales en diversos países de Sudamérica y que funcionaba bajo la órbita del Partido Comunista. También por la Alianza de Intelectuales Antifascistas de Santiago de Chile que cumplió un rol fundamental en la famosa expedición del Winnipeg, el “barco de Neruda” (Carcedo, 2006). Para un análisis de la movilización en Argentina a favor de la República, Véase Quijada, s.f.

4 Un análisis de la prensa catalana de Chile y Argentina (Ressorgiment y Catalunya de Buenos Aires, Germanor, Senyera y Retorn de Santiago de Chile) permite afirmar que en la época esas prácticas solidarias (“humanitarias”, “patrióticas”) recibían el nombre de “ayuda”, “asistencia”, “socorro”, “auxilio”, “caridad”, “beneficencia”.

5 Para pensar las relaciones entre exilio republicano-contrato ciudadano y nacionalidad, véase Lemus, 2002.

6 Para las tres principales geografías del destierro catalán de la guerra civil, pueden consultarse: Vilanova, 1991; Díaz Esculies, 1995; Pla Brugat, 2000.

7 Fundada en 1912 por Emili Macià, Vicente Noguera y José Avellant, tuvo como objetivo despertar del letargo a los cientos de compatriotas dispersos por la geografía del país andino y que, poco a poco, se desvinculaban de su patria de origen. Si bien se la imaginó como independiente, siempre actuó como portavoz oficioso y más tarde oficial (1940) del Centre y aunque se planteó como revista literaria y cultural no estuvo ajena al debate político y patriótico (Germanor, noviembre 1921).

8 El censo de 1930 señalaba que el total de la población chilena ascendía a 4.287.445 habitantes y la población extranjera apenas llegaba a las 105.463, que representaba el 2,45 % de la población total (Silva, 1990: 294). En cambio en Argentina, el censo de 1914 señalaba que los inmigrantes ultramarinos constituían el 27,3% de la población total (Devoto, 2003: 294). Para 1930, los casi 2 millones de españoles representaban el 15 % de la población argentina.

9 Gobernó en alianza con el Partido Comunista y con el socialismo. Falleció en 1941.

10 Más allá de los que viajaron en la expedición organizada por Neruda, fueron muy pocos los catalanes que pudieron entrar a Chile en los meses inmediatos al final de la Guerra Civil, con ayudas oficiales o de asociaciones humanitarias que financiaron sus pasajes en barcos como el Órbita, el Reina del Pacífico, el Juan de Garay o el Formosa; o los que lo hicieron en forma individual, escalonada, en los ´40, con sus propios recursos o sirviéndose de las cartas de llamada de familiares o de contactos profesionales o de amistad previos.

11 Más allá del impacto demográfico del arribo de los exiliados políticos sobre las respectivas colonias, las escasas investigaciones cuantitativas de las que disponemos muestran que, en valores absolutos, el número de exiliados republicanos españoles llegados a Chile y Argentina al final de la Guerra Civil no es muy diferente: unos 3500 a Chile (Lemus, 1998: 279) y unos 3000 a la Argentina (Schwarzstein, 2001: 87). En ambos casos, los catalanes tenían una alta representación.

12 Así como en el SERE hubo una fuerte impronta comunista, más allá de que en su consejo había representantes de Izquierda Republicana, Federación Anarquista Ibérica, Partido Socialista Obrero Español, Confederación Nacional del Trabajo y Partido Nacionalista Vasco (PNV); en la JARE, con fuerte peso del socialismo y de las fuerzas republicanas, no había representación comunista y en sus inicios tampoco del PNV.

13 Fue la publicación catalana de más larga vida en la Argentina. Fundada por Hipolit Nadal i Mallol, Pius Àrias, Manuel Cairol y Francesc Colomer en agosto de 1916, fue la vocera del catalanismo radical durante las dictaduras de Primo de Rivera y Francisco Franco.

14 La JARE distinguía entre los refugiados españoles en Francia a los “emigrados políticos propiamente dichos” de “refugiados en general” o, lo que es lo mismo, “exiliado político emigrable” y “refugiados de guerra”. Los primeros eran sujetos de la política oficial de evacuación que incluía cargos de responsabilidad gubernamental, estatal, política, sindical, militar profesional o no profesional y personalidades de relevancia cultural o científica, siempre que “exist[iera] alguna razón motivada en servicios a la República que justifi[cara] su expatriación”. Asimismo, podrían ser considerados “exiliados políticos” que reunían las “condiciones de emigrabilidad”, los que sin encuadrarse en ninguna de las categorías anteriores, “sean motivo de propuesta especial y razonada por los Consejos nacionales de los Partidos y Organizaciones representados en la JARE” [JARE: “Normas básicas para la concesión de ayudas a refugiados”, París, 30/9/1939 (Fons Fons Nicolau D´Olwer, Institut d´Estudis Catalans, Barcelona)].

15 En las diferentes etapas (Guerra Civil, éxodo masivo y refugio en Francia, evacuación y Segunda Guerra), los principales gestores del auxilio en Argentina fueron respectivamente el Casal Catalá (más tarde Casal de Catalunya), el Comité Llibertat de Buenos Aires, y desde septiembre de 1940 la Comunitat Catalana de la República Argentin (CCRA) que coordinaba la acción de asociaciones mutuales, culturales, patrióticas y publicaciones dispersas por todo el territorio nacional. En Chile, el Comité Llibertat y Centre Catalá de Santiago de Chile y desde noviembre de 1937, la Agrupació Patriótica Catalana (APC), que también reunió a entidades y publicaciones previas.

16 Revista quincenal dirigida por Frederic Margarit, que se publicó en Santiago entre 1936 y 1955. Allí publicaron Ventura Gassol, D. Guansé, Antoni Rovira i Virgili, César Jordana, Jaume Miratvilles, entre otros. Se incorporó a la APC en 1941.

17 Según explica Fivaller Seras en sus memorias, el Comité Llibertat fue fundado en 1922 entre otros por Pere Seras y funcionó como brazo político del Casal Català, que como entidad social tenía por estatuto prohibida la actividad política y por carencia de personería jurídica sufría la presión de la embajada española a través de las autoridades locales. El Comité Llibertat tuvo un papel central en la proclamación de la República Catalana de 1931. Allí había independentistas de muy diverso signo, incluidos hombres de la Iglesia como Ángel Boixader de la Lliga Espiritual de la Mare de Deu de Montserrat y presidente del Casal Català en varios periodos, y otros más radicales como Pere Seras, Nadal i Mallol o Ramón Más i Ferratges. Para más información, Véase Bacardí, 2009.

18 Ambos representan a la vieja emigración (Margarit llegó a Chile en 1907 y Nadal a la Argentina en 1912), la que llegó en la primera década del siglo XX y en la que no faltaron casos de expatriados que huyeron de España para eludir la leva militar para las guerras de África y expresando un rechazo a asumir sus obligaciones ciudadanas con el Estado español.

19 Oficialmente ocupó ese cargo desde 1938, nombrado por el Conseller de Cultura de la Generalitat, Carles Pi Sunyer.

20 El papel del Boletín de la Agrupació dels Catalans d´América también lo desempeñaron a lo largo de las guerras las publicaciones catalanas con cabeceras en Chile o Argentina. Un análisis pormenorizado permite pensarlas como vectores de información, sensibilización y comunicación interpersonal en la dispersión. Las estrategias utilizadas por esa prensa étnica conosureña fueron dar un lugar sistemático a las víctimas en general y los desplazados, refugiados o evacuados en particular en sus editoriales (que buscaban que fueran replicadas en la prensa masiva de los países de residencia, en los periódicos de otros Estados o al menos en las publicaciones catalanas de otros países); reproducir los textos de las campañas oficiales o los sellos solidarios elaborados por el gobierno republicano o por las propias entidades de América; publicitar acciones dignas de imitación; reproducir cartas de profundo dramatismo de las propias víctimas; promover campañas amplias de suscripción de prensa étnica; y difundir de listados de personas concretas con necesidades urgentes residentes en Francia y con vínculos en el país.

21 Entidad creada en 1936 en Cataluña por antiguos residentes americanos retornados, que en tiempos de conflicto se transformó en un puente privilegiado para concretar la ayuda en coordinación con los servicios gubernamentales.

22 A finales de 1938, el Casal Català de Buenos Aires solicitaba al presidente de la Generalitat que entregara los víveres enviados a diferentes instituciones a saber la Maternitat de Barcelona, la Asocciació Protectora de Ensenyança Catalana de la Garriga y el Comissariat de Refugiats de la zona lleidetana “invadida por los facciosos” (Ressorgiment, noviembre 1938).

23 Los campos de internamiento que concentraron mayor número de catalanes Argelers, Sant Cebrià, Bacarés (campos mayores) y Vernet, Septfonds, Bram, Maserás, Rieucros (campos menores) y también el de Adge, conocido como el de los catalanes y catalanistas, donde fueron derivados militantes de ERC, Estat Català y también Mossos de Esquadra y Guardias de Asalto de la Generalitat.

24 Antes de ser detenido por los nazis, extraditado a España y fusilado, el presidente Companys creó en Francia el Consell Executiu de la Generalitat (19/4/40) integrado por representantes de la sociedad y la cultura catalana antes que por partidos políticos. Fue el intento desesperado de dar continuidad a la Cataluña liberal y democrática. Pretendió trabajar por la unidad catalana entre los compatriotas dispersos por el mundo de cara a la liberación de Cataluña de la bota franquista. Tras la caída de Francia y la firma del armisticio con la Alemania nazi, el ex conseller de Cultura la Generalitat y ex alcalde de Barcelona Carles Pi i Sunyer decidió reflotarlo en Londres y dio origen al Consell Nacional de Catalunya, bajo su presidencia e integrado por J. M. Batista i Roca, Josep Trueta, Ramón Perera y Fermí Verges. En el CNC estaban representadas las Comunidades Catalanas de EEUU, Cuba, México, Panamá y Argentina y algunos partidos políticos catalanes (Acció Catalana Republicana (ACR), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Estat Catalá y Partit Socialista Català (PSC)). Para un análisis pormenorizado, Vease Díaz Esculies, (2008).

25 Formado en septiembre de 1945, estuvo integrado por Carles Pi i Sunyer y Antoni Rovira i Virgili (ERC), Joan Comorera (Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC)) y Pompeu Fabra y Josep Carner como figuras de la cultura. En 1946, se amplió con la incorporación de Manuel Serra i Moret (Moviment Socialista de Catalunya y por entonces residente en Argentina), Pau Padró (Estat Català) i Francesc Panella (Unió de Rabassaires). Fueron excluidos del gobierno el Front Nacional de Catalunya, el Partido Obrero de Unificación Marxista, la Confederación Nacional de Trabajadores y partidos de derecha como Unió Democràtica de Catalunya y la Liga Regionalista. Apenas dos años después, las discrepancias internas, los enfrentamientos entre la Presidencia de la Generalitat y los comunistas y las distancias con fuerzas políticas del interior que no lo reconocían (Consell Nacional de la Democràcia Catalana o Comitè Pous i Pagès), motivaron renuncias y terminaron con su disolución a principios de 1948. La falta de recursos económicos y de un horizonte de lucha que los unificara convencieron a Irla que lo mejor era reducir la representación institucional de Cataluña a la Presidencia.

26 En el caso de Bs As, dos fueron las entidades que coordinaron la ayuda durante la guerra civil: el Casal Català y el Comité Llibertat. En tanto en Santiago de Chile en ese periodo fueron el Centre Català y el Comitè Llibertat. En la inmediata posguerra y mientras la atención solidaria se concentraba en los refugiados en Francia y en la reemigración a terceros países, en la capital trasandina fueron la Agrupació Patriótica Catalana (APC) y el Centre Català, y en Buenos Aires, el Casal de Catalunya, el Comité Llibertat, la Comunitat Catalana de la Argentina y la Agrupació d´Ajut a la Cultura Catalana en Buenos Aires.

27 Así por ejemplo, las tres comisiones (organización, propaganda y recepción) del Comité d´ Ajut a Catalunya del Centre Català de Santiago trabajaban en red no sólo con entidades de Antofagasta, Valparaíso, Temuco, Osorno o Valdivia, sino con Argentina, Uruguay, Colombia. México, Cuba y hasta New York.

28 Como denunciaba un informe del Unitarian Service Comittee de Boston, publicado por L´Emigrant (abril 1946) –periódico político-cultural de la órbita de ERC chilena –, los grupos más necesitados eran: niños (huérfanos de un progenitor o de ambos o con padres encarcelados que no pueden enviarles ayuda), inválidos (mutilados, ciegos, ex combatientes con invalidez total y enfermos con capacidad laboral reducida), tuberculosos (algunos residiendo con sus familias y otros en hospitales y la mayoría esperando simplemente la muerte por la falta de atención médica y alimentos), familias desamparadas (con el jefe de familia muerto en la guerra civil o en los campos alemanes y donde la madre no tenía un trabajo que permitiera sostener a sus varios hijos), deportados (9000 repatriados de Alemania y Austria, sobrevivientes de los 21.000 españoles deportados y que murieron en las cámaras de gas, por el hambre o las torturas, y que no podían vivir con la magra subvención de la República francesa).

29 Más allá de las inestables relaciones que mantuvieron con la APC y la CCRA, a lo largo de la posguerra civil, las entidades nucleares catalanas de cada uno de los países (Centre Català y Casal Català) continuaron con las iniciativas solidarias regionales.

30 Santiago y Buenos Aires atravesaron similares procesos de dispersión del auxilio en la segunda posguerra. Por un lado, el Centre Català a través de su Comité d Ajut a Catalunya envió en los primeros seis meses de 1946, ocho expediciones con donativos (sopa, ropa, calzado, medicamentos, etc.) desde el puerto de Valparaíso y dirigidos al Servei d´Ajut de la Generalitat (presidido por Joan Tauler, y creado por Irla en París en 1946) con el propósito de recibir, distribuir e intensificar las diferentes formas de auxilio a los catalanes del exilio (Ressorgiment, octubre 1946). En paralelo, en abril de 1946, militantes de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) de Chile crearon el Patronat d´Ajuts al Patriotes Catalans, cuyos esfuerzos se orientaron sobre todo al sostenimiento del gobierno catalán en el exilio, sin recursos propios desde que Companys entregara los fondos de la Generalitat el presidente republicano Juan Negrín, justo antes del paso a Francia en la debacle de la Guerra Civil. Por su parte, en Buenos Aires mientras la CCRA y el Casal de Catalunya –a las que se sumaron el Comité Llibertat, Hora Catalana, Ressorgiment, Catalunya, la Societat Catalana d´Estudis Polítics, Economics i Socials de Buenos Aires, el Casal Catalá de Córdoba y el Centre Catalá de Rosario y catalanes a título individual tanto de la vieja emigración como exiliados políticos, y también argentinos – crearon el Comité Pro Refugiats a França (noviembre 1945); sectores de ERC, cercanos a los comunistas catalanes de Joan Comorera y a sectores del republicanismo español, organizaron la Comissió d´Ajut a los Catalans residents a França afectats per la guerra del Comité d´Unitat Catalana. En Argentina, las disputas estuvieron marcadas fundamentalmente por el claro alineamiento catalanista y hasta independentista de algunos de los personajes claves del viejo entramado de la ayuda, contrarios a la opción autodeterminista y de acuerdo con los republicanos españoles, representados por el gobierno Irla y sobre todo movilizados por la línea de ERC liderada por Josep Tarradellas.

31 Recordemos que tras la declaración de guerra de Francia a Alemania (septiembre 1939), en junio de 1940 se firmó el armisticio franco-nazi (22/6/40), que trajo la división del país en una zona ocupada y otra bajo dominación de la administración Petain en Vichy. Con el inicio de la guerra nazi-soviética (junio 1941) y tras la ocupación total de Francia por parte de los ejércitos alemanes en noviembre de 1942, la situación de los refugiados catalanes se vio afectada no sólo por las detenciones nazi franquistas y la repatriación a España, sino por la deportación a campos de concentración y exterminio alemanes.

32 Desde Argentina, la solicitud de entidades solidarias (Coordinadora Femenina de Ayuda a Ref. Españoles, Comité de Ayuda a Ref. Españoles, Junta Central de Ayuda a Ref. Españoles; Partido de Concentración Obrera, Casal Català de Buenos Aires, Centro Republicano Español, Protectora Menorquina, Centro Gallego, Centro Español, Centro Asturiano, Centro Balear, Federación Obrera de la Construcción Bonaerense, Unión Tranviarios de Buenos Aires, entre otros) y el pedido formulado por los diputados Martín Noel, Américo Ghioldi, José Peco, Guillermo O´Reilly, alertando sobre la situación de los refugiados españoles en Francia, chocó con la negativa del Ministro de Relaciones Exteriores, Julio A. Roca, que desestimó intervenir ante los gobiernos de España, Francia y Alemania por considerar que “no obstante los humanitarios propósitos”, podrían molestar a esos gobiernos “creando así una situación delicada, que la Cancillería debe cuidar de evitar” (23/10/40). En la lista de españoles residentes en Francia y cuya situación consideraban en peligro figuraban, Luís Companys, Jaime Aiguadé (ex acalde de Barcelona, ex diputado republicano, ex Ministro de Trabajo), Eduard Ragassol (ex diputado republicano, ex subsecretario de la Generalitat), Antonio Escofet (secretario de ERC, ingeniero), Francisco Trabal (ex diputado republicano), Juan Peyró (ex ministro de Industria), Miquel Santaló (profesor, ex ministro y ex diputado republicano), Antoni Rovira i Virgili (escritor y ex diputado del Parlamento catalán), Jaime Serra Hunter (ex conseller de la Generalitat, ex presidente del Parlamento catalán y rector de la UB), entre otros. “Pedido de intervención del Gobierno Nacional ante el de España a favor de la amnistía de presos políticos formulado por instituciones de carácter privado. Gestiones de un grupo de diputados para que se interceda ante los gobiernos de España, Francia y Alemania, a favor de los refugiados” (Exp. 11, 1940. Fondo División Política. Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina).

33 Si bien los catalanes carecían de recursos propios, también crearon una institucionalidad étnica para la ayuda. En ella destacaron la Fundación Ramón Llull, fundada por Sbert, dependiente de la Generalitat y que se solventaba con los recursos de la JARE; la Oficina de Ajut als Refugiats de Perpignán (dirigida por Ramón Frontera y dependiente de Carles Marí Feced, Josep Tarradellas y Antoni Escofet); el Consell Nacional de Catalunya (CNC) de Londres y la Residencia de Intellectuals de Montpellier, dirigda por Sbert antes de exiliarse en México en 1942.

34 Al parecer, D´Olwer fue detenido gracias a la acción conjunta de la GESTAPO y la policía española que encontró cartas enviadas por la Delegación mexicana de la JARE a su presidente en París.

35 Memoria de la JARE, México, 8/12/42. Fondo Andreu i Abelló.

36 Josep Escolá i Marsá y Joan Llorens i Bassa (Presidente y Secretario de la Comunitat Catalana de la Rep. Argentina)-Abelló, Bs As, 15/8/41. Fondo Andreu i Abelló.

37 Carta Antoni Pi Campmany y J. García Giró (Presidente y Secretario del Centre Català), Santiago, de Chile, 14/4/41. Fondo Andreu i Abelló.

38 Si bien las cifras que se manejan no son completamente concluyentes, la mayoría de los historiadores afirman que el total de pasajeros del Winnipeg era de aproximadamente 2050 (Ferrer Mir, 1989) ó 2200 (Villarroya i Font, 2002). Fuentes de la época afirmaban que en el “barco de Neruda” viajaban entre 500 (Germanor, enero 1941) y 600 catalanes (Ressorgiment, octubre 1939)

39 El Comité se constituyó en Santiago bajo el patrocinio del Frente Popular con el fin de apoyar el traslado y albergue de los refugiados españoles. Desempeñó una tarea esencial en la propaganda a favor de la decisión del presidente Aguirre Cerda de apoyar la inmigración de los ex combatientes de la República española. Sus figuras más destacas fueron José M. Calvo, Julio Barrenechea (diputado radical), Marmaduque Grove (senador socialista) y Salvador Ocampo (dirigente de la Central de Trabajadores de Chile).

40 Envió a un representante, Manuel Pujades, al puerto de Arica para acelerar las gestiones.

41 Si pocos meses antes que se concretara la numerosa expedición del Winnipeg (4/7/1939), la Cámara de Diputados chilena presenció un acalorado debate en el que especialmente el diputado ultra liberal Rafael Irrázabal lanzó insultos contra los refugiados y los calificó de ladrones, maleantes y asesinos, las cosas parecieron agravarse cuando el carguero convertido en barco de pasajeros estaba a punto de llegar al puerto de Valparaíso. El reciente terremoto de Chillán y la intentona golpista del General Herrera Martínez sumaron debilidad al gobierno de Aguirre Cerda, atenazado por la crisis económica, el desempleo y la presión de la derecha que azuzaba a los grupos nacionalistas, autoritarios y fascistas.

42 El gobierno del presidente Ortiz firmó un convenio con Ramón Aldasoro – representante del gobierno vasco en el exilio – que permitió el ingreso de un contingente de 180 vascos en el vapor Alsina que arribó a Buenos Aires el 15 de abril de 1942, tras casi 15 meses de odisea marítima y luego de pasar por Dakar, Casablanca, Bermudas, Veracruz, La Habana, Barranquilla y Río de Janeiro. En el pasaje del Alsina (rescatado por el Quanza) que partió de Marsella con escalas previstas en Río de Janeiro y Montevideo y destino final Buenos Aires, también viajaban varios catalanes (Jaume Aiguadé, Manuel Alcántara, Ramón Frontera, Santiago Pi Sunyer), algunos de los cuales no sólo soñaban con permanecer en Argentina apelando a tener familia en el país y aunque sus visados indicaban otros destinos (el caso del diputado del Parlamento catalán por ERC y de las Cortes Españolas, Joan Casanellas Ibars) sino que en casos puntuales lo lograron.

43 Cartas entre Ametlla y Arnó (Bs As) con Negrín (25/11/39) y Abelló (25/11/39 -8/2/40), y de Abelló a Ametlla y Arnó (8/1/40). Fondo Andreu i Abelló.

44 Iniciativa de colegas franceses, que habían presionado a las autoridades galas para que abrieran y sostuvieran económicamente un alojamiento temporal para intelectuales y en el que vivieron 20 intelectuales castellanos y 20 catalanes (Germanor, marzo-mayo 1939).

45 El Massilia llegó al puerto de Buenos Aires el 5 de noviembre de 1939. De los 147 exiliados que venían a bordo y que tenían visados de tránsito mayoritariamente hacia Chile (132) y también hacia Paraguay (6) y Bolivia (9), casi la mitad pudo quedarse en las tierras del Plata, en particular un nutrido grupo de intelectuales (entre los catalanes figuraban por ejemplo, Pere Coromines que viajaba con su esposa Celestina Vigneaux), apoyados por Natalio Botana. Como señala Schwarzstein (1998), el azar jugó a favor de los exiliados. El inesperado triunfo del caballo de Botana “Romántico” en el Premio “Carlos Pellegrini” el día del arribo del Massilia fue decisivo. Pero la implicación de Botana no fue un mero exabrupto solidario. De hecho, tras conseguir por la presión ciudadana alimentada desde Crítica que el presidente Ortiz autorizara la instalación de un contingente importante en Argentina, Botana repartió el dinero de la suscripción que el diario había realizado desde julio de ese año a favor de la cultura republicana, entre los que se quedaron en Argentina y los que siguieron para Chile.

46 “Interpelación parlamentaria a los Ministros de Relaciones Exteriores y Culto y Agricultura”, en: Cámara de Diputados, Diario de Sesiones. Buenos Aires, 9 y 10 de Agosto de 1939. Tomo II.

47 Natalio Botana fundó Crítica en 1913. Si durante la Guerra Civil, el diario se posicionó abiertamente a favor de la República, tras la caída de Cataluña, la preocupación por los refugiados en Francia fue una constante. Las acciones del diario no se redujeron a sobredimensionar las victorias de los leales y las derrotas de los sublevados, sino que encabezó una suscripción popular a favor de la Cruz Roja para ayudar a los damnificados de la guerra (Schwarzstein, 1998: 256). Asimismo, apoyó las gestiones de la Comisión Argentina para los Niños Españoles, integrada por el ex presidente Marcelo T. de Alvear, el líder socialista, Alfredo Palacios, el diputado radical José Peco, el Premio Nobel de la Paz Carlos Saavedra Lamas y el médico Mariano Castex. La información sobre la situación de los refugiados españoles en los campos de internamiento franceses y la denuncia a la política argentina contraria a la tradicional hospitalidad, pero también enemiga de las necesidades económicas del país ocuparon muchas páginas del periódico, al menos hasta la muerte de su fundador en 1941. En julio de 1939, Crítica encabezó una suscripción para salvar a universitarios, profesionales, intelectuales y artistas españoles refugiados en Francia.

48 En las memorias de Pere Coromines queda claro que, aunque los pasajeros de tercera clase, exiliados o fugitivos republicanos del Massilia sólo serían admitidos en territorio argentino como pasajeros en tránsito y hasta tanto tomaran los trenes con destino a Santiago o Asunción o le vapor de carrera hacia Montevideo, el proyecto inicial del abogado catalán era instalarse en Argentina. A poco de salir de Cataluña y ante la inevitable conflagración entre Alemania y Francia e Inglaterra, Coromines comenzó a gestionar los permisos para viajar a la Argentina. Desde París, el 22 de marzo envió una carta a su amigo Esteve Terrades para que intentara conseguir los papeles. Pocos días después, Terrades, le hacía llegar una carta del Profesor Fernando Gaspar que estaba gestionándole una plaza de Economía Política en la Universidad de Rosario (Coromines, 1975: 291- 296).

49 Fue una iniciativa de Ramón Girona Ribera, director de Catalunya, acompañado por Francesc Colomer, Xavier Cortada, Martí Gimeno, Artur Meyer, Jaume Pahissa.

50 Esa solidaridad intelectual se tradujo en la publicación y traducción de libros de intelectuales y artistas exiliados en países de América y/o recluidos en campos de concentración franceses. La ayuda a los intelectuales era respuesta al intento franquista de aniquilar la cultura de Cataluña, desde la prohibición a la edición en catalán, la persecución de las figuras más representativas, desde el sometimiento a la indefensión material a los creadores que, gracias al impulso de la entidad, podrían aún desde la orfandad de patria, retomar su obra literaria, científica y artística (Catalunya, mayo 1939; Ressorgiment, junio 1939).

51 Varias entidades catalanas porteñas y una representación de la revista Catalunya se acercó a despedirlos. Girona-Ribera, Macaya, Giménez, Merli, Dameson y Madrid entregaron a cada uno de estos intelectuales – cuyos “rostros tenían las señales indelebles de las durísimas privaciones sufridas en esta larga e involuntaria peregrinación” – un ejemplar de Catalunya y otro de Sense retorn, editado en Buenos Aires por la AACC (Catalunya, enero 1940).

52 Por primera vez en su historia pasó a ser el vocero oficial del Centre Catalá y no tan sólo el vocero oficioso como había sido hasta entonces.

53 La colonia catalana de Santiago, junto a escritores chilenos de la talla de Ricardo Latcham, Alberto Romero, Luís Durant, Mariano Latorre y Gabriel Amunátegui, presidente de la Biblioteca Nacional, fundaron el Instituto Chileno-Catalán de Cultura en agosto de 1942. Su primera directiva estuvo integrada por una presidenta de honor, Margarida Xirgú, un presidente en funciones, Latcham, un Vice-presidente, Amunátegui, un secretario, Trabal, un tesorero, Antoni Pi y como consejeros Franulic, Latorre, Domingo Melfi, Julio Barrenechea, Eduardo Cruz Coke, Rolando Pino, Alberto Romero, Doménec Guansé, Xavier Benguerel, Ferrater Mora y Jordana. Como extensión del Centre Catalá y la APC, el Instituto tuvo un proyecto bifronte: por un lado, prestigiar la presencia catalana en Chile, y por el otro, profundizar el conocimiento de la cultura chilena entre los catalanes residentes (Germanor, agosto 1942).

54 Junto a Cambó, Vehils era la figura clave de la Compañía Hispano Argentina de Electricidad (CHADE). Bajo su dirección, la CHADE llegó a ser una de las principales proveedoras de energía eléctrica de la ciudad de Buenos Aires. Precisamente, por un escándalo de corrupción en el que estaba involucrado la CHADE, Vehils decidió renunciar a la ICE. A estos hechos, se sumó la intervención a las universidades nacionales por parte del gobierno del golpe militar de 1943 que terminó por minar la vitalidad de la ICE, al poner trabas a la concreción de los proyectos universitarios en marcha.

55 Fundada en 1914 por Avelino Gutiérrez, un médico español residente en Buenos Aires, actuó como nexo con la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones dirigida por Ramón y Cajal y promovió la creación de cátedras en universidades nacionales para españoles y multiplicó el diálogo cultural, profesional y académico a ambas orillas. August Pi i Sunyer había visitado Argentina en 1919 como parte de este proyecto.

56 Con el estallido de la Segunda Guerra, la política migratoria argentina no sólo no se volvió más amplia, sino que a lo largo de la década del ´40 – y sobre todo tras el golpe de estado de 1943 que instaló un gobierno filofascista – fueron sumándose restricciones, a saber la suspensión del otorgamiento de la ciudadanía a los extranjeros mientras durara el conflicto, la cancelación de ciudadanía ya concedidas, mayores controles a las visas de tránsito a terceros países y tratamiento del tema migratorio como un tema policial (Schwarzstein, 2001: 78, 79).

57 Desde la Comisión Argentina de Ayuda a Intelectuales Españoles, Rey Pastor consiguió no sólo pasaje y dinero para el visado de Lluís Santaló, sino que usó sus redes académicas para conseguirle un sitio en la Universidad del Litoral. Tras una década de docencia e investigación en Rosario, viajó a Chicago y Princeton. A su regreso a la Argentina, se incorporó a las universidades de La Plata y Buenos Aires, en las áreas de geometría integral y aplicación de las matemáticas a la biología y medicina.

58 Estaba presidida por Francisco Romero e integrada entre otros por Emilio Ravignani, Norberto Frontini y María Rosa Oliver.

59 Discípulo de Ramón Menéndez Pidal, recaló en Argentina a mediados de la década de 1920 y por dos décadas vivió en el país, donde trabajó como filólogo, lingüista y crítico literario en la Universidad de Buenos Aires, donde dirigió el Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas.

60 Carta Coromines-Abelló, Mendoza, 8/4/42. Fondo Andreu i Abelló.

61 Cartas Palmada-Serra i Moret (6/1 y 14/2/40). Fondo Manuel Serra i Moret, en Centre d´Estudis Histórics Internacionals (CEHI) de Barcelona.

62 Cartas Cerezo-Serra Moret, 10/10/41 y Josep Gasull y Eduard Pujol Mas (Mendoza)-Serra Moret, 28/10/41. Fondo MSM.

63 Cartas Pere Más i Perera-Pi i Sunyer, Perpignán, 27/3/39 y Avellaneda, 30/7/41. Fondo Carles Pi i Sunyer, Fundació Pi i Sunyer de Barcelona.

 
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Recibido: 14/07/2014
Aceptado: 29/09/2014
Publicado: 22/12/2014

 

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